domingo, 23 de mayo de 2010

I am...a lostie


Recuerdo el primer capítulo de Lost. Fue en junio de 2005 cuando yo vivía en Los Alcázares y estaba estudiando para los exámenes de la universidad. Era domingo a media tarde y yo intentaba estudiar mientras tenía la tele enchufada pero sin sonido. Si, vi el primer capítulo sin sonido. Lo que me llamó la atención fue el avión en la playa, pensé que veía una película, pero con la segunda parte del capítulo piloto me di cuenta de que era una serie. Y una que tenía muy buena pinta.

Los primeros 5-6 capítulos no pude verlos, porque era domingo y yo tenía que estudiar, pero en cuanto acabé los exámenes me enganché a la serie, que entonces pasó a emitirse en horario prime time los martes. Y cuando acabó la primera temporada, la volvieron a emitir para aquellos que no pudieron verla desde el principio, ahí pude ver los episodios que me había perdido.

La segunda temporada la vi también en TVE, cuando se emitió con bastante retraso con respecto a Estados Unidos, como siempre. A la tercera ya no pude esperar a que la emitiesen en TVE, directamente me la empecé a bajar de internet en versión original. Ya estaba enganchada.

Después las temporadas 4, 5 y 6 han sido emocionantes. Todas bajándolas por internet y está ultima temporada incluso bajándola horas después de su emisión.

Como todos, tengo episodios favoritos, seguramente el que más "The constant" (la constante) y más recientemente "Ab eterneo".

Soy una "lostie" y como yo, millones más, fans de una serie que ha hecho historia por internet, porque muchas veces los datos de audiencia no han acompañado. Pero las cifras de descargas han sido apabullantes.

Esta noche se emite por fin el esperado final. Final que por un lado deseo ver y por el otro no. Es como si una parte pasada de mi vida acabase. Los fans me entenderán. Yo esta noche pienso madrugar para engancharme a la primera hora de emisión, después tendré que ir a trabajar y el resto lo veré en casa por la tarde.

El ciclo se cierra.

sábado, 8 de mayo de 2010

El taxista coreano y la despedida de Corea

Dice la guía de Gyeongju que fue la capital del antiguo reino de la dinastía de Shilla y que se la conoce como el “museo sin paredes”. En el camino en busca de mi hotel paso por los túmulos que hay en medio de la ciudad y por un par de templos pequeños y con mucho encanto.






El hotel en el que me alojo es un hotel tradicional coreano reconvertido en albergue-backpacker super mega barato, me pillo la habitación individual con baño propio por solo 13 € la noche. La casa se asienta sobre un patio central al que dan todas las habitaciones. Habitaciones muy del estilo japonés y, al igual que en estas, la cama consiste en una especie de manta gruesa y poco más. El hotel ofrece además, pan de molde, mermelada y huevos gratis a los huéspedes para desayunar, y los dueños hablan inglés y son encantadores y para terminar de rematar, por las noches hacen actividades tradicionales coreanas, total, la elección un acierto.

Dejo las maletas y lo primero es pedir que me pongan una lavadora, a estas alturas la ropa limpia empieza a escasear y todavía me quedan 10 días de viaje entre Corea, Dubai y Londres. Una ducha rápida para quitarme el sudor y me voy a hacer una ruta de inspección, paso por los túmulos y llego hasta la estación de autobuses y en el camino de vuelta encuentro un supermercado enorme donde pasaré como una hora dando vueltas investigando que hay en sus estanterías. Esa noche toca hacer cajas con papel coreano en el hotel. Lo bueno es que lo que haces te lo regalan así que en la maleta me traigo una caja preciosísima (la de la foto) y a la cama que mañana espera faena.




Viernes 25 de septiembre. Temprano a la estación de autobuses a coger el bus turístico que hace ruta por buena parte de los monumentos varios a visitar, entre ellos el enigmático e imponente templo de Bulguksa, para mi, de lo más bonito del viaje y el Museo Nacional donde conservan la campana más grande de Corea.

El viaje incluye una parada en un restaurante para comer, me pido, por fin, el bulgogi, a base de ternera y me endiñan una cantidad de platillos que casi salgo redonda del sitio, lo peor s que por accidente acabo con un trozo del famoso chili coreano en la boca y casi me muero del subidón de calor por la garganta…jajaja!! A la vuelta me doy una vuelta por la zona del mercado de la ciudad y me vuelvo al albergue a cenar y mirar el correo por si Chris, mi próximo anfitrión me ha escrito. Efectivamente me ha escrito y me dice que no va a estar el sábado cuando llegue a su casa porque viene justo a la ciudad en la que estoy para una despedida de soltero pero que no hay problema, que me deja la casa para mi el sábado y que nos veremos el domingo. Yo me pregunto en que clase de sitio vivirá que la puerta la deja sin cerrar con llave. Además ha quedado con un taxista para que me venga a buscar a la estación y me lleve a su casa, me da el número del taxista por si se le olvida. Todo muy guay pero yo no puedo dejar de pensar que no me convence la cosa al 100%.



Esa noche toca aprender nudos coreanos, si, tal y como suena, el tema es que nos enseñan como hacer uno de los adornos del traje tradicional coreano, y como la cosa va rápida el dueño luego nos pone a hacer estampados coreanos en papel coreano. Más cosas a la maleta que ya va a reventar.



Sábado 26 de septiembre. Tren tempranito a Andong, última escala de mi viaje y a donde iba con la intención de ver el Festival de Máscaras Tradicionales que se celebra todos los años hacia finales de septiembre y que han cancelado hace unos días por el temor a contagio de la fiebre A dichosa, aunque al final decido seguir adelante con los planes. Aquí me quedo en casa de Chris un inglés de 26 años que trabaja de profesor.

Llego a la estación y el taxi no está esperándome, mala cosa. Después de 15 minutos me decido a llamar al taxista y me encuentro con que apenas habla inglés y que repite como un loro “train station”, por si las moscas me planto en la oficina de turismo y le pido a la coreana que le llame y le pregunte si sabe donde vive mi amigo y la coreana le llama y me dael número de matrícula. Media hora después aparece el taxista, me subo al taxi confiada y….lo que sigue después son 10 minutos de carrera en un taxi y con un señor que no hace más que repetir como un loro 4 palabras en inglés y que no tiene ni idea de donde vive mi amigo….ay ay ay! Ya sabía yo que esto no me convencía. Se empeña en llevarme a comer y cuando me entra el agobio (imaginaos la situación: yo en un taxi que no sabe a dónde va y sin que nadie sepa que yo estoy allí) me pongo a gritarle “gicha” que significa tren, para que me lleve de vuelta a la estación. Allí de nuevo y más tranquila, me conecto a Internet desde la oficina de turismo (todas suelen ofrecer este servicio gratis) a ver si encuentro pistas que me digan donde vive el Chris y dudando entre si buscarme algún hotel por la zona o coger el primer tren de vuelta a Seúl que está a 4 horas.

La coreana de la oficina me viene al rato, yo creo que viendo mi cara de agobio y me dice que ella sabe donde viven los profesores de inglés de la ciudad, me dice que si se que número de habitación es, le digo que si y en un pis pas me imprime un mapa en coreano del sitio y escrito en caracteres coreanos quiero ir a tal sitio, me acaba de salvar la vida!!! Subo a otro taxi enseñándole lo que me acaban de dar y bingo! En 5 minutos el taxista me deja en la puerta de un edificio del que veo salir a un occidental. Llego a la habitación de marras y al abrir, efectivamente esta está sin cerrar con llave, por si las moscas, dejo la maleta y entro sin hacer ruido para asegurarme de que es el sitio que busco y encima de la mesa encuentro un papel en el que pone “Welcome Mary”, por fin, he llegado a casa después de 2 horas perdidas.

El resto de la tarde me dedico a explorar por mi cuenta, en el taxi me he quedado con el camino de la estación a casa y me lo hago andando para ver lo que se tarda y situarme, me quedo con los números de bus que hay escritos en la parada cerca de casa y me doy una vuelta por el centro, descubro con horror que no puedo sacar dinero con mis tarjetas en ningún cajero...mierda, me hace falta cash para aguantar los 2 días que me quedan. A la vuelta cojo el bus y entro a un supermercado a comprar varias cosas como regalo para Chris por tenerme en casa.



Domingo 27 de septiembre. Se me hace tarde y me cojo el bus a la estación para enlazar con el que va a la Hahoe Folk Village a 24 kms de Andong y donde se tendrían que haber hecho las representaciones de máscaras. Es un pueblo tradicional pero de todos los que hay en Corea este tiene dos particularidades, uno representa a los pueblos coreanos hace cientos de años, por lo que es aún más auténtico y, además, vive gente a la que el gobierno subvenciona por ello, por lo que no es el clásico rollo turístico. La putada es que llueve y yo voy sin paraguas. Así que me toca verla corriendo y volverme a Andong porque Chris me avisó que llegaba sobre las 4 de la tarde y quiero estar en casa para cuando llegue.



Chris llega con un resacón considerable tras la pedazo de juerga que se me metió la noche anterior. Nos tiramos hasta las 7 de la tarde hablando de nosotros y nuestras historias. El tío lleva 4 años en Corea y habla un coreano más que aceptable, me enseña también sus cicatrices de guerra de su accidente con moto en Tailandia, total ná. A eso de las 7 nos llama Sulaiman, un singapureño que se queda esa noche también. Nos vamos a la estación de autobuses, cayendo la de Dios, y de ahí a cenar a un buen sitio y barato, mi última cena coreana.

Cenamos en un sitio cerca de casa, y nos ponemos las botas a base de ternera, platillos y para rematar arroz, la “fiesta” nos cuesta a 6€ por cabeza, pagamos entre Sulaiman y yo y a la salida, nos llevamos un afé para el camino, está increíblemente bueno y es gratis, que pena que lo haya descubierto la última noche.



Tras un rato de charlar los 3 a la cama, mi tren al día siguiente es a eso de las 8.30, ya que no quiero arriesgarme de ir justa y que pase algo raro.

Lunes 28 de septiembre. Tempranito en pie y a la estación a coger el tren. Chris se empeña en acompañarme a pesar de que llueve a coger un taxi para asegurarse de que llego sana y salva, sale en camiseta de tirantes, bermuda y chanclas, así a pelo y Sulaiman nos acompaña también. Me da mucha penita despedirme porque, a su manera, se ha portado genial. En la estación compro algo para desayunar y para el viaje y al tren, cuatro horas en las que a ratos me da por echar la lagrimita y no puedo dejar de recapitular lo que ha pasado en 15 días de viaje.

Llego a Seúl y es como volver a casa, la ventaja de conocerlo es que moverse por el metro y la ciudad es súper fácil y, directamente, me voy al albergue a dejar la maleta y salir corriendo a la única cosa que aún no he podido ver, el palacio de Gyeongbokgung (경복궁) uno de los principales del país y asignatura pendiente de los últimos 15 días.




Llego al albergue, me cambió de ropa porque en Seúl la diferencia de temperatura es considerable y hace un calor bochornoso, y corriendo al palacio, pillo la ceremonia del cambio de guardia, veo un trozito, foto y para adentro porque en unas 2 horas cierran y no quiero ir apurada. El palacio lo podéis ver en “Españoles por el Mundo en Seúl”, una preciosidad que a mi me dejó alucinada. El jardín con lago una maravilla y de paso me cuelo en el Museo de Arte Folclórico de Corea donde se cuenta la historia del país, y hay una exposición temporal de “muñecas del mundo” y ¿qué muñecas representan a España?.....jajajaja! la flamenca que nuestras abuelas ponían encima de la tele, jajajaja!! manda huevos!.



De ahí, un breve paseo por Insadong como despedida de Seúl y descubro a un señor con un conejito de angora precioso con el que me hago la foto de turno y corriendo al albergue a cambiarme de ropa y rehacer la maleta completamente para poder irme al aeropuerto. Me lleva 45 minutos organizar el tetris que es mi maleta ahora entre tanta cosa y a las 8 o así tranquilamente me cojo el bus al aeropuerto. Una lagrimita se me escapa mientras veo desaparecer las luces de Seúl……



En el aeropuerto descubro con fastidio que a las 10 de la noche cierran todo, tiendas y restaurantes y mi vuelo es el último del día, a las 12 de la medianoche. Inaudito para un aeropuerto de primer orden. Ya en el avión, más lagrimitas, como me pasa cada vez que me voy de un lugar que me ha encantado. Y próximo destino: Dubai, donde me espera la aventura de 24 horas más loca de mi vida…..

viernes, 7 de mayo de 2010

Gracias Mr Sushi!!!!!

¡¡¡Estoy emocionada!!! acabo de descubrir que mi amigo Mariano, alias Sushi de Anguila, me ha dedicado el personaje del mes en su blog!!!!!!! Un sorpresón que me ha alegrado el día y por ende, una de las semanas más locas, laboralmente hablando, de mi existencia. Nunca antes habían hablado de mi así.....¡¡¡¡Gracias, amigo!!!!
(la foto que ilustra la columna está tomada por el ojo experto de Sushi en su castle, con una bolsa de "gusanitos" coreanos)

lunes, 19 de abril de 2010

20 de abril de 2010

Mañana cumplo 35 años, señoras y señores, y no se si alegrarme o no, de verdad. Lo de los 35 me gusta poco, pero.....un día de estos os doy un sorpresón...je je...quien sabe, a lo mejor aparezco por las Vanuatu lo mismo. A los que se acuerden de mi mañana, gracias por anticipado, a los que no, pues el año que viene más...



Feliz cumpleaños.

생일을축하하다

domingo, 18 de abril de 2010

La paella coreana

Es curioso la idea preconcebida que puede tener una persona sobre la casa de otra, antes de conocerla. Yo me esperaba un rollo no se, tradicional, y me encuentro que el apartamento de Seongah y su marido es como muy normal, casi como sería mi casa, eso si, aunque hay un sofá, la vida se hace sentada en la mesita baja que hay enfrente de dicho sofá.



Las primeras horas en su casa transcurren en medio de una conversación interminable sobre nosotras, nuestras vidas y nuestra formade vivirla. Me llama la atención los puntos de conexión que tenemos, a pesar de estar viviendo en países tan lejanos.

Seongah me instala en la habitación de su hija, en la que hay un piano enorme, y es que la niña da clases de piano una vez a la semana, justo el día que llego yo, con lo que un rato después aparece la profesora y detrás el marido de Seongah, otro doctor, que habla un inglés más que razonable, al igual que la niña, y con los que mantengo una animada charla durante la cena, coreana, por supuesto, y es que los próximos 3 días, Seongah se dedicará a hacerme un repertorio de comida coreana salvo la última noche que yo cocinaré. Me falta por conocer al hijo de la pareja, un adolescente, alojado unos días en casa de un amigo.

Yo pensaba que con la cena y poco más una se iba a dormir y hasta el día siguiente, pues bien, descubro que los coreanos son gente muy sociable y que visitan a sus amigos hasta bien entrada la noche y a los que les gusta trasnochar. Mientras Seongah y yo estamos viendo los horarios del bus turístico de la ciudad llama su marido, y me pregunta si me gusta el helado, le digo que si y cuelga, cuando le pregunto quien era me dice que su marido que ha salido a dar una vuelta con su hija y que vuelven ahora, aparece con una pedazo de tarta de helado con Zeta-Peta del Baskin & Robbins, una cadena de helados que triunfa en Corea. Nos sentamos los 4 a devorar la tarta, y nos dan la 1 de la madrugada de charleta.

Martes 19 de septiembre: Empezamos el día con un auténtico desayuno coreano, Seongah me anuncia que ha conseguido entradas para el concierto de música tradicional coreana que me comentó la noche anterior, así que quedamos a eso de las 7 de la tarde en una de las paradas de metro de la ciudad. Tengo todo el día para mi. La ruta turística no es demasiado sorprendente, y el guía, para variar, no habla ni jota de inglés, así que tras bajar 4 veces del bus decido que paso del tema y me voy a una zona donde hay un mercadillo, pululo un rato y veo con pena un puesto de gatos y perros, además de otros animales, que tienen pinta de no ser vendidos como animales de compañía y me voy a la parada en metro en cuestión, resulta que la estación tiene un centro comercial en el subsuelo que es alucinante así que decido que volveré al día siguiente a explorarlo con más detenimiento. Seongah me quiere llevar a un restaurante que hay al lado del teatro, pero, como está cerrado, acabamos en un chino comiendo unos "fideos negros" (por la salsa que lleva el tazón) y me explica que no son chinos sino la variación coreana de un plato chino, je je, eso me suena a chino-español reinventado.

El concierto lo dan unas señoritas que tienen pinta de ser super mega famosas en Corea a juzgar por la cara de la peña en el teatro, tocan un instrumento musical tradiconal, no recuerdo el nombre y me da una rabia...y luego un par de bailarines interpretan unas danzas tradicionales, la verdad es que es una pasada. Yo salgo alucinada, y a la salida hay otra occidental. El resto todo coreanos, y es que en los últimos dos días, apenas he visto a occidentales, de hecho en 3 días cuento a 9 en total.


Volvemos a casa y aparece el hijo de Seongah, cuando le veo entiendo porque me ha dicho que es un poco rebelde, no pega con el resto de la familia, todos como más clásicos y él con los pelos pincho y una ropa más bien punky. Curioso el adolescente. A eso de las 12 y media de la noche aparecen unos amigos de la pareja y yo, tras las presentaciones de rigor me retiro a la cama. Yo caigo en redondo pero, según me cuenta Seongah al día siguiente, los amigos se fueron a eso de las 3 de la mañana, yo ni me enteré.

Miércoles 20 de septiembre: hoy toca visita al templo de Haeinsa y la famosa Tripitaka coreana, la guía dice que el templo es de una belleza impresionante y que es el más famoso del país. La verdad es que el sitio donde está es una pasada y la tranquilidad inmensa, solo me tropiezo con un occidental en la visita. Me vuelvo a Daegu, es mi última noche y cocino yo, Seongah me ha pedido hacer una paella, así que anoche le pasé los ingredientes que necesitaba y yo decido ir por mi cuenta al supermercado a ver que encuentro para acompañar. Encuentro aceitunas negras y verdes de la marca Borges, y compro una patatas fritas para hacerlas a la murciana y además me paso a comprar una tarta de helado para el postre. Con lo barato que es todo en general , encuentro que la tarta es muy cara, unos 14 € al cambio.

La hija de Seongah se pone a mi lado como ayudante y Seongah va tomando nota de lo que voy haciendo, vamos a hacerla de pollo y al ser el arroz asiático, se hace mucho más rápido que aquí, además, no conseguimos azafrán por lo que queda de color blanco, pero eso sí muy buena. El menú se compone de: patatas fritas con un poco de limón y pimienta, que les explico que es típico en Murcia, unas aceitunas negras y verdes, un poco de carne de ternera que hace Seongah buenísima, una ensalada lechuga y atún y la paella, total una cena española siguiendo los preceptos coreanos del ying y el yang. Trás la cena Seongah me dice que ahora entiende porque le decía que solo los guiris cenan paella, se encuentra muy pesada, así que salimos con su marido a dar una vuelta y acabamos en una cafetería monísima, estilo occidental, cerca de casa, tomando un café. De vuelta a casa yo me dedico a preparar la maleta de nuevo y Seongah mientras charla por el skype con una amiga. Su marido se va a ver a un amigo y aparece a eso de las 12 y pico con un amigo que es el presidente de la asociación que vela por los refugiados de Corea del Norte en Corea del Sur. Muy interesante. Discretamente me retiro a dormir, mañana me espera otro día movidito.

Jueves 21 de septiembre: Seongah se empeña en llevarme a la estación para coger mi tren a Gyeongju, capital del antiguo Reino de Silla, uno de las más importantes de la historia coreana. De camino me muestra dónde estará su futura casa para cuando vuelva a Corea, en la planta 30 del edificio más alto de la ciudad que se está construyendo en ese momento.

La despedida se me hace muy dura, porque se han portado genial, ella y su familia, conmigo. En el tren unas lagrimicas se me escapan, ya me quedan solo 4 días y me está encantado el país. Me zampo una bolsa de unos gusanitos de arroz con miel que he descubierto en el supermercado y que, recientemente, he encontrado en un supermercado en el centro de Londres.

Llego a Gyeongju con un calor horroroso y yo arrastrando maleta, me lleva más de media hora encontrar el albergue tipo casa tradicional coreana y gracias a una coreana que no habla ni jota de inglés pero que en cuanto le digo el nombre del hotel, me coge de la mano y me lleva directamente...
..

lunes, 22 de marzo de 2010

He sido seleccionada!!!

Hace unos días apareció por el facebook uno de los miles de anuncios que aparecen, pero este me llamó la atención, era para una página llamada "Bopki", solo para mujeres, en la que te dan a probar un "proyecto" y luego que el boca a boca funcione. Pues bien, llegué de las últimas y ¡¡¡me han seleccionado!!! así que esta semana se supone que me llegará el pack con todos los productos y hasta mayo a probarlo. Por cierto que me mandan muestras para regalar entre mis amigas...el proyecto en cuestión es el de Frizz-Ease de John Frieda. ¡Mola!. Os iré contando los progresos mientras (espero) consigo terminar de contar el viaje coreano. ^_^

domingo, 7 de febrero de 2010

El momento neozelandés-coreano

Viernes 17 de septiembre: Mi último día en Seúl, me da mucha pena dejar la ciudad porque le he cogido mucho cariño, pero también quiero ver algo más de la Corea más auténtica y desde luego que la ciudad no es el mejor ejemplo. Hoy por fin voy a ver el templo de Changdeokgung después de dos intentos fallidos, me he estudiado el folletito del templo a fondo y tras meditarlo decido que me apunto a la visita guiada de las 9.15 de la mañana ya que me espera un día muy completito y hay que aprovechar, la única pega es que esa visita está en japonés, la de inglés es a las 11.30 de la mañana y no puedo esperar tanto, así que ahí me veis a las 9 de la mañana, con una cara de sueño tremenda en medio de 200 japoneses y la peña mirándome en plan “que coño se le ha perdido a la occidental esta aquí”. Como no me entero mucho de lo que explica la guía coreana-japonesa (jajajaja!!!!) decido que voy por mi cuenta pero ay! no está permitido vagabundear por el templo a tus anchas así que debo permanecer con el grupo si o si, así que me alejo discretamente lo que puedo para hacer fotos a mi antojo y cotillear, en una de estas fotos le pido a un japanika que me la haga y nos ponemos a hablar, resulta que habla inglés el buen mozo (que no buenorro), así que el resto de la visita me la tiro hablando mientras paseamos, hasta casi me pierdo lo bonito del templo que es el Jardín Secreto con el despiste que llevo…aquí el caballero es piloto oficial de las fuerzas armadas del Japón y está 5 días de vacaciones en Corea por aquello de la cercanía, los compañeros (unos 6 tíos más) se lo están pensando en grande a nuestra costa y por el rabillo del ojo veo que nos hacen una foto mientras paseamos, apuesto a que piensan que su compi ha ligado con una occidental jajajaja!!!, la verdad es que la conversación está muy entretenida pero yo debo salir escopetada en cuanto termina la visita guiada.

Me voy al barrio de Bukchon Hanok Village, donde se conservan casas originales coreanas, y entro a un par de calles que parecen sacadas de una película de mafiosos, pero nadie se mete conmigo y yo hago fotos a mi antojo. Y de ahí vuelvo al mercadillo de Namdaemun donde tengo que buscar los relojes que mis padres me han pedido. Me dedico a regatear en un par de sitios y al final me decido por un par de relojes, el de caballero (=el reloj) parece muy amariconado, así que dos puestos más allá veo otro que me gusta más, así que decido comprarlo pero oh! no llevo cash así que tengo que salir pitando a buscar un cajero donde poder usar mi visa, el tema me lleva media hora y otra media hora parando en varias tiendas de cámaras para ver si está la que quiero comprar, no hay suerte, pero encuentro a un coreano que habla un perfectísimo inglés.

Vuelvo y resulta que el puesto donde he visto el reloj está cerrado, así que acabo comprando otro distinto y un poco más caro en un puesto distinto. Para comer me voy al food court del Shinshegae otra vez, y desde ahí me voy a Jongsan Station a buscar mi siguiente parada: un spa coreano auténtico antes de parar en el mercado electrónico situado en la planta baja de la estación de Yongsan y duro 10 minutos del agobio que me entra de tener a todos los coreanos de los puestos dándome el follón.

En Japón visité un “onsen”, en Corea se les llama “oncheon” y para este viaje tenía claro que tenía que formar parte de la experiencia, tras mucho meditar lo que la guía del Lonely Planet recomendaba me decanto por el moderno y lujoso, 7 plantas de edificio dedicadas a esto. Una pasada. Entro y unas coreanas que hablan 4 frases de inglés me ofrecen contratar un paquete de entrada + masaje coreano de una hora
+ mascarilla facial por el módico precio de 60 euros al cambio, decido que porqué no, que me lo he merecido y una coreana muy simpática me acompaña y me muestra en que plantas puedo ir en bolas y donde no y me coge cita con la masajista a las 6 (son como las 4.30 cuando yo llego). Aquí viene la parte divertida, como en Japón, te quedas en bolas, te vas donde están las piscinas y te tienes que bañar y rascar concienzudamente para asegurarte de quitarte la mugre que llevas, eso si, en Japón parecen menos pudorosas que aquí, me da la impresión de que a la juventud le cuesta más desnudarse y pasearse en bolas por el recinto reservado a las mujeres. Me dedico a pasearme por las piscinas, algunas más calientes, otras menos y cuando veo que se me empieza a ir la cabeza con el calor me salgo a las de fuera a que me de el fresco un rato. Poco antes de las 6 me visto y me paseo por las zonas comunes, hay una sala donde la gente simplemente se tumba a pasar el rato y donde, incluso, te puedes quedar a dormir pagando un suplemento ridículo, y es que están abiertos las 24 horas. Alucinante. A las 6 me subo a por el masaje y me preparo pensando en la pedazo de experiencia que me espera….si lo llego a saber antes…..resulta que el masaje tradicional coreano es a base de apretarte con los dedos a base de bien, no se si es que yo soy una quejita o es que la coreana pensó “se va a enterar la güiri esta” lo cierto es que menos disfrutar….entre los nudos que tengo y lo fuerte que apretaba cada vez que me tocaba me encogía, eso si, sin abrir la boca ni una sola vez. Yo me río ahora, pero los siguientes 2 días me dolía todo el cuerpo y hasta me salieron moratones en varios sitios….del spa me voy corriendo porque he quedado con Saúl para subir a la N-Tower y ver Seúl de noche….que bonito!! que pasada!!! Cenamos en uno de los restaurantes de la torre y nos bajamos al centro en el bus y desde allí paseando al albergue, le dejo un ratito solo porque yo tengo que organizar la maleta para el día siguiente y decido que dejaré la mochila con los regalos y cosas extras que he ido comprando estos 6 días. En la habitación me encuentro con Yuko, la japonesa que más me ha hecho reír en los últimos días, está borracha como una cuba, es curioso, no había visto a una japonesa borracha en la vida jajajaja!. Me bajo ya tarde al salón a mi ración diaria con Saúl, y me da un masaje de cabeza siguiendo las técnicas nepalíes (saúl eran nepalíes no?) que aprendió en su paso por el país….que gustazo! Eso si, acabo con el pelo un poco revuelto, pero eso es un mal menor. Jajaja!!! Otra vez acabo en la cama a las tantas y mañana me espera un tren a las 7 de la mañana para llevarme a Busan….

Sábado 18 de septiembre: Hoy voy a conocer a mis primeros “hosts” por obra y gracia del proyecto Couchsurfing. Este proyecto se basa en la siguiente idea: tu tienes un sofá o una cama libre y yo necesito una para dormir esta noche pues me la prestas y nos conocemos. Así de simple. Yo me enteré allá por el verano del 2008 y me apunté, vamos, me abrí un perfil así como en el facebook y el primer movimiento fue antes de irme a Islandia que medio quedé para tomar algo con una islandesa por aquello de que no me fiaba muy mucho de donde me iba a meter, y para este viaje que tenía el problema del alojamiento decidí arriesgarme y darle una oportunidad a esta forma de hacer turismo. Seleccioné muy cuidadosamente a mis anfitriones y la primera pareja me dijo que no porque ya tenían visita, pero acordé visitar a otros dos anfitriones, Seongah en Daegu y Chris en Andong. Estando en Seúl me contactaron los anfitriones de Busan y me dijeron que tenían cambio de planes y que había sitio para mi, que si me interesaba que no tenía más que decirlo, así que aquí va la primera parada couchsurfing del viaje…….

Llego a Busan a eso de las 10 menos algo de la mañana, Shannon me ha avisado de que es mejor que me baje en la parada anterior a la central de la ciudad y desde ahí coger el metro, me ha dado las instrucciones de cómo llegar a su piso pero también me ha avisado de que están pintando las fachadas y si me lío que la llame. Y menciona que el ascensor parece que ya funciona, espero que si porque parece ser que viven en un piso 14….

Busan es la segunda ciudad en importancia del país, en la costa sur, con el puerto de mayor tránsito del país y con mucho turismo occidental, casi más que en la capital.
Llego sin novedad hasta el bloque de edificios donde viven Shannon y Rob pero lo de encontrar que puerta es en la que viven resulta más complicado, al final gracias a un coreano que medio habla inglés me ponen en la puerta correcta. Menos mal que el ascensor funciona. Subo el ascensor un poco acelerada pensando en que clase de gente me voy a encontrar, a ver, por correo parecían super amables e incluso acordamos quedar a cenar ya que nos caímos muy bien, Shannon en neozelandesa, lo cual ayuda y Rob americano, casados y profesores de inglés en Corea, muy típico, y tienen un gato y un perro según dicen en su perfil, pero en persona la cosa cambia…

La primera impresión es fantástica, se les ve muy majos y Shannon es tan o más habladora que yo, lo cual va a ser de gran ayuda, además me hace falta una buena inmersión en el idioma británico, que ya lo estoy echando de menos, hasta le caigo bien a su perra, Tia, me agacho a saludarla y le digo “dame la patita” en español y va y me la da! Jajaja!!! Shannon flipa, y me pasaré el resto de los dos días enseñándole ordenes en español para la perra. El minino es super juguetón, le han puesto Ginga, por el color de pelo.

Lo primero las presentaciones de rigor y la conversación de cómo va el viaje y demás, me explican que viene una amiga americana a dormir esa noche a la que iremos a recoger después, pero como tienen una cama y un sofá no habrá problema para dormir.

Rob es un fanático de la fotografía, me enseña algunos de los trabajos que ya ha hecho y la verdad es que es una pasada, nos hace de comer un poco de arroz con salchichas y salsa picante coreana muy bueno. Rob tiene que hacer unas cosillas así que Shannon y yo decidimos irnos a recoger a su amiga americana Nicole y dar una vuelta por el centro, así me hace una pequeña ruta turística. Shannon me pregunta por mi “afición” a su país y la conversación nos transporta a la Nueva Zelanda que ambas conocemos, ella como nativa y yo como adoptada pero ambas compartimos la misma pasión y eso se nota.

Nicole llega y nos vamos al centro de la ciudad a ver la zona de compras, la estatua del saludo, la torre de Busan (mucho menos impresionante que la de Seúl) donde encontramos que están haciendo un concierto de opera coreana para los abuelitos y a la lonja de pescado, donde lo paso fatal porque no soporto el olor tan fuerte y hay ciertos bichos que me dan pelín de repelus. Decidimos cenar en la zona de la playa de Gwang-an desde donde se ve el puente de colores de Busan, preciosísimo y me meto mi primer festín de “samgyeopsal” (carne cocinada al centro con montones de entrantes)…salimos a 5 € por cabeza, increíble.

Volvemos a casa a eso de las 10 de la noche y Nicole se queda con el sofá y yo con la habitación con cama, la pobre no pega ojo la mitad de la noche porque el gato decide que encima de su cara se está calentito para dormir, en algún momento de la noche Rob se tiene que levantar para encerrar al gato en su habitación.

Domingo 19 de septiembre: Shannon y Rob se van a la iglesia y Nicole y yo decidimos ir a un templo que nos han recomendado para aprovechar la mañana y ver algo más. El templo de Haedongyonggungsa resulta ser una joya, ha sido el que más me ha gustado de todos los que he visto (que han sido muchos), no por espectacular sino por el emplazamiento y la sensación de privacidad que genera. El templo está en un acantilado, por lo que el emplazamiento resulta curioso, dado que casi todos los templos coreanos suelen estar entre montañas, como es domingo hay bastantes coreanos que van a visitarlo y en el camino se montan un montón de puestos y descubro una de las delicatessem contra la que me habían advertido: las larvas de gusano de seda fritas…no comment!. También descubro a mi pesar que está lleno de telarañas considerablemente grandes y unas arañas negras y amarillas que me recuerdan a una venenosa australiana….eso si, mosquitos ni uno, algo tendrá que ver.

Del templo nos vamos a casa donde nos esperan S & R para comer, y de ahí pasamos por la estación a dejar a Nicole que se vuelve a casa y nosotros continuamos camino a la playa de Songdo donde Rob dice que hay unas puestas de sol alucinantes. Vamos en el 4x4 de Rob y el pobre se disculpa la mitad del camino por conducir tan agresivamente como los coreanos pero según explica es la única forma de hacerlo, algo de razón tiene el hombre, son tremendos conduciendo.

A la playa nos llevamos a Tia que causa sensación, los coreanos nos suelen tener perros o animales de compañía y es una moda que se está extendiendo ahora. En la playa hay como otros 200 coreanos esperando a que se ponga el sol, nosotros nos acoplamos con las toallas en un rincón y Rob se dedica a tirar fotos a diestro y siniestro. Por fin llega la puesta de sol, y la verdad, es alucinante, para muestra una de las fotos que saqué con mi modesta cámara. Decidimos cenar en un restaurante que hay pegado a la playa, en el que Rob estuvo, y me meto mi segundo festín de carne, aún mejor que el de la noche anterior…hum! El restaurante es auténtico coreano, con las mesas bajas y sentándose en el suelo en mullidas almohadas, con la salvedad de que los platos acompañantes no te los rellenan ellos cuando se te acaban sino que lo haces tú en un improvisado buffet.

Cuando volvemos a casa, Rob me da una clase magistral de cómo retocar las fotos con el photoshop que nunca olvidaré, y con Shannon hago intercambio de recetas españolas y neozelandesas y a la cama porque el lunes hay que madrugar para coger el tren a Daegu y ellos trabajan.

Lunes 20 de septiembre: Como a eso de las 7 salgo de casa en dirección a la estación central de trenes. La primera experiencia couch ha sido muy gratificante, ahora vamos a por la segunda que es una coreana de 41 años, casada y con dos hijos adolescentes según pone en su perfil. La gracia es que este verano ha estado en España haciendo el Camino de Santiago y en cuanto le pregunté si podía alojarme 3 días en su casa no tardó ni 12 horas en responderme al correo. Resulta que lo de hacer el Camino de Santiago es muy popular en Corea desde que un presentador coreano super famoso en el país lo hizo y a su vuelta escribió un libro sobre la experiencia mística que tuvo…y como los coreanos hacen todos lo mismo, pues hala, uno fue y lo pasó en grande y van 400 detrás.

Antes de llegar a Daegu voy a visitar uno de los templos más famosos de Corea, es el Jijiksa, en un pueblo a unos 45 minutos en tren de Daegu, así que primero voy al pueblo a ver al templo y desde allí me vuelvo a Daegu. Al llegar a la estación de Gimcheon me encuentro con que está lloviendo, primer problema y el segundo problema viene cuando descubro que las taquillas de la estación son muy pequeñas para mi maleta, con esto no contaba, así que decido que me llevo la maleta al templo, que no he venido para nada.

El autobús me deja al lado de un hotel y ni corta ni perezosa me planto allí y le pregunto al recepcionista si puedo dejar la maleta allí mientras subo al templo, no estoy muy segura de que me allá entendido al 100% pero me indica un rincón donde dejarla, así que habrá que jugársela, si alguien me quiere chafar el viaje este es el momento perfecto.

En la guía dice que el sitio donde está el templo es idílico, por dónde está y la paz que se respira, la verdad es que algo de idílico tiene sino fuera por la lluvia que me jode la visita ya que tengo que meterle caña en previsión de que llueva más fuerte, entre otras cosas porque me deje la chaqueta impermeable y el gorro de lluvia en Seúl y voy así, a palo seco debajo de la lluvia.

Cuando bajo a por la maleta está en el mismo sitio donde la dejé sin tocar, alucinante, esta gente es de verdad honesta, creo que he conocido pocas nacionalidades como ellos. El recepcionista me sonríe y tras varias reverencias me voy de vuelta a coger el tren para Daegu.

Seongah ha tenido el detalle de escribirme en caracteres coreanos la dirección de su casa para enseñar al taxista, y me da su móvil por si no se aclara, a eso de las 4 de la tarde después del periplo y la lluvia mañanera llego a la tercera ciudad del país. Y efectivamente el taxista a mitad de camino no se aclara, así que le agarro el móvil y llamo a Seongah para que hable con él. En menos de 3 minutos llego al bloque de edificios en el que vive Seongah, ahora el problema es saber cual es su puerta, pillo a un coreano por ahí y este no se aclara así que acabamos preguntando al señor que hay controlando quien entra y sale y en esto escucho una voz que me llama y ahí está Seongah, jajaja!! muy previsora ella, había bajado de casa para asegurarse de que no me perdía…

jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz Navidad en coreano

Aquí va mi felicitación de este año....(ambientada, por supuesto)
Del blog: http://aprenspan.blogspot.com/

domingo, 20 de diciembre de 2009

El vestido de cuadros coreano (II)

El famoso vestido de cuadros coreano.....

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Los mosquitos coreanos...

Miércoles 15 de septiembre: A las 7 y media nos recogen para ir a la excursión en la que se visita la frontera con corea del Norte. La excursión a la que yo voy no es exactamente la que yo quería, yo voy a visitar la DMZ (zona desmilitarizada) y la que yo quería era la visita a Panmunjong. La primera es la franja de dos kilómetros en paralelo que divide las dos Coreas y que se supone que tendría que estar desmilitarizada, como su nombre indica, e, irónicamente, es la zona más armada del planeta, y la segunda es la frontera propiamente dicha donde los guardias de ambas Coreas se ven las caras a metros de distancia, pero esa está “overbooked” los próximos 7 días y yo no tengo tiempo para esperar en Seúl a que haya plazas libres así que me conformo con la otra excursión que tiene como puntos fuertes el tercer túnel (uno de los túneles de infiltración de los norcoreanos) el mirador a Corea del Norte desde dónde se ve la bandera más grande del mundo y la primera “ciudad” –más bien fantasma- del país y la estación de tren situada en Corea del sur y preparada para cuando la frontera se abra y los viajes en tren puedan ser posibles.

La excursión mola de todas formas, eso de estar en territorio peligroso tiene su aquel. A medio día nos devuelven a Seúl, lo primero es ir a un centro comercial que localicé en el bus a la frontera muy cerca del City Hall y a comer algo que me muero de hambre!, al final acabo en el sótano del centro comercial comiéndome un okonomiyaki japonés, lo siento, no he podido resistir la tentación cuando lo he visto!, la pega es que es de pulpo y a mi el pulpo…Descubro que al lado de ese centro comercial hay otros dos más, uno especializado en ropa para adolescentes, cotilleo un rato y en la calle encuentro una auténtica calle llena de tiendas como las que estamos acostumbrados aquí, como mola. Andando andando acabo encontrando la catedral-iglesia católica de Seúl. Cuando me canso de cotillear me voy a buscar avituallamiento para la cena y me voy corriendo al templo de Changdeokgung para descubrir que la última visita guiada ya ha salido por lo que no me dejan entrar ya, así que de allí me vuelvo al albergue, allí me junto con Saúl y tenemos otra charla hasta las tantas.

Jueves 16 de septiembre: Hoy toca excursión a Suwon para visitar la fortaleza de Hwaseong, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y rehabilitada en el 90% y con un recorrido de casi 6 kilómetros que me hice por completo. Es la capital del estado adyacente al que preside Seúl pero está tan cerca de esta (30 kms), que la línea 1 del metro de Seúl conecta ambas ciudades en aproximadamente 40 minutos y parece un suburbio de Seúl casi de tanta concentración de casas como hay.

Allá me voy yo provista de mi super guía, llego y lo primero es conseguir la información local para llegar y demás, en la oficina de turismo encuentro a una coreana jovencita que habla un inglés más que decente (gracias Señor!) y me da un papelito con el bus de ida y de vuelta a la fortaleza y casco antiguo de la ciudad con el nombre de la fortaleza y estación de tren en caracteres coreanos para poder enseñárselo al conductor del bus, muy práctico.

Lo primero y por no leerme la información y mapa antes es que decido empezar a hacer el recorrido por mi izquierda, gran error, para empezar la fiesta hay una subida por una “colina” de cerca de 900 metros, así que cuando consigo llegar arriba subiendo parte por las escaleras y parte por la rampa estoy en estado de shock casi, sudando a mares (hace un calor horroroso) además de que la inteligente de yo, se ha dejado el repelente de mosquitos y una manada de estos chiquitines se ha cebado con mi brazo izquierdo….¡la madre que me….! En fin. Menos mal que las vistas merecen la pena y el recorrido también. Me lleva cerca de 2 horas hacer el recorrido entero que acaba en una bajada de 4 escalones casi a ras del suelo (a la próxima empiezo por el lado derecho) y cotilleando en el mercado del pueblo antes de volverme a la estación. Allí llego muerta de hambre y descubro que dentro de la estación hay uno de estos sitios de comida que tanto adoro, así que me dedico a cotillear por los distintos puestos a ver que encuentro. Una señora está haciendo una especie de pan de pita con algo rosado dentro que me llama la atención, me quedo mirando e intento preguntar que es, pero la señora evidentemente no habla ni jota de inglés, total que muy práctica ella, agarra unas tijeras, coge uno de estos panes, lo corta en pedacitos y me lo ofrece, ¡guay!, está bueno, es como un pan con algo dulce y frito, me saco la guía y le enseño el apartado de comida haciendo señas para que me diga como se llama, me señala una palabra “hotteok”, efectivamente, pan de pita con una especie de alubias rosadas dulces según la guía. Al final acabo arramblando con un paquetito con dos de esas, en otro puesto descubro algo que parece “mandu”, me acerco y directamente pregunto “mandu?” y la señora me echa una sonrisilla al tiempo que me hace que si con la cabeza, me llevo un paquete de 6. Decido que como voy justa de tiempo para llegar al templo que ayer no pude ver, comeré en el metro de vuelta, el otro error del día, el metro va a reventar así que imposible sentarse y ya no te digo comer de pie. Eso si, descubro que los coreanos son muy cotillas como los españoles, jajaja!, al menos 4 tíos se me acercan en el trayecto a cotillear que es esa bolsa que llevo en las manos y que huele tanto, casi todos aciertan al acercarse más.

Llego de nuevo al templo y de nuevo me quedo fuera, el templo cierra en media hora y ya no puedo comprar la entrada, eso me obliga a cambiar la ruta para el viernes. Aún no he comido y estoy que me subo por las paredes, así que me voy al albergue y me encuentro con Saúl que está haciéndose uno de sus platos vegetarianos en vez de esperarme para cenar así que me como parte de lo que llevo y decido dejar el resto para más tarde. Esa noche nos vamos los dos a ver la proyección digital y exhibición de taekwondo que hay en la “plaza del pirulí” (como yo la llamo) al comienzo del Cheonggyechun Stream. Llegamos a las 8 menos algo de la tarde y mientras paseamos por el stream, es una pasada, un riachuelo con un espacio para sentarse, pasear, ver documentales, en medio de la ciudad pero con un relax pasmoso. Vemos la proyección digital que está genial (aquí va el video) y como nos perdemos el principio buscando un buen ángulo para sacar fotos, esperamos a la segunda 15 minutos después ya preparados. De ahí nos movemos a la parte donde está la exhibición de taekwondo. Para él que no lo sepa, este deporte es originario de Corea así que si ver una cosa de esas aquí puede ser alucinante verla en su tierra y con la gente originaria es una pasada. Saúl y yo estábamos alucinados todo el rato con la cantidad de tablas que pudieron romper, aquí va la secuencia de una de esas…


Cuando terminamos, el presentador sacó a todo el mundo al escenario y yo por estar en primera fila sacando fotos acabé arriba también con todos los deportistas jajajaja!!!.
De allí nos vamos al concierto de jazz que hay en el City Hall, donde llegamos para ver las últimas canciones. Dando un paseo tranquilamente volvemos al albergue, es increíble que esté todo el mundo en la calle, no hay sensación de inseguridad en absoluto ni siquiera de noche. Esa noche Saúl y yo nos dedicamos a ver videos en You Tube, yo le introduzco en el mundo de los Martes y 13 y él en el de los “huevos mexicanos”, otra vez hasta las tantas y mañana me toca madrugar que tengo guía turística en japonés…..

domingo, 6 de diciembre de 2009

El vestido de cuadros coreano....

Localizo una tienda de ropa japonesa que yo conozco de Londres y toda emocionada me meto a ver si veo algo interesante, tan emocionada estoy que hasta me pruebo unas vaqueros, talla 29, asiática claro, de muslo me suben pero cuando llegan a la cadera….ahí se quedan, atascados..ejem. A lo que iba. Me cojo un vestido de cuadritos monísimo que veo que se lleva mucho por la calle y una camiseta de cuello alto sencillita. Pago y con las mismas me voy. Por pura casualidad me meto en otra sección a cotillear unas camisetas, me tiro un buen rato entre que me pruebo un par y me decido y cuando voy a pagar me indican que tengo que pagar en las cajas de fuera, como en el Carrefour, vamos, y al girarme me veo a una coreana roja como un tomate que se vuelve loca cuando me ve, la pobre me hace señas para que le siga, se ve que está roja de haberse recorrido toda la tienda buscándome y como no la entiendo muy bien le pregunto que qué pasa, la pobre no habla inglés así que me coge de la mano para que la siga mientras me señala la bolsa…vale, el lenguaje de signos me dice que algo le pasa a lo que he comprado…cuando llego a la tienda japonesa la chica que me ha cobrado se vuelve loca y empieza a decirme “sorry, sorry, sorry” y yo claro “sorry por qué?” me saca los trapitos, me señala los precios y me señala el ticket…resulta que me ha cobrado 10.000 wones de más (unos 5-6 €)….mi cara un poema. Tras este episodio llego a la conclusión que no es como en Vietnam o Tailandia o etc donde intentan metertela doblada por donde pueden, desde luego en la mentalidad de los coreanos no entra eso de que por ser turista pagues más, al menos no de momento. Mi teoría se verá reforzada con la anécdota del día siguiente.

Me meto en el super y me hago mi compra para desayunar los próximos días y tener algo de comida a mano, primera sorpresa, la fruta está a precio desorbitado comparado con el resto de cosas, a unos 1,5-2 € la pieza, eso si, inmensas las piezas, tanto que como Marta me dirá al día siguiente “si te cae una de esas en el dedo gordo del pie y te lo jode de por vida”. En la parte de lácteos apenas hay lácteos y derivados, veo que hay poca cultura de leche, quesos, yogures y etc. Eso si, la leche desnatada que me he tomado esa mañana estaba buena de narices, mejor que la de aquí, para tener poca cultura la calidad sobresale…

Con mi compra en la mano y siendo ya casi las 8 de la tarde decido que es hora de volver al albergue y acostarme tempranito, que el primer día de jet lag lo he llevado con mucha decencia. Calculo que estoy a unos 30 minutos andando del albergue así que decido aventurarme en el metro y ver como funciona el tema aquí. La verdad es que es sorprendentemente fácil orientarse a pesar de la barrera idiomática, y además limpio y todo muy clarito, y una cosa, hay aseos en todas las estaciones y además muy limpios, Corea es el país de los aseos, donde menos te lo esperas encuentras uno, así da gusto salir de viaje.
La segunda noche no duermo tan bien como la primera, entre los mosquitos que se han colado (Seúl está petado de mosquitos y ni una araña, fuera de Seúl todo lo contrario como luego descubriré) y los ronquidos de una pedazo de negra que duerme en la litera de abajo….menuda noche paso. Ni que decir que hubiera asesinado a la negraza con gusto.

Martes 14 de septiembre: Primer desayuno en condiciones, hoy arranco temprano para coger el bus turístico y ponerme al día de los sitios para ver. Hoy descubro también una cadena de “panaderías” llamada Paris Baguette que tienen bollería supuestamente francesa pero adaptada a recetas coreanas, el invento no está mal y por poco comes. Descubro la croquette, que es adictiva.

Antes de irme a coger el bus me paso por la famosa calle “Insadong”, donde, según las guías, están las mejores tiendas de arte y un montón de teterías tradicionales coreanas, al final acabo haciendo un paseo de casi hora y media, y comprando varias cosas de artesanía muy originales, como los pendientes que llevo puestos. En uno de los edificios adyacentes a la calle descubro un edificio lleno de tiendecitas de joyas sobre todo donde me vuelvo loca, ¡me lo compro todo, todo y todo!, decido pasearme otro día por si veo alguna cosa que se me escape. Paseando llego a la oficina de turismo a coger el bus turístico, lo que me viene muy bien para quedarme con el camino sin usar el plano. Bien, ¡vamos avanzando con mi sentido de la orientación coreana!.

La primera parada es en el palacio de Deoksugung donde están haciendo el cambio de guardia, cámara en mano descubro detrás del mogollón de gente un stand pequeñito que dice algo de prueba de traje tradicional coreano gratis, allá que me dejo caer a investigar de que va la cosa, me hacen firmar y me colocan un hanbok preciosísimo en rojo y verde, y corriendo a hacer las fotos en la puerta del palacio con uno de los guardias vestido como en la época de la Dinastía Joseon y con el tambor, instrumento de percusión coreana por excelencia. Como mola!. Entro al palacio y están ensayando para un desfile de modelos que habrá esa noche….hum! me quedo husmeando un rato a ver las caras de los modelos, y siento decirlo, pero los masculinos tienen de masculinos lo que yo de coreana, las chicas eso si monísimas.

La siguiente parada es Itaewon, la calle de compras de los occidentales según la guía, y todo porque hay una base americana a escasos 50 metros del comienzo de la calle, es uno de los pocos sitios donde se habla más inglés que coreano y en el que poder encontrar tallas europeas/americanas. Aquí me llevo un chasco, no me gusta nada de nada el ambiente, y la ropa es considerablemente más cara que en otros sitios de la ciudad. Pero es aquí donde vuelvo a comprobar que los coreanos no van timarte con el tema precios. Entro a una tienda de complementos para el pelo y entre varias cosas compro unas horquillitas, cojo una pareja de cada y me voy a pagar y de repente la coreana se da la vuelta y se va a donde yo he cogido las horquillas y se pone a buscar, intrigada, me vuelvo para allá y le pregunto si pasa algo, y como puede me dice que son 6 horquillas por 1.000 wones! Cara de alucine, con lo fácil que hubiera sido cobrarme lo mismo por sólo dos horquillas, empiezo a pensar que esto de la honestidad es genético.

Subo al monte Namsan donde esta la torre de Seúl llamada la “Seoul N-Tower”, tiene, desde luego, las vistas más impresionantes de la ciudad y dicen que en los días claros se puede ver hasta Corea del Norte (no hay que olvidar que la frontera está a “sólo” 55 km, una bendición o una amenaza, según se mire). Antes de subir me dejo caer en el mirador y resulta que en las vallas de seguridad hay miles y miles de candados de parejas que sellan su amor simbólicamente, ¡cuánto amor hay en el mundo! (lo pedís ver en el Españoles por el mundo dichoso…). Subir a la torre mola, el ascensor te muestra en una pantallita lo rápido que sube, unos 40 metros por segundo, así que en menos de dos minutos estás en la parte más alta de la ciudad. En los cristales están escritos los nombres de las capitales más importantes del mundo y su distancia desde Seúl, me saco la foto en el de Madrid que luego veré en “Españoles por el Mundo en Seúl” y decido que antes de irme de Seúl subiré de noche a ver la ciudad ya que tengo que bajar en el último bus turístico, pero me quedo con la copla de que buses urbanos paran allí, sólo me falta saber desde donde narices cojo el bus…

El bus turístico me deja en el City Hall de la ciudad, un edificio aún en construcción al que han puesto la fachada con una especie de azulejos pegados colgados y que se mueven al ritmo del viento lo que hace que tenga sensación de que la fachada se mueve y un escenario en medio de la fachada que sirve para hacer los eventos gratis mientras la gente se sienta en el jardín de enfrente, muy prácticos los coreanos. Desde allí decido volver a pie al albergue, calculo que me llevará unos 15-20 minutos a lo sumo, y siguiendo el cruce de avenidas que ya tengo aprendido aparezco al final de Insadong y calculo que si sigo recto y giro a la izquierda llego a la calle al lado de mi albergue, y efectivamente, soy un crack! Aunque para mi sorpresa me encuentro que me lleva por una calle llena de restaurantes y de puestecillos de calle, ay! Mi estómago empieza a rugir….que pinta tiene todo, pero y si pica mucho? Cagüen…pero esto de comer sola en un restaurante coreano es un rollo con la cantidad de comida que te ponen…

Me dedico a curiosear ya que no me atrevo y comer, voy buscando una cosa que me han recomendado y que se llama “mandu”, y casi en el último puesto de la calle al meter las narices en el puesto un par de coreanos que están sentados en una improvisada mesa y sillas y que se están descojonando a mi costa con las caras que estoy poniendo, me hacen señas para que me siente con ellos….total que acabo manteniendo una “conversación” (si por conversación se entiende que ellos conocen 20 palabras en inglés y yo tan solo un par de coreano, ahora eso si, Real Madrid y Barça es internacional por lo que veo) y picoteando de lo que ellos cenan, unos berberechos gigantes con una salsa que muy buenos y “soju” ah……”soju” la bebida nacional comparable al sake japonés y con -sólo- 20 grados, al tercer chupito que me sirven empiezo a perder la cabeza así que amablemente declino el ofrecimiento de empezar otra botella y tras media hora allí decido que ya si es el momento de volver.

Llego al albergue y me meto a cotillear en el feisbuk, y me pongo a hablar con un chico que está sentado al lado de lo que hemos visto ese día (sólo lo conocía de haberle visto las dos noches anteriores por el albergue) y resulta que es ¡mexicano! como mola!, Saúl, de viaje por el mundo los tres últimos años, será mi compi de aventuras Seúl-tienses en las próximas noches, nos tiramos hasta la una de la mañana cotilleando y me presenta a Marta, otra española alojada en el albergue que trabaja en el aeropuerto de Zurich y que ha hecho una escapada de 5 días a Seúl con un billete en stand-by (así también puedo yo!) y que mañana estará en la excursión a la frontera con Corea del Norte, así que más cotilleos. El día ha sido completito, pero a las dos ya está bien la broma que mañana a las 7 y media nos recogen para irnos de excursión.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Los inicios coreanos

11 de Septiembre- Fatídica fecha para coger un avión según algunos, para mi no deja de ser anecdótico tener que coger un avión precisamente ese día. La mañana ha sido movida en la oficina, han despedido a una compañera y todos nos hemos quedado bastante planchados.

Salgo a las tres disparada a Los Alcázares a comer algo y dejar el coche en San Javier los próximos 23 días y a las 18.30 sale mi vuelo a Luton, primera parada de mi viaje. Me recoge F. mi “vecina” que lleva viviendo no se cuantos años en el área londinense y nos vamos a cenar a casa de unas compañeras de trabajo españolas y con algún añadido italiano y mezcla…la cena fantástica, la compañía maravillosa y la conversación tremenda…total que nos dan como las dos de la mañana (las tres en España) y yo ya durmiéndome encima del plato de puro cansancio. Nos volvemos a casa y todavía nos recibe M., unas de sus compis de casa, y nos ponemos a charlar otro rato más, y cuando por fin F y yo nos vamos a la cama todavía me lleva un rato más hacer el check in por Internet del vuelo a Dubai y Seúl. Total las cuatro de la mañana. Buena hora.

12 de septiembre- Madrugón a las 8 para tomar una ducha y coger el bus que enlaza el aeropuerto de Luton con el de Heathrow a las 9.50. Intento no hacer ruido, pero al final se despierta toda la casa (son 4 nenas españolas compartiendo casa) de pura excitación “pero nena, Corea? Eres un crack!”. Menos F que se queda en la cama intentando dormir algo más, el resto desayuna conmigo. Les doy un bote de Nocilla que les he traído….Ahí va! revolución con el bote, creo que van a haber leches por echarle mano…he destapado la caja de Pandora parece. F me lleva al aeropuerto, a mi vuelta no la veré porque la empresa se la lleva 3 meses a Madrid.

Por fin llego a Heathrow, este aeropuerto me produce un escalofrío cada vez que lo visito porque se que es para coger un vuelo muy muy largo. El check in perfecto, sólo tengo que recoger la tarjeta de embarque y poner la pegatina a mi maleta, llevo 15 kilos sólo, tardo menos de 5 minutos en hacer todo el proceso, me he ahorrado una cola considerable con el check in en Internet. Estoy encantada.

Hago tiempo por las tiendas y por fin asignan la puerta a mi vuelo, el EK002. Llego revolucionada y deseando ver el avión que me va a llevar a Dubai, el ya mítico A380, el avión de pasajeros más grande del mundo que sólo lleva dos años surcando los cielos. El aparatito impone, no me decepciona en absoluto. Y se nota quien va a subir por primera vez, todos como tontos sacando fotos en todos los ángulos posibles desde la terminal. Lo mejor está por llegar, por fin nos dejan subir y cuando entro me quedo sin habla, aunque la configuración de asientos es la misma del Boeing 747-800, todo es mucho más amplio, es lo primero que se ve a primera vista, evidentemente aquí el tema variará de una compañía a otra y la configuración que deciden hacer con sus aparatos. Los asientos van con pantalla individual enfrente (como en las buenas compañías, ríete tú de Iberia), reposa-cabezas ajustable en altura y con un par de “aletas” laterales que vienen de muerte para dormir. La sorpresa viene porque el avión va equipado con 3 cámaras que graban todos los movimientos del avión, incluidos el despegue y aterrizaje ¡que emoción!. Por fin nos vamos y el avión enfila hacia la pista, a partir de aquí lo tengo todo grabado menos la emoción que siento cada vez que un avión empieza a correr para despegar. El aparato es super silencioso y apenas vibra, ¡menuda sorpresa!, esto es nuevo, acostumbrada a los bandazos que pega un avión cuando va a despegar la verdad es que sorprende notar apenas el ruido y la velocidad, tanto que no dejo de preguntarme durante el medio minuto de carrera desesperada si el “bicho” corre lo suficiente para levantar el morro y las alas….

Estoy tan emocionada que no puedo dormir durante las 7 horas de vuelo a Dubai, así que decido darme el atracón de películas, tengo más de quinientas para elegir y no es coña, así que opto por los últimos estrenos, al final resulta que casi todas las pelis de estreno las veo en los vuelos de larga distancia, casualidad o no. El menú de abordo no está tan mal, para la bazofia que te ponen en los aviones pero a mi me mola que me pongan la bandejita con comida y como tengo hambre cae todo. Hasta que vuelva de vacaciones no hay régimen que valga.

Por fin llegamos a Dubai, una de la mañana de la noche del 12 al 13 de septiembre, hemos llegado con hora y poco de retraso porque salimos con un retraso de Londres considerable. La Terminal 3 del aeropuerto de Dubai reservada para los vuelos de Emirates es nueva, sólo tiene un año o así y eso se nota pero lo impactante del asunto es que a semejantes horas está a reventar, en mi vida he visto un aeropuerto con tanta gente de madrugada. Me paseo por las tiendas de souvenirs y del Duty Free a ver como andan de precios, y localizo una línea de cremas de Olay que está mucho más barata que en España, vaya, para la vuelta lo veré.

Por fin subo al vuelo que me llevará a Seúl, otras 8 horas o así más, el avión es más "pequeñito", se acabó lo bueno, el asiento lo he reservado aposta por Internet con los consejos de otros viajeros y desde luego he acertado, tengo un poco más de espacio pero me toca un coreano al lado que tiene pinta de que no habla ni jota de otra cosa que no sea coreano así que tengo todo el vuelo para seguir viendo pelis pero estoy tan cansada que no tardo en caer, a malas penas me entero del despegue, eso si pido que me despierten para cenar y la azafata me da el susto de mi vida, ceno y sigo durmiendo. Total he dormido unas 5 horas lo cual es un record para mi. Y lo que falta de vuelo me lo tiro viendo más pelis. Nos traen el desayuno lo que significa que nos acercamos a Seúl y tengo mi primer contacto con la comida coreana, al servirme me preguntan si quiero kimchi, les digo que por aquello de probar por fin el famoso acompañamiento y plato nacional, me dan además un tubo de pasta de chili picante que hará todo el viaje de regreso a España y que abrí hace solo unos días, el kimchi no dura ni dos segundos en mi boca, conforme me lo meto en la boca y no su sabor picante me lo saco corriendo….mal empezamos.

Llegamos a Corea, son las 4 de la tarde del domingo 13 de septiembre. Por un segundo se me pasa por la cabeza la idea de que estoy realmente loca por venir sola como se han empeñado en recordarme varias amigas, pero enseguida la desecho, la aventura me espera. Lo primero que me sorprende del aeropuerto es que es muy nuevo o está super bien cuidado pero el silencio es sepulcral, hasta me da miedo abrir la boca. Me tiro 45 minutos de reloj en la cola para que me sellen el pasaporte, o estoy en la cola del oficial lento o me han tocado todas las nacionalidades raritas porque veo que a mucha gente el oficial les manda a una sala que hay en un lateral….y a mi va y en un minuto me despacha, increíble, casi una hora para esto.

En el backpackers donde me voy a quedar las siguientes 6 noches facilitan un planito de cómo llegar (esto es muy importante cuando las calles no tienen cartelitos con su nombre) así que siguiendo las instrucciones me cojo el autobús hasta la estación de Anguk. Estoy tan cansada y con el jet lag haciendo tantos estragos que soy incapaz de mantener los ojos abiertos más de 1 minuto así que los 45 minutos de viaje al centro de Seúl me los tiro medio viendo el paisaje medio dando cabezadas. Ya en Seúl alcanzo a ver una avenida enorme en la que se ven rascacielos enormes un poco antes de llegar a mi parada, me quedaré con la copla, mañana me voy derecha para allá. Me bajo del autobús, me saco el plano y echo a andar (“por dios que el plano esté bien porque empezar a dar vueltas ahora es justo lo que NO necesito”), me empiezo a quedar con la cara de la peña, joder, son todos muy coreanos jajaja!!! Empiezo a desvariar, el jet lag está causando estragos. Me meto en un callejón super oscuro y estrechito con la maleta, leches, aquí es donde me van a robar por turista, porque pinta de turista de verdad tengo un rato jajaja, pero no, nadie se mete conmigo ni con mi maleta, salvo alguna mirada, eso si, veo unos locales rarísimos donde huele a pescado y muchos mercedes aparcados en la puerta, vaya, parece que es zona de restaurantes, ahora de que precio no se, pero muy caros no pueden ser porque no tienen pinta de lujosos por fuera.

“Aterrizo” en el backpacker, ha sido muy fácil llegar, el plano estaba muy bien explicadito. Me meten en una habitación de 6 tías, me acoplo en una de las literas, desparramo mis cosas como puedo, salgo a la calle a buscar algo de comida porque y aprovecho para llamar a casa que ya es una hora más decente en España. Me paseo por la avenida en la que he venido con el bus y llego hasta la entrada de Insadong, la calle de compras por excelencia de la que hablan todas las guías, asomo el morro pero decido que no es momento de explorar, que me caigo de sueño leche, así que entro a un mini supermercado, compro leche y una napolitana rellena de mermelada de fresa (cágate lorito) para desayunar al día siguiente y un sándwich para salir del paso esta noche y me voy a dormir, son las 9 y media de la noche, ya está bien por hoy.

Lunes 13 de septiembre- Me levanto tranquilamente, cuando el cuerpo me lo pide, sorprendentemente he dormido de un tirón acostumbrada a que el jet lag me juegue malas pasadas, total que entre que me ducho y desayuno y me pongo en marcha son ya las 12 del mediodía. Encamino mis pasos a la avenida grande que recordaba haber visto, paso por Insadong pero decido que aún no voy a explorar la calle de compras y llego a la avenida, en cuya cabecera está unos de los cinco grandes palacios de Seúl, Gyeongbukgung (경복궁), decido que todavía no me voy a meter a verlo (tras varios intentos conseguí verlo ¡el último día!) y sigo por la avenida en dirección a los rascacielos, ahí hay cotarro seguro. Me encuentro con una caseta de información turística y resulta que el bus turístico no funciona los lunes, vaya hombre, era justo mi plan para pasar el día tranquilito y ponerme en situación, y además todos los templos, palacios y demás están también cerrados, ¡la madre que me parió! pues si que empezamos bien, hala, pues a andar y a ver a donde llego. Eso si, la coreana tampoco es que tenga un inglés muy brillante, lo entiendo casi por el contexto.


Mi primera palabra coreana es "añiseo" que la pronuncian casi cantando, me acompañará todo el viaje, la putada es que conforme entras a un sitio te la suelta el primer dependiente que te ve, pero como haya más dependientes...uno tras otro la van cantando, vamos, como para entrar en plan de incognito. Significa hola o bienvenido. Me ha costado aprenderla pero es una buena palabra que aprender, al menos quedas bien.

Andando andado, me hago gran parte de la avenida y llego hasta el mercado de Namdaemun (남대문 시장), allí se vende de casi todo, y me fijo en la comida por inercia pero no me atrevo a arriesgarme todavía porque no se si será picante o no y eso es lo que me acojona, me han advertido que el picante es muy picante y después de lo que probé en el avión empiezo a pensar que razón tienen…vagabundeo por las calles del mercado atestadas de gente, veo muy pocos occidentales, esperaba encontrar más y acabo en un centro comercial que tiene pinta de pijo porque veo salir a coreanas super bien vestidas con coreanas en uniforme llevándole las bolsas de las compras…resulta que es el Shinsegae, como el Corte Inglés pero con muchísimo más glamour, acabo en la planta baja donde tienen una especie de “rincón de comida”: hay un super y mini puestos-restaurantes de comida coreana, todo muy ordenadito y limpito, esto mola, aquí se me atrevo a arriesgarme y me pido mis primeros snacks coreanos, están buenos y nada picantes, bien bien, avanzamos. El resto del viaje iré descubriendo (y buscando aposta) estos food courts de los centros comerciales, son baratos y la comida la tienes bien presentada e incluso en algunos te pone lo que es en inglés.
Primer choque cultural: todo se coge y se da con dos manos, con una mano está mal visto porque las ofrendas a los muertos se hacen así. Muy mal veo el tema, yo con una mano agarro el bolso o el monedero y con la otra me manejo así que habrá que empezar a buscarse las castañas para hacerlo todo con las dos manos, además, cuando te dan las vueltas te hacen una pequeña reverencia a la que no se bien como responder, así que resuelvo hacer lo mismo: otra pequeña reverencia. Pero que lío, es un poco complicado coordinar el movimiento de todo el cuerpo.

Desde allí decido ir a Lotte Word, cadena coreana por excelencia con centros tipo Carrefour: tienes de todo en el mismo sitio. Siguiendo en el plano las avenidas grandes, que descubro que son las únicas que tienen cartel con nombre, llego a la estación central de trenes de Seúl y al Lotte World que está justo al lado. Aquí me paseo durante un rato bien largo por el supermercado, como me mola cotillear que tienen en las estanterias y es aquí donde se produce la primera anécdota del viaje….