jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz Navidad en coreano

Aquí va mi felicitación de este año....(ambientada, por supuesto)
Del blog: http://aprenspan.blogspot.com/

domingo, 20 de diciembre de 2009

El vestido de cuadros coreano (II)

El famoso vestido de cuadros coreano.....

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Los mosquitos coreanos...

Miércoles 15 de septiembre: A las 7 y media nos recogen para ir a la excursión en la que se visita la frontera con corea del Norte. La excursión a la que yo voy no es exactamente la que yo quería, yo voy a visitar la DMZ (zona desmilitarizada) y la que yo quería era la visita a Panmunjong. La primera es la franja de dos kilómetros en paralelo que divide las dos Coreas y que se supone que tendría que estar desmilitarizada, como su nombre indica, e, irónicamente, es la zona más armada del planeta, y la segunda es la frontera propiamente dicha donde los guardias de ambas Coreas se ven las caras a metros de distancia, pero esa está “overbooked” los próximos 7 días y yo no tengo tiempo para esperar en Seúl a que haya plazas libres así que me conformo con la otra excursión que tiene como puntos fuertes el tercer túnel (uno de los túneles de infiltración de los norcoreanos) el mirador a Corea del Norte desde dónde se ve la bandera más grande del mundo y la primera “ciudad” –más bien fantasma- del país y la estación de tren situada en Corea del sur y preparada para cuando la frontera se abra y los viajes en tren puedan ser posibles.

La excursión mola de todas formas, eso de estar en territorio peligroso tiene su aquel. A medio día nos devuelven a Seúl, lo primero es ir a un centro comercial que localicé en el bus a la frontera muy cerca del City Hall y a comer algo que me muero de hambre!, al final acabo en el sótano del centro comercial comiéndome un okonomiyaki japonés, lo siento, no he podido resistir la tentación cuando lo he visto!, la pega es que es de pulpo y a mi el pulpo…Descubro que al lado de ese centro comercial hay otros dos más, uno especializado en ropa para adolescentes, cotilleo un rato y en la calle encuentro una auténtica calle llena de tiendas como las que estamos acostumbrados aquí, como mola. Andando andando acabo encontrando la catedral-iglesia católica de Seúl. Cuando me canso de cotillear me voy a buscar avituallamiento para la cena y me voy corriendo al templo de Changdeokgung para descubrir que la última visita guiada ya ha salido por lo que no me dejan entrar ya, así que de allí me vuelvo al albergue, allí me junto con Saúl y tenemos otra charla hasta las tantas.

Jueves 16 de septiembre: Hoy toca excursión a Suwon para visitar la fortaleza de Hwaseong, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y rehabilitada en el 90% y con un recorrido de casi 6 kilómetros que me hice por completo. Es la capital del estado adyacente al que preside Seúl pero está tan cerca de esta (30 kms), que la línea 1 del metro de Seúl conecta ambas ciudades en aproximadamente 40 minutos y parece un suburbio de Seúl casi de tanta concentración de casas como hay.

Allá me voy yo provista de mi super guía, llego y lo primero es conseguir la información local para llegar y demás, en la oficina de turismo encuentro a una coreana jovencita que habla un inglés más que decente (gracias Señor!) y me da un papelito con el bus de ida y de vuelta a la fortaleza y casco antiguo de la ciudad con el nombre de la fortaleza y estación de tren en caracteres coreanos para poder enseñárselo al conductor del bus, muy práctico.

Lo primero y por no leerme la información y mapa antes es que decido empezar a hacer el recorrido por mi izquierda, gran error, para empezar la fiesta hay una subida por una “colina” de cerca de 900 metros, así que cuando consigo llegar arriba subiendo parte por las escaleras y parte por la rampa estoy en estado de shock casi, sudando a mares (hace un calor horroroso) además de que la inteligente de yo, se ha dejado el repelente de mosquitos y una manada de estos chiquitines se ha cebado con mi brazo izquierdo….¡la madre que me….! En fin. Menos mal que las vistas merecen la pena y el recorrido también. Me lleva cerca de 2 horas hacer el recorrido entero que acaba en una bajada de 4 escalones casi a ras del suelo (a la próxima empiezo por el lado derecho) y cotilleando en el mercado del pueblo antes de volverme a la estación. Allí llego muerta de hambre y descubro que dentro de la estación hay uno de estos sitios de comida que tanto adoro, así que me dedico a cotillear por los distintos puestos a ver que encuentro. Una señora está haciendo una especie de pan de pita con algo rosado dentro que me llama la atención, me quedo mirando e intento preguntar que es, pero la señora evidentemente no habla ni jota de inglés, total que muy práctica ella, agarra unas tijeras, coge uno de estos panes, lo corta en pedacitos y me lo ofrece, ¡guay!, está bueno, es como un pan con algo dulce y frito, me saco la guía y le enseño el apartado de comida haciendo señas para que me diga como se llama, me señala una palabra “hotteok”, efectivamente, pan de pita con una especie de alubias rosadas dulces según la guía. Al final acabo arramblando con un paquetito con dos de esas, en otro puesto descubro algo que parece “mandu”, me acerco y directamente pregunto “mandu?” y la señora me echa una sonrisilla al tiempo que me hace que si con la cabeza, me llevo un paquete de 6. Decido que como voy justa de tiempo para llegar al templo que ayer no pude ver, comeré en el metro de vuelta, el otro error del día, el metro va a reventar así que imposible sentarse y ya no te digo comer de pie. Eso si, descubro que los coreanos son muy cotillas como los españoles, jajaja!, al menos 4 tíos se me acercan en el trayecto a cotillear que es esa bolsa que llevo en las manos y que huele tanto, casi todos aciertan al acercarse más.

Llego de nuevo al templo y de nuevo me quedo fuera, el templo cierra en media hora y ya no puedo comprar la entrada, eso me obliga a cambiar la ruta para el viernes. Aún no he comido y estoy que me subo por las paredes, así que me voy al albergue y me encuentro con Saúl que está haciéndose uno de sus platos vegetarianos en vez de esperarme para cenar así que me como parte de lo que llevo y decido dejar el resto para más tarde. Esa noche nos vamos los dos a ver la proyección digital y exhibición de taekwondo que hay en la “plaza del pirulí” (como yo la llamo) al comienzo del Cheonggyechun Stream. Llegamos a las 8 menos algo de la tarde y mientras paseamos por el stream, es una pasada, un riachuelo con un espacio para sentarse, pasear, ver documentales, en medio de la ciudad pero con un relax pasmoso. Vemos la proyección digital que está genial (aquí va el video) y como nos perdemos el principio buscando un buen ángulo para sacar fotos, esperamos a la segunda 15 minutos después ya preparados. De ahí nos movemos a la parte donde está la exhibición de taekwondo. Para él que no lo sepa, este deporte es originario de Corea así que si ver una cosa de esas aquí puede ser alucinante verla en su tierra y con la gente originaria es una pasada. Saúl y yo estábamos alucinados todo el rato con la cantidad de tablas que pudieron romper, aquí va la secuencia de una de esas…


Cuando terminamos, el presentador sacó a todo el mundo al escenario y yo por estar en primera fila sacando fotos acabé arriba también con todos los deportistas jajajaja!!!.
De allí nos vamos al concierto de jazz que hay en el City Hall, donde llegamos para ver las últimas canciones. Dando un paseo tranquilamente volvemos al albergue, es increíble que esté todo el mundo en la calle, no hay sensación de inseguridad en absoluto ni siquiera de noche. Esa noche Saúl y yo nos dedicamos a ver videos en You Tube, yo le introduzco en el mundo de los Martes y 13 y él en el de los “huevos mexicanos”, otra vez hasta las tantas y mañana me toca madrugar que tengo guía turística en japonés…..

domingo, 6 de diciembre de 2009

El vestido de cuadros coreano....

Localizo una tienda de ropa japonesa que yo conozco de Londres y toda emocionada me meto a ver si veo algo interesante, tan emocionada estoy que hasta me pruebo unas vaqueros, talla 29, asiática claro, de muslo me suben pero cuando llegan a la cadera….ahí se quedan, atascados..ejem. A lo que iba. Me cojo un vestido de cuadritos monísimo que veo que se lleva mucho por la calle y una camiseta de cuello alto sencillita. Pago y con las mismas me voy. Por pura casualidad me meto en otra sección a cotillear unas camisetas, me tiro un buen rato entre que me pruebo un par y me decido y cuando voy a pagar me indican que tengo que pagar en las cajas de fuera, como en el Carrefour, vamos, y al girarme me veo a una coreana roja como un tomate que se vuelve loca cuando me ve, la pobre me hace señas para que le siga, se ve que está roja de haberse recorrido toda la tienda buscándome y como no la entiendo muy bien le pregunto que qué pasa, la pobre no habla inglés así que me coge de la mano para que la siga mientras me señala la bolsa…vale, el lenguaje de signos me dice que algo le pasa a lo que he comprado…cuando llego a la tienda japonesa la chica que me ha cobrado se vuelve loca y empieza a decirme “sorry, sorry, sorry” y yo claro “sorry por qué?” me saca los trapitos, me señala los precios y me señala el ticket…resulta que me ha cobrado 10.000 wones de más (unos 5-6 €)….mi cara un poema. Tras este episodio llego a la conclusión que no es como en Vietnam o Tailandia o etc donde intentan metertela doblada por donde pueden, desde luego en la mentalidad de los coreanos no entra eso de que por ser turista pagues más, al menos no de momento. Mi teoría se verá reforzada con la anécdota del día siguiente.

Me meto en el super y me hago mi compra para desayunar los próximos días y tener algo de comida a mano, primera sorpresa, la fruta está a precio desorbitado comparado con el resto de cosas, a unos 1,5-2 € la pieza, eso si, inmensas las piezas, tanto que como Marta me dirá al día siguiente “si te cae una de esas en el dedo gordo del pie y te lo jode de por vida”. En la parte de lácteos apenas hay lácteos y derivados, veo que hay poca cultura de leche, quesos, yogures y etc. Eso si, la leche desnatada que me he tomado esa mañana estaba buena de narices, mejor que la de aquí, para tener poca cultura la calidad sobresale…

Con mi compra en la mano y siendo ya casi las 8 de la tarde decido que es hora de volver al albergue y acostarme tempranito, que el primer día de jet lag lo he llevado con mucha decencia. Calculo que estoy a unos 30 minutos andando del albergue así que decido aventurarme en el metro y ver como funciona el tema aquí. La verdad es que es sorprendentemente fácil orientarse a pesar de la barrera idiomática, y además limpio y todo muy clarito, y una cosa, hay aseos en todas las estaciones y además muy limpios, Corea es el país de los aseos, donde menos te lo esperas encuentras uno, así da gusto salir de viaje.
La segunda noche no duermo tan bien como la primera, entre los mosquitos que se han colado (Seúl está petado de mosquitos y ni una araña, fuera de Seúl todo lo contrario como luego descubriré) y los ronquidos de una pedazo de negra que duerme en la litera de abajo….menuda noche paso. Ni que decir que hubiera asesinado a la negraza con gusto.

Martes 14 de septiembre: Primer desayuno en condiciones, hoy arranco temprano para coger el bus turístico y ponerme al día de los sitios para ver. Hoy descubro también una cadena de “panaderías” llamada Paris Baguette que tienen bollería supuestamente francesa pero adaptada a recetas coreanas, el invento no está mal y por poco comes. Descubro la croquette, que es adictiva.

Antes de irme a coger el bus me paso por la famosa calle “Insadong”, donde, según las guías, están las mejores tiendas de arte y un montón de teterías tradicionales coreanas, al final acabo haciendo un paseo de casi hora y media, y comprando varias cosas de artesanía muy originales, como los pendientes que llevo puestos. En uno de los edificios adyacentes a la calle descubro un edificio lleno de tiendecitas de joyas sobre todo donde me vuelvo loca, ¡me lo compro todo, todo y todo!, decido pasearme otro día por si veo alguna cosa que se me escape. Paseando llego a la oficina de turismo a coger el bus turístico, lo que me viene muy bien para quedarme con el camino sin usar el plano. Bien, ¡vamos avanzando con mi sentido de la orientación coreana!.

La primera parada es en el palacio de Deoksugung donde están haciendo el cambio de guardia, cámara en mano descubro detrás del mogollón de gente un stand pequeñito que dice algo de prueba de traje tradicional coreano gratis, allá que me dejo caer a investigar de que va la cosa, me hacen firmar y me colocan un hanbok preciosísimo en rojo y verde, y corriendo a hacer las fotos en la puerta del palacio con uno de los guardias vestido como en la época de la Dinastía Joseon y con el tambor, instrumento de percusión coreana por excelencia. Como mola!. Entro al palacio y están ensayando para un desfile de modelos que habrá esa noche….hum! me quedo husmeando un rato a ver las caras de los modelos, y siento decirlo, pero los masculinos tienen de masculinos lo que yo de coreana, las chicas eso si monísimas.

La siguiente parada es Itaewon, la calle de compras de los occidentales según la guía, y todo porque hay una base americana a escasos 50 metros del comienzo de la calle, es uno de los pocos sitios donde se habla más inglés que coreano y en el que poder encontrar tallas europeas/americanas. Aquí me llevo un chasco, no me gusta nada de nada el ambiente, y la ropa es considerablemente más cara que en otros sitios de la ciudad. Pero es aquí donde vuelvo a comprobar que los coreanos no van timarte con el tema precios. Entro a una tienda de complementos para el pelo y entre varias cosas compro unas horquillitas, cojo una pareja de cada y me voy a pagar y de repente la coreana se da la vuelta y se va a donde yo he cogido las horquillas y se pone a buscar, intrigada, me vuelvo para allá y le pregunto si pasa algo, y como puede me dice que son 6 horquillas por 1.000 wones! Cara de alucine, con lo fácil que hubiera sido cobrarme lo mismo por sólo dos horquillas, empiezo a pensar que esto de la honestidad es genético.

Subo al monte Namsan donde esta la torre de Seúl llamada la “Seoul N-Tower”, tiene, desde luego, las vistas más impresionantes de la ciudad y dicen que en los días claros se puede ver hasta Corea del Norte (no hay que olvidar que la frontera está a “sólo” 55 km, una bendición o una amenaza, según se mire). Antes de subir me dejo caer en el mirador y resulta que en las vallas de seguridad hay miles y miles de candados de parejas que sellan su amor simbólicamente, ¡cuánto amor hay en el mundo! (lo pedís ver en el Españoles por el mundo dichoso…). Subir a la torre mola, el ascensor te muestra en una pantallita lo rápido que sube, unos 40 metros por segundo, así que en menos de dos minutos estás en la parte más alta de la ciudad. En los cristales están escritos los nombres de las capitales más importantes del mundo y su distancia desde Seúl, me saco la foto en el de Madrid que luego veré en “Españoles por el Mundo en Seúl” y decido que antes de irme de Seúl subiré de noche a ver la ciudad ya que tengo que bajar en el último bus turístico, pero me quedo con la copla de que buses urbanos paran allí, sólo me falta saber desde donde narices cojo el bus…

El bus turístico me deja en el City Hall de la ciudad, un edificio aún en construcción al que han puesto la fachada con una especie de azulejos pegados colgados y que se mueven al ritmo del viento lo que hace que tenga sensación de que la fachada se mueve y un escenario en medio de la fachada que sirve para hacer los eventos gratis mientras la gente se sienta en el jardín de enfrente, muy prácticos los coreanos. Desde allí decido volver a pie al albergue, calculo que me llevará unos 15-20 minutos a lo sumo, y siguiendo el cruce de avenidas que ya tengo aprendido aparezco al final de Insadong y calculo que si sigo recto y giro a la izquierda llego a la calle al lado de mi albergue, y efectivamente, soy un crack! Aunque para mi sorpresa me encuentro que me lleva por una calle llena de restaurantes y de puestecillos de calle, ay! Mi estómago empieza a rugir….que pinta tiene todo, pero y si pica mucho? Cagüen…pero esto de comer sola en un restaurante coreano es un rollo con la cantidad de comida que te ponen…

Me dedico a curiosear ya que no me atrevo y comer, voy buscando una cosa que me han recomendado y que se llama “mandu”, y casi en el último puesto de la calle al meter las narices en el puesto un par de coreanos que están sentados en una improvisada mesa y sillas y que se están descojonando a mi costa con las caras que estoy poniendo, me hacen señas para que me siente con ellos….total que acabo manteniendo una “conversación” (si por conversación se entiende que ellos conocen 20 palabras en inglés y yo tan solo un par de coreano, ahora eso si, Real Madrid y Barça es internacional por lo que veo) y picoteando de lo que ellos cenan, unos berberechos gigantes con una salsa que muy buenos y “soju” ah……”soju” la bebida nacional comparable al sake japonés y con -sólo- 20 grados, al tercer chupito que me sirven empiezo a perder la cabeza así que amablemente declino el ofrecimiento de empezar otra botella y tras media hora allí decido que ya si es el momento de volver.

Llego al albergue y me meto a cotillear en el feisbuk, y me pongo a hablar con un chico que está sentado al lado de lo que hemos visto ese día (sólo lo conocía de haberle visto las dos noches anteriores por el albergue) y resulta que es ¡mexicano! como mola!, Saúl, de viaje por el mundo los tres últimos años, será mi compi de aventuras Seúl-tienses en las próximas noches, nos tiramos hasta la una de la mañana cotilleando y me presenta a Marta, otra española alojada en el albergue que trabaja en el aeropuerto de Zurich y que ha hecho una escapada de 5 días a Seúl con un billete en stand-by (así también puedo yo!) y que mañana estará en la excursión a la frontera con Corea del Norte, así que más cotilleos. El día ha sido completito, pero a las dos ya está bien la broma que mañana a las 7 y media nos recogen para irnos de excursión.