miércoles, 4 de noviembre de 2009

Los inicios coreanos

11 de Septiembre- Fatídica fecha para coger un avión según algunos, para mi no deja de ser anecdótico tener que coger un avión precisamente ese día. La mañana ha sido movida en la oficina, han despedido a una compañera y todos nos hemos quedado bastante planchados.

Salgo a las tres disparada a Los Alcázares a comer algo y dejar el coche en San Javier los próximos 23 días y a las 18.30 sale mi vuelo a Luton, primera parada de mi viaje. Me recoge F. mi “vecina” que lleva viviendo no se cuantos años en el área londinense y nos vamos a cenar a casa de unas compañeras de trabajo españolas y con algún añadido italiano y mezcla…la cena fantástica, la compañía maravillosa y la conversación tremenda…total que nos dan como las dos de la mañana (las tres en España) y yo ya durmiéndome encima del plato de puro cansancio. Nos volvemos a casa y todavía nos recibe M., unas de sus compis de casa, y nos ponemos a charlar otro rato más, y cuando por fin F y yo nos vamos a la cama todavía me lleva un rato más hacer el check in por Internet del vuelo a Dubai y Seúl. Total las cuatro de la mañana. Buena hora.

12 de septiembre- Madrugón a las 8 para tomar una ducha y coger el bus que enlaza el aeropuerto de Luton con el de Heathrow a las 9.50. Intento no hacer ruido, pero al final se despierta toda la casa (son 4 nenas españolas compartiendo casa) de pura excitación “pero nena, Corea? Eres un crack!”. Menos F que se queda en la cama intentando dormir algo más, el resto desayuna conmigo. Les doy un bote de Nocilla que les he traído….Ahí va! revolución con el bote, creo que van a haber leches por echarle mano…he destapado la caja de Pandora parece. F me lleva al aeropuerto, a mi vuelta no la veré porque la empresa se la lleva 3 meses a Madrid.

Por fin llego a Heathrow, este aeropuerto me produce un escalofrío cada vez que lo visito porque se que es para coger un vuelo muy muy largo. El check in perfecto, sólo tengo que recoger la tarjeta de embarque y poner la pegatina a mi maleta, llevo 15 kilos sólo, tardo menos de 5 minutos en hacer todo el proceso, me he ahorrado una cola considerable con el check in en Internet. Estoy encantada.

Hago tiempo por las tiendas y por fin asignan la puerta a mi vuelo, el EK002. Llego revolucionada y deseando ver el avión que me va a llevar a Dubai, el ya mítico A380, el avión de pasajeros más grande del mundo que sólo lleva dos años surcando los cielos. El aparatito impone, no me decepciona en absoluto. Y se nota quien va a subir por primera vez, todos como tontos sacando fotos en todos los ángulos posibles desde la terminal. Lo mejor está por llegar, por fin nos dejan subir y cuando entro me quedo sin habla, aunque la configuración de asientos es la misma del Boeing 747-800, todo es mucho más amplio, es lo primero que se ve a primera vista, evidentemente aquí el tema variará de una compañía a otra y la configuración que deciden hacer con sus aparatos. Los asientos van con pantalla individual enfrente (como en las buenas compañías, ríete tú de Iberia), reposa-cabezas ajustable en altura y con un par de “aletas” laterales que vienen de muerte para dormir. La sorpresa viene porque el avión va equipado con 3 cámaras que graban todos los movimientos del avión, incluidos el despegue y aterrizaje ¡que emoción!. Por fin nos vamos y el avión enfila hacia la pista, a partir de aquí lo tengo todo grabado menos la emoción que siento cada vez que un avión empieza a correr para despegar. El aparato es super silencioso y apenas vibra, ¡menuda sorpresa!, esto es nuevo, acostumbrada a los bandazos que pega un avión cuando va a despegar la verdad es que sorprende notar apenas el ruido y la velocidad, tanto que no dejo de preguntarme durante el medio minuto de carrera desesperada si el “bicho” corre lo suficiente para levantar el morro y las alas….

Estoy tan emocionada que no puedo dormir durante las 7 horas de vuelo a Dubai, así que decido darme el atracón de películas, tengo más de quinientas para elegir y no es coña, así que opto por los últimos estrenos, al final resulta que casi todas las pelis de estreno las veo en los vuelos de larga distancia, casualidad o no. El menú de abordo no está tan mal, para la bazofia que te ponen en los aviones pero a mi me mola que me pongan la bandejita con comida y como tengo hambre cae todo. Hasta que vuelva de vacaciones no hay régimen que valga.

Por fin llegamos a Dubai, una de la mañana de la noche del 12 al 13 de septiembre, hemos llegado con hora y poco de retraso porque salimos con un retraso de Londres considerable. La Terminal 3 del aeropuerto de Dubai reservada para los vuelos de Emirates es nueva, sólo tiene un año o así y eso se nota pero lo impactante del asunto es que a semejantes horas está a reventar, en mi vida he visto un aeropuerto con tanta gente de madrugada. Me paseo por las tiendas de souvenirs y del Duty Free a ver como andan de precios, y localizo una línea de cremas de Olay que está mucho más barata que en España, vaya, para la vuelta lo veré.

Por fin subo al vuelo que me llevará a Seúl, otras 8 horas o así más, el avión es más "pequeñito", se acabó lo bueno, el asiento lo he reservado aposta por Internet con los consejos de otros viajeros y desde luego he acertado, tengo un poco más de espacio pero me toca un coreano al lado que tiene pinta de que no habla ni jota de otra cosa que no sea coreano así que tengo todo el vuelo para seguir viendo pelis pero estoy tan cansada que no tardo en caer, a malas penas me entero del despegue, eso si pido que me despierten para cenar y la azafata me da el susto de mi vida, ceno y sigo durmiendo. Total he dormido unas 5 horas lo cual es un record para mi. Y lo que falta de vuelo me lo tiro viendo más pelis. Nos traen el desayuno lo que significa que nos acercamos a Seúl y tengo mi primer contacto con la comida coreana, al servirme me preguntan si quiero kimchi, les digo que por aquello de probar por fin el famoso acompañamiento y plato nacional, me dan además un tubo de pasta de chili picante que hará todo el viaje de regreso a España y que abrí hace solo unos días, el kimchi no dura ni dos segundos en mi boca, conforme me lo meto en la boca y no su sabor picante me lo saco corriendo….mal empezamos.

Llegamos a Corea, son las 4 de la tarde del domingo 13 de septiembre. Por un segundo se me pasa por la cabeza la idea de que estoy realmente loca por venir sola como se han empeñado en recordarme varias amigas, pero enseguida la desecho, la aventura me espera. Lo primero que me sorprende del aeropuerto es que es muy nuevo o está super bien cuidado pero el silencio es sepulcral, hasta me da miedo abrir la boca. Me tiro 45 minutos de reloj en la cola para que me sellen el pasaporte, o estoy en la cola del oficial lento o me han tocado todas las nacionalidades raritas porque veo que a mucha gente el oficial les manda a una sala que hay en un lateral….y a mi va y en un minuto me despacha, increíble, casi una hora para esto.

En el backpackers donde me voy a quedar las siguientes 6 noches facilitan un planito de cómo llegar (esto es muy importante cuando las calles no tienen cartelitos con su nombre) así que siguiendo las instrucciones me cojo el autobús hasta la estación de Anguk. Estoy tan cansada y con el jet lag haciendo tantos estragos que soy incapaz de mantener los ojos abiertos más de 1 minuto así que los 45 minutos de viaje al centro de Seúl me los tiro medio viendo el paisaje medio dando cabezadas. Ya en Seúl alcanzo a ver una avenida enorme en la que se ven rascacielos enormes un poco antes de llegar a mi parada, me quedaré con la copla, mañana me voy derecha para allá. Me bajo del autobús, me saco el plano y echo a andar (“por dios que el plano esté bien porque empezar a dar vueltas ahora es justo lo que NO necesito”), me empiezo a quedar con la cara de la peña, joder, son todos muy coreanos jajaja!!! Empiezo a desvariar, el jet lag está causando estragos. Me meto en un callejón super oscuro y estrechito con la maleta, leches, aquí es donde me van a robar por turista, porque pinta de turista de verdad tengo un rato jajaja, pero no, nadie se mete conmigo ni con mi maleta, salvo alguna mirada, eso si, veo unos locales rarísimos donde huele a pescado y muchos mercedes aparcados en la puerta, vaya, parece que es zona de restaurantes, ahora de que precio no se, pero muy caros no pueden ser porque no tienen pinta de lujosos por fuera.

“Aterrizo” en el backpacker, ha sido muy fácil llegar, el plano estaba muy bien explicadito. Me meten en una habitación de 6 tías, me acoplo en una de las literas, desparramo mis cosas como puedo, salgo a la calle a buscar algo de comida porque y aprovecho para llamar a casa que ya es una hora más decente en España. Me paseo por la avenida en la que he venido con el bus y llego hasta la entrada de Insadong, la calle de compras por excelencia de la que hablan todas las guías, asomo el morro pero decido que no es momento de explorar, que me caigo de sueño leche, así que entro a un mini supermercado, compro leche y una napolitana rellena de mermelada de fresa (cágate lorito) para desayunar al día siguiente y un sándwich para salir del paso esta noche y me voy a dormir, son las 9 y media de la noche, ya está bien por hoy.

Lunes 13 de septiembre- Me levanto tranquilamente, cuando el cuerpo me lo pide, sorprendentemente he dormido de un tirón acostumbrada a que el jet lag me juegue malas pasadas, total que entre que me ducho y desayuno y me pongo en marcha son ya las 12 del mediodía. Encamino mis pasos a la avenida grande que recordaba haber visto, paso por Insadong pero decido que aún no voy a explorar la calle de compras y llego a la avenida, en cuya cabecera está unos de los cinco grandes palacios de Seúl, Gyeongbukgung (경복궁), decido que todavía no me voy a meter a verlo (tras varios intentos conseguí verlo ¡el último día!) y sigo por la avenida en dirección a los rascacielos, ahí hay cotarro seguro. Me encuentro con una caseta de información turística y resulta que el bus turístico no funciona los lunes, vaya hombre, era justo mi plan para pasar el día tranquilito y ponerme en situación, y además todos los templos, palacios y demás están también cerrados, ¡la madre que me parió! pues si que empezamos bien, hala, pues a andar y a ver a donde llego. Eso si, la coreana tampoco es que tenga un inglés muy brillante, lo entiendo casi por el contexto.


Mi primera palabra coreana es "añiseo" que la pronuncian casi cantando, me acompañará todo el viaje, la putada es que conforme entras a un sitio te la suelta el primer dependiente que te ve, pero como haya más dependientes...uno tras otro la van cantando, vamos, como para entrar en plan de incognito. Significa hola o bienvenido. Me ha costado aprenderla pero es una buena palabra que aprender, al menos quedas bien.

Andando andado, me hago gran parte de la avenida y llego hasta el mercado de Namdaemun (남대문 시장), allí se vende de casi todo, y me fijo en la comida por inercia pero no me atrevo a arriesgarme todavía porque no se si será picante o no y eso es lo que me acojona, me han advertido que el picante es muy picante y después de lo que probé en el avión empiezo a pensar que razón tienen…vagabundeo por las calles del mercado atestadas de gente, veo muy pocos occidentales, esperaba encontrar más y acabo en un centro comercial que tiene pinta de pijo porque veo salir a coreanas super bien vestidas con coreanas en uniforme llevándole las bolsas de las compras…resulta que es el Shinsegae, como el Corte Inglés pero con muchísimo más glamour, acabo en la planta baja donde tienen una especie de “rincón de comida”: hay un super y mini puestos-restaurantes de comida coreana, todo muy ordenadito y limpito, esto mola, aquí se me atrevo a arriesgarme y me pido mis primeros snacks coreanos, están buenos y nada picantes, bien bien, avanzamos. El resto del viaje iré descubriendo (y buscando aposta) estos food courts de los centros comerciales, son baratos y la comida la tienes bien presentada e incluso en algunos te pone lo que es en inglés.
Primer choque cultural: todo se coge y se da con dos manos, con una mano está mal visto porque las ofrendas a los muertos se hacen así. Muy mal veo el tema, yo con una mano agarro el bolso o el monedero y con la otra me manejo así que habrá que empezar a buscarse las castañas para hacerlo todo con las dos manos, además, cuando te dan las vueltas te hacen una pequeña reverencia a la que no se bien como responder, así que resuelvo hacer lo mismo: otra pequeña reverencia. Pero que lío, es un poco complicado coordinar el movimiento de todo el cuerpo.

Desde allí decido ir a Lotte Word, cadena coreana por excelencia con centros tipo Carrefour: tienes de todo en el mismo sitio. Siguiendo en el plano las avenidas grandes, que descubro que son las únicas que tienen cartel con nombre, llego a la estación central de trenes de Seúl y al Lotte World que está justo al lado. Aquí me paseo durante un rato bien largo por el supermercado, como me mola cotillear que tienen en las estanterias y es aquí donde se produce la primera anécdota del viaje….

No hay comentarios: