sábado, 8 de mayo de 2010

El taxista coreano y la despedida de Corea

Dice la guía de Gyeongju que fue la capital del antiguo reino de la dinastía de Shilla y que se la conoce como el “museo sin paredes”. En el camino en busca de mi hotel paso por los túmulos que hay en medio de la ciudad y por un par de templos pequeños y con mucho encanto.






El hotel en el que me alojo es un hotel tradicional coreano reconvertido en albergue-backpacker super mega barato, me pillo la habitación individual con baño propio por solo 13 € la noche. La casa se asienta sobre un patio central al que dan todas las habitaciones. Habitaciones muy del estilo japonés y, al igual que en estas, la cama consiste en una especie de manta gruesa y poco más. El hotel ofrece además, pan de molde, mermelada y huevos gratis a los huéspedes para desayunar, y los dueños hablan inglés y son encantadores y para terminar de rematar, por las noches hacen actividades tradicionales coreanas, total, la elección un acierto.

Dejo las maletas y lo primero es pedir que me pongan una lavadora, a estas alturas la ropa limpia empieza a escasear y todavía me quedan 10 días de viaje entre Corea, Dubai y Londres. Una ducha rápida para quitarme el sudor y me voy a hacer una ruta de inspección, paso por los túmulos y llego hasta la estación de autobuses y en el camino de vuelta encuentro un supermercado enorme donde pasaré como una hora dando vueltas investigando que hay en sus estanterías. Esa noche toca hacer cajas con papel coreano en el hotel. Lo bueno es que lo que haces te lo regalan así que en la maleta me traigo una caja preciosísima (la de la foto) y a la cama que mañana espera faena.




Viernes 25 de septiembre. Temprano a la estación de autobuses a coger el bus turístico que hace ruta por buena parte de los monumentos varios a visitar, entre ellos el enigmático e imponente templo de Bulguksa, para mi, de lo más bonito del viaje y el Museo Nacional donde conservan la campana más grande de Corea.

El viaje incluye una parada en un restaurante para comer, me pido, por fin, el bulgogi, a base de ternera y me endiñan una cantidad de platillos que casi salgo redonda del sitio, lo peor s que por accidente acabo con un trozo del famoso chili coreano en la boca y casi me muero del subidón de calor por la garganta…jajaja!! A la vuelta me doy una vuelta por la zona del mercado de la ciudad y me vuelvo al albergue a cenar y mirar el correo por si Chris, mi próximo anfitrión me ha escrito. Efectivamente me ha escrito y me dice que no va a estar el sábado cuando llegue a su casa porque viene justo a la ciudad en la que estoy para una despedida de soltero pero que no hay problema, que me deja la casa para mi el sábado y que nos veremos el domingo. Yo me pregunto en que clase de sitio vivirá que la puerta la deja sin cerrar con llave. Además ha quedado con un taxista para que me venga a buscar a la estación y me lleve a su casa, me da el número del taxista por si se le olvida. Todo muy guay pero yo no puedo dejar de pensar que no me convence la cosa al 100%.



Esa noche toca aprender nudos coreanos, si, tal y como suena, el tema es que nos enseñan como hacer uno de los adornos del traje tradicional coreano, y como la cosa va rápida el dueño luego nos pone a hacer estampados coreanos en papel coreano. Más cosas a la maleta que ya va a reventar.



Sábado 26 de septiembre. Tren tempranito a Andong, última escala de mi viaje y a donde iba con la intención de ver el Festival de Máscaras Tradicionales que se celebra todos los años hacia finales de septiembre y que han cancelado hace unos días por el temor a contagio de la fiebre A dichosa, aunque al final decido seguir adelante con los planes. Aquí me quedo en casa de Chris un inglés de 26 años que trabaja de profesor.

Llego a la estación y el taxi no está esperándome, mala cosa. Después de 15 minutos me decido a llamar al taxista y me encuentro con que apenas habla inglés y que repite como un loro “train station”, por si las moscas me planto en la oficina de turismo y le pido a la coreana que le llame y le pregunte si sabe donde vive mi amigo y la coreana le llama y me dael número de matrícula. Media hora después aparece el taxista, me subo al taxi confiada y….lo que sigue después son 10 minutos de carrera en un taxi y con un señor que no hace más que repetir como un loro 4 palabras en inglés y que no tiene ni idea de donde vive mi amigo….ay ay ay! Ya sabía yo que esto no me convencía. Se empeña en llevarme a comer y cuando me entra el agobio (imaginaos la situación: yo en un taxi que no sabe a dónde va y sin que nadie sepa que yo estoy allí) me pongo a gritarle “gicha” que significa tren, para que me lleve de vuelta a la estación. Allí de nuevo y más tranquila, me conecto a Internet desde la oficina de turismo (todas suelen ofrecer este servicio gratis) a ver si encuentro pistas que me digan donde vive el Chris y dudando entre si buscarme algún hotel por la zona o coger el primer tren de vuelta a Seúl que está a 4 horas.

La coreana de la oficina me viene al rato, yo creo que viendo mi cara de agobio y me dice que ella sabe donde viven los profesores de inglés de la ciudad, me dice que si se que número de habitación es, le digo que si y en un pis pas me imprime un mapa en coreano del sitio y escrito en caracteres coreanos quiero ir a tal sitio, me acaba de salvar la vida!!! Subo a otro taxi enseñándole lo que me acaban de dar y bingo! En 5 minutos el taxista me deja en la puerta de un edificio del que veo salir a un occidental. Llego a la habitación de marras y al abrir, efectivamente esta está sin cerrar con llave, por si las moscas, dejo la maleta y entro sin hacer ruido para asegurarme de que es el sitio que busco y encima de la mesa encuentro un papel en el que pone “Welcome Mary”, por fin, he llegado a casa después de 2 horas perdidas.

El resto de la tarde me dedico a explorar por mi cuenta, en el taxi me he quedado con el camino de la estación a casa y me lo hago andando para ver lo que se tarda y situarme, me quedo con los números de bus que hay escritos en la parada cerca de casa y me doy una vuelta por el centro, descubro con horror que no puedo sacar dinero con mis tarjetas en ningún cajero...mierda, me hace falta cash para aguantar los 2 días que me quedan. A la vuelta cojo el bus y entro a un supermercado a comprar varias cosas como regalo para Chris por tenerme en casa.



Domingo 27 de septiembre. Se me hace tarde y me cojo el bus a la estación para enlazar con el que va a la Hahoe Folk Village a 24 kms de Andong y donde se tendrían que haber hecho las representaciones de máscaras. Es un pueblo tradicional pero de todos los que hay en Corea este tiene dos particularidades, uno representa a los pueblos coreanos hace cientos de años, por lo que es aún más auténtico y, además, vive gente a la que el gobierno subvenciona por ello, por lo que no es el clásico rollo turístico. La putada es que llueve y yo voy sin paraguas. Así que me toca verla corriendo y volverme a Andong porque Chris me avisó que llegaba sobre las 4 de la tarde y quiero estar en casa para cuando llegue.



Chris llega con un resacón considerable tras la pedazo de juerga que se me metió la noche anterior. Nos tiramos hasta las 7 de la tarde hablando de nosotros y nuestras historias. El tío lleva 4 años en Corea y habla un coreano más que aceptable, me enseña también sus cicatrices de guerra de su accidente con moto en Tailandia, total ná. A eso de las 7 nos llama Sulaiman, un singapureño que se queda esa noche también. Nos vamos a la estación de autobuses, cayendo la de Dios, y de ahí a cenar a un buen sitio y barato, mi última cena coreana.

Cenamos en un sitio cerca de casa, y nos ponemos las botas a base de ternera, platillos y para rematar arroz, la “fiesta” nos cuesta a 6€ por cabeza, pagamos entre Sulaiman y yo y a la salida, nos llevamos un afé para el camino, está increíblemente bueno y es gratis, que pena que lo haya descubierto la última noche.



Tras un rato de charlar los 3 a la cama, mi tren al día siguiente es a eso de las 8.30, ya que no quiero arriesgarme de ir justa y que pase algo raro.

Lunes 28 de septiembre. Tempranito en pie y a la estación a coger el tren. Chris se empeña en acompañarme a pesar de que llueve a coger un taxi para asegurarse de que llego sana y salva, sale en camiseta de tirantes, bermuda y chanclas, así a pelo y Sulaiman nos acompaña también. Me da mucha penita despedirme porque, a su manera, se ha portado genial. En la estación compro algo para desayunar y para el viaje y al tren, cuatro horas en las que a ratos me da por echar la lagrimita y no puedo dejar de recapitular lo que ha pasado en 15 días de viaje.

Llego a Seúl y es como volver a casa, la ventaja de conocerlo es que moverse por el metro y la ciudad es súper fácil y, directamente, me voy al albergue a dejar la maleta y salir corriendo a la única cosa que aún no he podido ver, el palacio de Gyeongbokgung (경복궁) uno de los principales del país y asignatura pendiente de los últimos 15 días.




Llego al albergue, me cambió de ropa porque en Seúl la diferencia de temperatura es considerable y hace un calor bochornoso, y corriendo al palacio, pillo la ceremonia del cambio de guardia, veo un trozito, foto y para adentro porque en unas 2 horas cierran y no quiero ir apurada. El palacio lo podéis ver en “Españoles por el Mundo en Seúl”, una preciosidad que a mi me dejó alucinada. El jardín con lago una maravilla y de paso me cuelo en el Museo de Arte Folclórico de Corea donde se cuenta la historia del país, y hay una exposición temporal de “muñecas del mundo” y ¿qué muñecas representan a España?.....jajajaja! la flamenca que nuestras abuelas ponían encima de la tele, jajajaja!! manda huevos!.



De ahí, un breve paseo por Insadong como despedida de Seúl y descubro a un señor con un conejito de angora precioso con el que me hago la foto de turno y corriendo al albergue a cambiarme de ropa y rehacer la maleta completamente para poder irme al aeropuerto. Me lleva 45 minutos organizar el tetris que es mi maleta ahora entre tanta cosa y a las 8 o así tranquilamente me cojo el bus al aeropuerto. Una lagrimita se me escapa mientras veo desaparecer las luces de Seúl……



En el aeropuerto descubro con fastidio que a las 10 de la noche cierran todo, tiendas y restaurantes y mi vuelo es el último del día, a las 12 de la medianoche. Inaudito para un aeropuerto de primer orden. Ya en el avión, más lagrimitas, como me pasa cada vez que me voy de un lugar que me ha encantado. Y próximo destino: Dubai, donde me espera la aventura de 24 horas más loca de mi vida…..