Viernes 17 de septiembre: Mi último día en Seúl, me da mucha pena dejar la ciudad porque le he cogido mucho cariño, pero también quiero ver algo más de la Corea más auténtica y desde luego que la ciudad no es el mejor ejemplo. Hoy por fin voy a ver el templo de Changdeokgung después de dos intentos fallidos, me he estudiado el folletito del templo a fondo y tras meditarlo decido que me apunto a la visita guiada de las 9.15 de la mañana ya que me espera un día muy completito y hay que aprovechar, la única pega es que esa visita está en japonés, la de inglés es a las 11.30 de la mañana y no puedo esperar tanto, así que ahí me veis a las 9 de la mañana, con una cara de sueño tremenda en medio de 200 japoneses y la peña mirándome en plan “que coño se le ha perdido a la occidental esta aquí”. Como no me entero mucho de lo que explica la guía coreana-japonesa (jajajaja!!!!) decido que voy por mi cuenta pero ay! no está permitido vagabundear por el templo a tus anchas así que debo permanecer con el grupo si o si, así que me alejo discretamente lo que puedo para hacer fotos a mi antojo y cotillear, en una de estas fotos le pido a un japanika que me la haga y nos ponemos a hablar, resulta que habla inglés el buen mozo (que no buenorro), así que el resto de la visita me la tiro hablando mientras paseamos, hasta casi me pierdo lo bonito del templo que es el Jardín Secreto con el despiste que llevo…aquí el caballero es piloto oficial de las fuerzas armadas del Japón y está 5 días de vacaciones en Corea por aquello de la cercanía, los compañeros (unos 6 tíos más) se lo están pensando en grande a nuestra costa y por el rabillo del ojo veo que nos hacen una foto mientras paseamos, apuesto a que piensan que su compi ha ligado con una occidental jajajaja!!!, la verdad es que la conversación está muy entretenida pero yo debo salir escopetada en cuanto termina la visita guiada.
Me voy al barrio de Bukchon Hanok Village, donde se conservan casas originales coreanas, y entro a un par de calles que parecen sacadas de una película de mafiosos, pero nadie se mete conmigo y yo hago fotos a mi antojo. Y de ahí vuelvo al mercadillo de Namdaemun donde tengo que buscar los relojes que mis padres me han pedido. Me dedico a regatear en un par de sitios y al final me decido por un par de relojes, el de caballero (=el reloj) parece muy amariconado, así que dos puestos más allá veo otro que me gusta más, así que decido comprarlo pero oh! no llevo cash así que tengo que salir pitando a buscar un cajero donde poder usar mi visa, el tema me lleva media hora y otra media hora parando en varias tiendas de cámaras para ver si está la que quiero comprar, no hay suerte, pero encuentro a un coreano que habla un perfectísimo inglés.
Vuelvo y resulta que el puesto donde he visto el reloj está cerrado, así que acabo comprando otro distinto y un poco más caro en un puesto distinto. Para comer me voy al food court del Shinshegae otra vez, y desde ahí me voy a Jongsan Station a buscar mi siguiente parada: un spa coreano auténtico antes de parar en el mercado electrónico situado en la planta baja de la estación de Yongsan y duro 10 minutos del agobio que me entra de tener a todos los coreanos de los puestos dándome el follón.
En Japón visité un “onsen”, en Corea se les llama “oncheon” y para este viaje tenía claro que tenía que formar parte de la experiencia, tras mucho meditar lo que la guía del Lonely Planet recomendaba me decanto por el moderno y lujoso, 7 plantas de edificio dedicadas a esto. Una pasada. Entro y unas coreanas que hablan 4 frases de inglés me ofrecen contratar un paquete de entrada + masaje coreano de una hora
+ mascarilla facial por el módico precio de 60 euros al cambio, decido que porqué no, que me lo he merecido y una coreana muy simpática me acompaña y me muestra en que plantas puedo ir en bolas y donde no y me coge cita con la masajista a las 6 (son como las 4.30 cuando yo llego). Aquí viene la parte divertida, como en Japón, te quedas en bolas, te vas donde están las piscinas y te tienes que bañar y rascar concienzudamente para asegurarte de quitarte la mugre que llevas, eso si, en Japón parecen menos pudorosas que aquí, me da la impresión de que a la juventud le cuesta más desnudarse y pasearse en bolas por el recinto reservado a las mujeres. Me dedico a pasearme por las piscinas, algunas más calientes, otras menos y cuando veo que se me empieza a ir la cabeza con el calor me salgo a las de fuera a que me de el fresco un rato. Poco antes de las 6 me visto y me paseo por las zonas comunes, hay una sala donde la gente simplemente se tumba a pasar el rato y donde, incluso, te puedes quedar a dormir pagando un suplemento ridículo, y es que están abiertos las 24 horas. Alucinante. A las 6 me subo a por el masaje y me preparo pensando en la pedazo de experiencia que me espera….si lo llego a saber antes…..resulta que el masaje tradicional coreano es a base de apretarte con los dedos a base de bien, no se si es que yo soy una quejita o es que la coreana pensó “se va a enterar la güiri esta” lo cierto es que menos disfrutar….entre los nudos que tengo y lo fuerte que apretaba cada vez que me tocaba me encogía, eso si, sin abrir la boca ni una sola vez. Yo me río ahora, pero los siguientes 2 días me dolía todo el cuerpo y hasta me salieron moratones en varios sitios….del spa me voy corriendo porque he quedado con Saúl para subir a la N-Tower y ver Seúl de noche….que bonito!! que pasada!!! Cenamos en uno de los restaurantes de la torre y nos bajamos al centro en el bus y desde allí paseando al albergue, le dejo un ratito solo porque yo tengo que organizar la maleta para el día siguiente y decido que dejaré la mochila con los regalos y cosas extras que he ido comprando estos 6 días. En la habitación me encuentro con Yuko, la japonesa que más me ha hecho reír en los últimos días, está borracha como una cuba, es curioso, no había visto a una japonesa borracha en la vida jajajaja!. Me bajo ya tarde al salón a mi ración diaria con Saúl, y me da un masaje de cabeza siguiendo las técnicas nepalíes (saúl eran nepalíes no?) que aprendió en su paso por el país….que gustazo! Eso si, acabo con el pelo un poco revuelto, pero eso es un mal menor. Jajaja!!! Otra vez acabo en la cama a las tantas y mañana me espera un tren a las 7 de la mañana para llevarme a Busan….
Sábado 18 de septiembre: Hoy voy a conocer a mis primeros “hosts” por obra y gracia del proyecto Couchsurfing. Este proyecto se basa en la siguiente idea: tu tienes un sofá o una cama libre y yo necesito una para dormir esta noche pues me la prestas y nos conocemos. Así de simple. Yo me enteré allá por el verano del 2008 y me apunté, vamos, me abrí un perfil así como en el facebook y el primer movimiento fue antes de irme a Islandia que medio quedé para tomar algo con una islandesa por aquello de que no me fiaba muy mucho de donde me iba a meter, y para este viaje que tenía el problema del alojamiento decidí arriesgarme y darle una oportunidad a esta forma de hacer turismo. Seleccioné muy cuidadosamente a mis anfitriones y la primera pareja me dijo que no porque ya tenían visita, pero acordé visitar a otros dos anfitriones, Seongah en Daegu y Chris en Andong. Estando en Seúl me contactaron los anfitriones de Busan y me dijeron que tenían cambio de planes y que había sitio para mi, que si me interesaba que no tenía más que decirlo, así que aquí va la primera parada couchsurfing del viaje…….
Llego a Busan a eso de las 10 menos algo de la mañana, Shannon me ha avisado de que es mejor que me baje en la parada anterior a la central de la ciudad y desde ahí coger el metro, me ha dado las instrucciones de cómo llegar a su piso pero también me ha avisado de que están pintando las fachadas y si me lío que la llame. Y menciona que el ascensor parece que ya funciona, espero que si porque parece ser que viven en un piso 14….
Busan es la segunda ciudad en importancia del país, en la costa sur, con el puerto de mayor tránsito del país y con mucho turismo occidental, casi más que en la capital.
Llego sin novedad hasta el bloque de edificios donde viven Shannon y Rob pero lo de encontrar que puerta es en la que viven resulta más complicado, al final gracias a un coreano que medio habla inglés me ponen en la puerta correcta. Menos mal que el ascensor funciona. Subo el ascensor un poco acelerada pensando en que clase de gente me voy a encontrar, a ver, por correo parecían super amables e incluso acordamos quedar a cenar ya que nos caímos muy bien, Shannon en neozelandesa, lo cual ayuda y Rob americano, casados y profesores de inglés en Corea, muy típico, y tienen un gato y un perro según dicen en su perfil, pero en persona la cosa cambia…
La primera impresión es fantástica, se les ve muy majos y Shannon es tan o más habladora que yo, lo cual va a ser de gran ayuda, además me hace falta una buena inmersión en el idioma británico, que ya lo estoy echando de menos, hasta le caigo bien a su perra, Tia, me agacho a saludarla y le digo “dame la patita” en español y va y me la da! Jajaja!!! Shannon flipa, y me pasaré el resto de los dos días enseñándole ordenes en español para la perra. El minino es super juguetón, le han puesto Ginga, por el color de pelo.
Lo primero las presentaciones de rigor y la conversación de cómo va el viaje y demás, me explican que viene una amiga americana a dormir esa noche a la que iremos a recoger después, pero como tienen una cama y un sofá no habrá problema para dormir.
Rob es un fanático de la fotografía, me enseña algunos de los trabajos que ya ha hecho y la verdad es que es una pasada, nos hace de comer un poco de arroz con salchichas y salsa picante coreana muy bueno. Rob tiene que hacer unas cosillas así que Shannon y yo decidimos irnos a recoger a su amiga americana Nicole y dar una vuelta por el centro, así me hace una pequeña ruta turística. Shannon me pregunta por mi “afición” a su país y la conversación nos transporta a la Nueva Zelanda que ambas conocemos, ella como nativa y yo como adoptada pero ambas compartimos la misma pasión y eso se nota.
Nicole llega y nos vamos al centro de la ciudad a ver la zona de compras, la estatua del saludo, la torre de Busan (mucho menos impresionante que la de Seúl) donde encontramos que están haciendo un concierto de opera coreana para los abuelitos y a la lonja de pescado, donde lo paso fatal porque no soporto el olor tan fuerte y hay ciertos bichos que me dan pelín de repelus. Decidimos cenar en la zona de la playa de Gwang-an desde donde se ve el puente de colores de Busan, preciosísimo y me meto mi primer festín de “samgyeopsal” (carne cocinada al centro con montones de entrantes)…salimos a 5 € por cabeza, increíble.
Volvemos a casa a eso de las 10 de la noche y Nicole se queda con el sofá y yo con la habitación con cama, la pobre no pega ojo la mitad de la noche porque el gato decide que encima de su cara se está calentito para dormir, en algún momento de la noche Rob se tiene que levantar para encerrar al gato en su habitación.
Domingo 19 de septiembre: Shannon y Rob se van a la iglesia y Nicole y yo decidimos ir a un templo que nos han recomendado para aprovechar la mañana y ver algo más. El templo de Haedongyonggungsa resulta ser una joya, ha sido el que más me ha gustado de todos los que he visto (que han sido muchos), no por espectacular sino por el emplazamiento y la sensación de privacidad que genera. El templo está en un acantilado, por lo que el emplazamiento resulta curioso, dado que casi todos los templos coreanos suelen estar entre montañas, como es domingo hay bastantes coreanos que van a visitarlo y en el camino se montan un montón de puestos y descubro una de las delicatessem contra la que me habían advertido: las larvas de gusano de seda fritas…no comment!. También descubro a mi pesar que está lleno de telarañas considerablemente grandes y unas arañas negras y amarillas que me recuerdan a una venenosa australiana….eso si, mosquitos ni uno, algo tendrá que ver.
Del templo nos vamos a casa donde nos esperan S & R para comer, y de ahí pasamos por la estación a dejar a Nicole que se vuelve a casa y nosotros continuamos camino a la playa de Songdo donde Rob dice que hay unas puestas de sol alucinantes. Vamos en el 4x4 de Rob y el pobre se disculpa la mitad del camino por conducir tan agresivamente como los coreanos pero según explica es la única forma de hacerlo, algo de razón tiene el hombre, son tremendos conduciendo.
A la playa nos llevamos a Tia que causa sensación, los coreanos nos suelen tener perros o animales de compañía y es una moda que se está extendiendo ahora. En la playa hay como otros 200 coreanos esperando a que se ponga el sol, nosotros nos acoplamos con las toallas en un rincón y Rob se dedica a tirar fotos a diestro y siniestro. Por fin llega la puesta de sol, y la verdad, es alucinante, para muestra una de las fotos que saqué con mi modesta cámara. Decidimos cenar en un restaurante que hay pegado a la playa, en el que Rob estuvo, y me meto mi segundo festín de carne, aún mejor que el de la noche anterior…hum! El restaurante es auténtico coreano, con las mesas bajas y sentándose en el suelo en mullidas almohadas, con la salvedad de que los platos acompañantes no te los rellenan ellos cuando se te acaban sino que lo haces tú en un improvisado buffet.
Cuando volvemos a casa, Rob me da una clase magistral de cómo retocar las fotos con el photoshop que nunca olvidaré, y con Shannon hago intercambio de recetas españolas y neozelandesas y a la cama porque el lunes hay que madrugar para coger el tren a Daegu y ellos trabajan.
Lunes 20 de septiembre: Como a eso de las 7 salgo de casa en dirección a la estación central de trenes. La primera experiencia couch ha sido muy gratificante, ahora vamos a por la segunda que es una coreana de 41 años, casada y con dos hijos adolescentes según pone en su perfil. La gracia es que este verano ha estado en España haciendo el Camino de Santiago y en cuanto le pregunté si podía alojarme 3 días en su casa no tardó ni 12 horas en responderme al correo. Resulta que lo de hacer el Camino de Santiago es muy popular en Corea desde que un presentador coreano super famoso en el país lo hizo y a su vuelta escribió un libro sobre la experiencia mística que tuvo…y como los coreanos hacen todos lo mismo, pues hala, uno fue y lo pasó en grande y van 400 detrás.
Antes de llegar a Daegu voy a visitar uno de los templos más famosos de Corea, es el Jijiksa, en un pueblo a unos 45 minutos en tren de Daegu, así que primero voy al pueblo a ver al templo y desde allí me vuelvo a Daegu. Al llegar a la estación de Gimcheon me encuentro con que está lloviendo, primer problema y el segundo problema viene cuando descubro que las taquillas de la estación son muy pequeñas para mi maleta, con esto no contaba, así que decido que me llevo la maleta al templo, que no he venido para nada.
El autobús me deja al lado de un hotel y ni corta ni perezosa me planto allí y le pregunto al recepcionista si puedo dejar la maleta allí mientras subo al templo, no estoy muy segura de que me allá entendido al 100% pero me indica un rincón donde dejarla, así que habrá que jugársela, si alguien me quiere chafar el viaje este es el momento perfecto.
En la guía dice que el sitio donde está el templo es idílico, por dónde está y la paz que se respira, la verdad es que algo de idílico tiene sino fuera por la lluvia que me jode la visita ya que tengo que meterle caña en previsión de que llueva más fuerte, entre otras cosas porque me deje la chaqueta impermeable y el gorro de lluvia en Seúl y voy así, a palo seco debajo de la lluvia.
Cuando bajo a por la maleta está en el mismo sitio donde la dejé sin tocar, alucinante, esta gente es de verdad honesta, creo que he conocido pocas nacionalidades como ellos. El recepcionista me sonríe y tras varias reverencias me voy de vuelta a coger el tren para Daegu.
Seongah ha tenido el detalle de escribirme en caracteres coreanos la dirección de su casa para enseñar al taxista, y me da su móvil por si no se aclara, a eso de las 4 de la tarde después del periplo y la lluvia mañanera llego a la tercera ciudad del país. Y efectivamente el taxista a mitad de camino no se aclara, así que le agarro el móvil y llamo a Seongah para que hable con él. En menos de 3 minutos llego al bloque de edificios en el que vive Seongah, ahora el problema es saber cual es su puerta, pillo a un coreano por ahí y este no se aclara así que acabamos preguntando al señor que hay controlando quien entra y sale y en esto escucho una voz que me llama y ahí está Seongah, jajaja!! muy previsora ella, había bajado de casa para asegurarse de que no me perdía…
Me voy al barrio de Bukchon Hanok Village, donde se conservan casas originales coreanas, y entro a un par de calles que parecen sacadas de una película de mafiosos, pero nadie se mete conmigo y yo hago fotos a mi antojo. Y de ahí vuelvo al mercadillo de Namdaemun donde tengo que buscar los relojes que mis padres me han pedido. Me dedico a regatear en un par de sitios y al final me decido por un par de relojes, el de caballero (=el reloj) parece muy amariconado, así que dos puestos más allá veo otro que me gusta más, así que decido comprarlo pero oh! no llevo cash así que tengo que salir pitando a buscar un cajero donde poder usar mi visa, el tema me lleva media hora y otra media hora parando en varias tiendas de cámaras para ver si está la que quiero comprar, no hay suerte, pero encuentro a un coreano que habla un perfectísimo inglés.
Vuelvo y resulta que el puesto donde he visto el reloj está cerrado, así que acabo comprando otro distinto y un poco más caro en un puesto distinto. Para comer me voy al food court del Shinshegae otra vez, y desde ahí me voy a Jongsan Station a buscar mi siguiente parada: un spa coreano auténtico antes de parar en el mercado electrónico situado en la planta baja de la estación de Yongsan y duro 10 minutos del agobio que me entra de tener a todos los coreanos de los puestos dándome el follón.
En Japón visité un “onsen”, en Corea se les llama “oncheon” y para este viaje tenía claro que tenía que formar parte de la experiencia, tras mucho meditar lo que la guía del Lonely Planet recomendaba me decanto por el moderno y lujoso, 7 plantas de edificio dedicadas a esto. Una pasada. Entro y unas coreanas que hablan 4 frases de inglés me ofrecen contratar un paquete de entrada + masaje coreano de una hora
+ mascarilla facial por el módico precio de 60 euros al cambio, decido que porqué no, que me lo he merecido y una coreana muy simpática me acompaña y me muestra en que plantas puedo ir en bolas y donde no y me coge cita con la masajista a las 6 (son como las 4.30 cuando yo llego). Aquí viene la parte divertida, como en Japón, te quedas en bolas, te vas donde están las piscinas y te tienes que bañar y rascar concienzudamente para asegurarte de quitarte la mugre que llevas, eso si, en Japón parecen menos pudorosas que aquí, me da la impresión de que a la juventud le cuesta más desnudarse y pasearse en bolas por el recinto reservado a las mujeres. Me dedico a pasearme por las piscinas, algunas más calientes, otras menos y cuando veo que se me empieza a ir la cabeza con el calor me salgo a las de fuera a que me de el fresco un rato. Poco antes de las 6 me visto y me paseo por las zonas comunes, hay una sala donde la gente simplemente se tumba a pasar el rato y donde, incluso, te puedes quedar a dormir pagando un suplemento ridículo, y es que están abiertos las 24 horas. Alucinante. A las 6 me subo a por el masaje y me preparo pensando en la pedazo de experiencia que me espera….si lo llego a saber antes…..resulta que el masaje tradicional coreano es a base de apretarte con los dedos a base de bien, no se si es que yo soy una quejita o es que la coreana pensó “se va a enterar la güiri esta” lo cierto es que menos disfrutar….entre los nudos que tengo y lo fuerte que apretaba cada vez que me tocaba me encogía, eso si, sin abrir la boca ni una sola vez. Yo me río ahora, pero los siguientes 2 días me dolía todo el cuerpo y hasta me salieron moratones en varios sitios….del spa me voy corriendo porque he quedado con Saúl para subir a la N-Tower y ver Seúl de noche….que bonito!! que pasada!!! Cenamos en uno de los restaurantes de la torre y nos bajamos al centro en el bus y desde allí paseando al albergue, le dejo un ratito solo porque yo tengo que organizar la maleta para el día siguiente y decido que dejaré la mochila con los regalos y cosas extras que he ido comprando estos 6 días. En la habitación me encuentro con Yuko, la japonesa que más me ha hecho reír en los últimos días, está borracha como una cuba, es curioso, no había visto a una japonesa borracha en la vida jajajaja!. Me bajo ya tarde al salón a mi ración diaria con Saúl, y me da un masaje de cabeza siguiendo las técnicas nepalíes (saúl eran nepalíes no?) que aprendió en su paso por el país….que gustazo! Eso si, acabo con el pelo un poco revuelto, pero eso es un mal menor. Jajaja!!! Otra vez acabo en la cama a las tantas y mañana me espera un tren a las 7 de la mañana para llevarme a Busan….
Sábado 18 de septiembre: Hoy voy a conocer a mis primeros “hosts” por obra y gracia del proyecto Couchsurfing. Este proyecto se basa en la siguiente idea: tu tienes un sofá o una cama libre y yo necesito una para dormir esta noche pues me la prestas y nos conocemos. Así de simple. Yo me enteré allá por el verano del 2008 y me apunté, vamos, me abrí un perfil así como en el facebook y el primer movimiento fue antes de irme a Islandia que medio quedé para tomar algo con una islandesa por aquello de que no me fiaba muy mucho de donde me iba a meter, y para este viaje que tenía el problema del alojamiento decidí arriesgarme y darle una oportunidad a esta forma de hacer turismo. Seleccioné muy cuidadosamente a mis anfitriones y la primera pareja me dijo que no porque ya tenían visita, pero acordé visitar a otros dos anfitriones, Seongah en Daegu y Chris en Andong. Estando en Seúl me contactaron los anfitriones de Busan y me dijeron que tenían cambio de planes y que había sitio para mi, que si me interesaba que no tenía más que decirlo, así que aquí va la primera parada couchsurfing del viaje…….
Llego a Busan a eso de las 10 menos algo de la mañana, Shannon me ha avisado de que es mejor que me baje en la parada anterior a la central de la ciudad y desde ahí coger el metro, me ha dado las instrucciones de cómo llegar a su piso pero también me ha avisado de que están pintando las fachadas y si me lío que la llame. Y menciona que el ascensor parece que ya funciona, espero que si porque parece ser que viven en un piso 14….
Busan es la segunda ciudad en importancia del país, en la costa sur, con el puerto de mayor tránsito del país y con mucho turismo occidental, casi más que en la capital.
Llego sin novedad hasta el bloque de edificios donde viven Shannon y Rob pero lo de encontrar que puerta es en la que viven resulta más complicado, al final gracias a un coreano que medio habla inglés me ponen en la puerta correcta. Menos mal que el ascensor funciona. Subo el ascensor un poco acelerada pensando en que clase de gente me voy a encontrar, a ver, por correo parecían super amables e incluso acordamos quedar a cenar ya que nos caímos muy bien, Shannon en neozelandesa, lo cual ayuda y Rob americano, casados y profesores de inglés en Corea, muy típico, y tienen un gato y un perro según dicen en su perfil, pero en persona la cosa cambia…
La primera impresión es fantástica, se les ve muy majos y Shannon es tan o más habladora que yo, lo cual va a ser de gran ayuda, además me hace falta una buena inmersión en el idioma británico, que ya lo estoy echando de menos, hasta le caigo bien a su perra, Tia, me agacho a saludarla y le digo “dame la patita” en español y va y me la da! Jajaja!!! Shannon flipa, y me pasaré el resto de los dos días enseñándole ordenes en español para la perra. El minino es super juguetón, le han puesto Ginga, por el color de pelo.
Lo primero las presentaciones de rigor y la conversación de cómo va el viaje y demás, me explican que viene una amiga americana a dormir esa noche a la que iremos a recoger después, pero como tienen una cama y un sofá no habrá problema para dormir.
Rob es un fanático de la fotografía, me enseña algunos de los trabajos que ya ha hecho y la verdad es que es una pasada, nos hace de comer un poco de arroz con salchichas y salsa picante coreana muy bueno. Rob tiene que hacer unas cosillas así que Shannon y yo decidimos irnos a recoger a su amiga americana Nicole y dar una vuelta por el centro, así me hace una pequeña ruta turística. Shannon me pregunta por mi “afición” a su país y la conversación nos transporta a la Nueva Zelanda que ambas conocemos, ella como nativa y yo como adoptada pero ambas compartimos la misma pasión y eso se nota.
Nicole llega y nos vamos al centro de la ciudad a ver la zona de compras, la estatua del saludo, la torre de Busan (mucho menos impresionante que la de Seúl) donde encontramos que están haciendo un concierto de opera coreana para los abuelitos y a la lonja de pescado, donde lo paso fatal porque no soporto el olor tan fuerte y hay ciertos bichos que me dan pelín de repelus. Decidimos cenar en la zona de la playa de Gwang-an desde donde se ve el puente de colores de Busan, preciosísimo y me meto mi primer festín de “samgyeopsal” (carne cocinada al centro con montones de entrantes)…salimos a 5 € por cabeza, increíble.
Volvemos a casa a eso de las 10 de la noche y Nicole se queda con el sofá y yo con la habitación con cama, la pobre no pega ojo la mitad de la noche porque el gato decide que encima de su cara se está calentito para dormir, en algún momento de la noche Rob se tiene que levantar para encerrar al gato en su habitación.
Domingo 19 de septiembre: Shannon y Rob se van a la iglesia y Nicole y yo decidimos ir a un templo que nos han recomendado para aprovechar la mañana y ver algo más. El templo de Haedongyonggungsa resulta ser una joya, ha sido el que más me ha gustado de todos los que he visto (que han sido muchos), no por espectacular sino por el emplazamiento y la sensación de privacidad que genera. El templo está en un acantilado, por lo que el emplazamiento resulta curioso, dado que casi todos los templos coreanos suelen estar entre montañas, como es domingo hay bastantes coreanos que van a visitarlo y en el camino se montan un montón de puestos y descubro una de las delicatessem contra la que me habían advertido: las larvas de gusano de seda fritas…no comment!. También descubro a mi pesar que está lleno de telarañas considerablemente grandes y unas arañas negras y amarillas que me recuerdan a una venenosa australiana….eso si, mosquitos ni uno, algo tendrá que ver.
Del templo nos vamos a casa donde nos esperan S & R para comer, y de ahí pasamos por la estación a dejar a Nicole que se vuelve a casa y nosotros continuamos camino a la playa de Songdo donde Rob dice que hay unas puestas de sol alucinantes. Vamos en el 4x4 de Rob y el pobre se disculpa la mitad del camino por conducir tan agresivamente como los coreanos pero según explica es la única forma de hacerlo, algo de razón tiene el hombre, son tremendos conduciendo.
A la playa nos llevamos a Tia que causa sensación, los coreanos nos suelen tener perros o animales de compañía y es una moda que se está extendiendo ahora. En la playa hay como otros 200 coreanos esperando a que se ponga el sol, nosotros nos acoplamos con las toallas en un rincón y Rob se dedica a tirar fotos a diestro y siniestro. Por fin llega la puesta de sol, y la verdad, es alucinante, para muestra una de las fotos que saqué con mi modesta cámara. Decidimos cenar en un restaurante que hay pegado a la playa, en el que Rob estuvo, y me meto mi segundo festín de carne, aún mejor que el de la noche anterior…hum! El restaurante es auténtico coreano, con las mesas bajas y sentándose en el suelo en mullidas almohadas, con la salvedad de que los platos acompañantes no te los rellenan ellos cuando se te acaban sino que lo haces tú en un improvisado buffet.
Cuando volvemos a casa, Rob me da una clase magistral de cómo retocar las fotos con el photoshop que nunca olvidaré, y con Shannon hago intercambio de recetas españolas y neozelandesas y a la cama porque el lunes hay que madrugar para coger el tren a Daegu y ellos trabajan.
Lunes 20 de septiembre: Como a eso de las 7 salgo de casa en dirección a la estación central de trenes. La primera experiencia couch ha sido muy gratificante, ahora vamos a por la segunda que es una coreana de 41 años, casada y con dos hijos adolescentes según pone en su perfil. La gracia es que este verano ha estado en España haciendo el Camino de Santiago y en cuanto le pregunté si podía alojarme 3 días en su casa no tardó ni 12 horas en responderme al correo. Resulta que lo de hacer el Camino de Santiago es muy popular en Corea desde que un presentador coreano super famoso en el país lo hizo y a su vuelta escribió un libro sobre la experiencia mística que tuvo…y como los coreanos hacen todos lo mismo, pues hala, uno fue y lo pasó en grande y van 400 detrás.
Antes de llegar a Daegu voy a visitar uno de los templos más famosos de Corea, es el Jijiksa, en un pueblo a unos 45 minutos en tren de Daegu, así que primero voy al pueblo a ver al templo y desde allí me vuelvo a Daegu. Al llegar a la estación de Gimcheon me encuentro con que está lloviendo, primer problema y el segundo problema viene cuando descubro que las taquillas de la estación son muy pequeñas para mi maleta, con esto no contaba, así que decido que me llevo la maleta al templo, que no he venido para nada.
El autobús me deja al lado de un hotel y ni corta ni perezosa me planto allí y le pregunto al recepcionista si puedo dejar la maleta allí mientras subo al templo, no estoy muy segura de que me allá entendido al 100% pero me indica un rincón donde dejarla, así que habrá que jugársela, si alguien me quiere chafar el viaje este es el momento perfecto.
En la guía dice que el sitio donde está el templo es idílico, por dónde está y la paz que se respira, la verdad es que algo de idílico tiene sino fuera por la lluvia que me jode la visita ya que tengo que meterle caña en previsión de que llueva más fuerte, entre otras cosas porque me deje la chaqueta impermeable y el gorro de lluvia en Seúl y voy así, a palo seco debajo de la lluvia.
Cuando bajo a por la maleta está en el mismo sitio donde la dejé sin tocar, alucinante, esta gente es de verdad honesta, creo que he conocido pocas nacionalidades como ellos. El recepcionista me sonríe y tras varias reverencias me voy de vuelta a coger el tren para Daegu.
Seongah ha tenido el detalle de escribirme en caracteres coreanos la dirección de su casa para enseñar al taxista, y me da su móvil por si no se aclara, a eso de las 4 de la tarde después del periplo y la lluvia mañanera llego a la tercera ciudad del país. Y efectivamente el taxista a mitad de camino no se aclara, así que le agarro el móvil y llamo a Seongah para que hable con él. En menos de 3 minutos llego al bloque de edificios en el que vive Seongah, ahora el problema es saber cual es su puerta, pillo a un coreano por ahí y este no se aclara así que acabamos preguntando al señor que hay controlando quien entra y sale y en esto escucho una voz que me llama y ahí está Seongah, jajaja!! muy previsora ella, había bajado de casa para asegurarse de que no me perdía…
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