lunes, 10 de septiembre de 2012

The American Conquest Part II


Phoenix- Gran Cañón: Había para mi dos “highlights” en este viaje, el primero este, poder visitar el Gran Cañón, el segundo vino un poquito más adelante. Tras darle muchas vueltas, y dado que me apetecía visitar Phoenix, “la ciudad del Valle del Sol”, decidí no alojarme cerca del Cañón y si hacer la excursión desde Phoenix, que son unas 4 horas de subida y otras 4 de bajada, casi como ir a Madrid desde aquí y en un día, total paliza de excursión que mereció la pena, y mucho. Además, decidí tirar la casa por la ventana y hacer también la visita en helicóptero, y fue, a pesar del precio, una de las mejores decisiones que tomé.



En Phoenix probé además una nueva opción de alojamiento que va ganando muchos adeptos y que yo encontré dando vueltas en la red, ya que los albergues no me seducián allí, y no encontré un host  que me llamase la atención demasiado. Se llama AirBNB, es como el Couchsurfing pero pagando y sin la vertiente más social, pienso que al pagar, se pierde la esencia de hacer amigos, pero a cambio tienes una habitación para ti sola (o un sofá) pagando casi el precio de un albergue juvenil.
La chica que me “acogió” en casa vino a buscarme al aeropuerto y me llevó además a un supermercado cerquita de casa para que pudiera comprar para poder llevarme víveres para la excursión del día siguiente. Así que me dio tiempo a eso, llegar a casa, y mientras veía la tele de mi habitación (ya que pillamos una habitación, que sea con todo el lujo posible) preparar todas las cosas para el día siguiente, ya que me esperaba un madrugón de aupa.
Me recogen a eso de las 7.30 de la mañana desde el centro y la excursión visita primero Sedona y la tierra de los indios navajos, todo muy turístico, aunque Sedona me gustó. Por el camino pasamos por una parte del desierto de Sonora donde crecen los cáctus “Saguaro”, esos cuya silueta parece un hombre de pie y llegan a alcanzar una altura de 15 metros. Preciosos, la verdad.
Y llegamos por fin a la primera parada dentro del parque del Cañon, la primera vista es impresionante, verdaderamente te quedas alucinando de lo que estás viendo, da igual las veces que lo hayas visto en televisión o en fotos, y aunque hice una buena colección de fotos, ninguna le hace justicia. La excursión consiste en ir parando en varios miradores y, a la hora de comer parar en una zona llena de restaurantes “fast-food”, momento en el que a mi me llevan para coger mi helicóptero. Soy la única que ha pagado por esa parte de la excursión.
Te llavan a una mini terminal, te registran, te pesan (eso si, ni tú ni nadie ve el peso, por lo menos es discreto) y te ponen un video de seguridad, con el que yo salí pensando ¿si se cae el helicóptero qué se supone que voy a hacer, si no me va a dar tiempo a nada?.
Conforme me llegaba el momento, me iba poniendo más y más nerviosa y cuando nos llevaron fuera a coger el nuestro, notaba como el corazón me latía a todo lo que daba. Hacía tiempo que no me sentía así. He de confesar que estaba atacada y a la vez emocionada, a partes iguales. Nunca había volado en helicóptero antes, y me juego el cuello a que los que leáis esto, todavía no habéis subido a uno, así que risas, las justas. Yo ya os llevo ventaja. La experiencia es ALUCINANTE, quitando que escuchas muchos ruidos que no te son familiares y que tienes un olor a gasolina todo el tiempo, es una pasada levantar el vuelo y de repente “salir corriendo” (video). Te ponen unos cascos con música y con una grabación en tu idioma con los que puedes escuchar al piloto también y que, de paso, quitan un poco de ruido ambiental.
Primero sobrevuelas el bosque que hay antes de llegar y de repente, hay un agujero enorme en los árboles a lo lejos y a ritmo de “Beautiful Day” de U2 (casualidad o no) entras en el Cañón propiamente dicho...no hay palabras, si verlo desde los miradores te deja sin palabras, verlo desde el aire es como darse cuenta de lo inmenso que es el aquello y lo pequeñita que eres tú. Tras sobrevolarlo unos 20 minutos, te llevan de vuelto al helipuerto, donde te hacen la foto típica de los souvenirs y listo. A mi al bajar me espera el resto del grupo pegado a la valla y me saludan como locos. El guía me recoge y al preguntarme que qué tal ha ido, se me queda mirando y me dice “no hace falta que respondas porque tu cara de felicidad lo dice todo”,jajajaja! Es la primera vez que me dicen algo así.
De allí emprendemos rumbo de vuelta a Phoenix, y desde el minibus veo una preciosísima puesta de sol con el desierto de telón de fondo y una banda sónora en el iPod más que apropiada, es uno de esos momentos mágicos...
Al día siguiente tengo el vuelo a Boston y Washington a eso de las 10 de la noche, lo que me deja todo el día para explorar la ciudad. Hace un calor considerable, aunque llevadero, y estamos casi a finales de octubre ya, no me quiero imaginar en verano...Me dedico a pasear por varias zonas comerciales y por el “Old town” que es la parte donde se conservan los edificios más antiguos y descubro que fuera de las zonas comerciales, está todo como muy solitario y que coger un autobus para recorrer 20 avenidas te lleva fácilmente una hora, tal es el tamaño de la ciudad. Al final pululo por varios centros comerciales y llego a casa con el tiempo super justo para cambiarme y recoger la maleta, casi ni me da tiempo a despedirme.

Washington: Un vuelo de 5 horas a Boston y los dientes largos de ver la ciudad que está en la lista de visitas pendientes desde el aire (cachis!) y una pedazo de Blueberry muffin recien hecha que me zampo mientras cotilleo el Facebook y todo porque me empeñé en hacer la conexión una hora más tarde pensando que no me iba a dar tiempo...menos mal que me quedaba el netbook y la conexión para entretenerme esa hora de más. He de decir, que en todos los aeropuertos y autobuses y trenes hay wifi gratis (ya deberían de aprender por este lado del globo terráqueo). Béndito wifi.
Gracias al trabajo de campo previo, descubrí que Washington tiene 2 aeropuertos oficiales, uno que está a tiro de piedra y al que llega el metro, otro que está a tomar por saco, y un tercero no oficial que está más lejos aún pero que es super mega barato. En ese recomendaban no volar porque es donde el gobierno suele probar todos los nuevos cachivaches de seguridad y suelen haber retrasos. Así que opté por pagar más para volar al aeropuerto bueno. El vuelo desde Boston apenas si se nota. Aunque yo llegué reventá después de unas 6 horas de vuelo, una conexión y 3 horas más de huso horario, de repente tenía otro jet lag....

La verdad es que eso de llegar al aeropuerto y poder coger el metro sin tener que calentarte la cabeza mucho más.....da gusto. En Washington me acogieron Dave y Randy, una pareja de gays en sus 50 añitos, viviendo que 3 perros y 8 gatos que se portaron de maravilla conmigo...conocerles ha sido una de las mejores cosas del viaje. Viven en una residencial de Washington, pegada a una parada de metro que está a 3 paradas de la zona del Mall, donde están todos los museos y el Capitolio al fondo.
Llego con tiempo de verles, hablar un poquito, dejar mis cosas allí y salir corriendo a ver la ciudad. Empiezo a dar vueltas por el Mall y de ahí, acabo en el centro de la ciudad, donde localizó un sitio que me recomienda Dave para comer, compró algo de picnic y me voy a buscar un parque, total que llego yo a un parquecito que veo que hay un montón de gente más con picnics (la verdad es que hacía un día impresionante) y me siento yo en un banco en plan “vamos a relajarnos” y de repente me fijo que hay un montón de grupos de gente, una mini manifestación...un montón de policía...anda, ¡si estoy comiendo enfrente de la verja de la Casa Blanca! Jajajaja!!! yo solo me tengo que reír, yo sabía que estaba cerca pero no TAN cerca. Bueno, comemos, hacemos las fotos de rigor y a ver el resto de la zona y a buscar la “Reflecting Pool” de Forrest Gump, y mierda, ¡está en obras! Jajajaja!. En fin. El día lo acabo en el Museo de Historia Americano, que me encanta, está genial y a eso de las 8 aparezco por casa. La única condición que me han puesto mis anfitriones es no llegar más tarde de las 9, lo cual agradezco porque mi cuerpo ya no da para más.
Me llevan a cenar a un restaurante muy americano, de esos que podría salir en cualquier película y a eso de las 11 de la noche me llevan de ruta turística por todos los monumentos de Washington, iluminados y sin turistas....impagable. Aunque solo bajamos del coche un par de veces para tirar una fotos preciosas, pero la ruta bien merece la pena.
El segundo día (de nuevo con un tiempo fantástico) lo dedico a visitar varios museos más, el de Aviación, el de los indígenas (donde mis anfitriones me recomiendan que coma y pruebe el menú-buffet que tienes de distintas tribus) y alguno más y a darme una vuelta por el centro propiamente dicho. Llego hasta Chinatown. El centro me parece muy pequeño en comparación con otras ciudades, y veo que, en cuanto sales de las 4 ó 5 calles donde hay bullicio, en el resto apenas hay movimiento. Esta noche toca cena en un restaurante mexicano, de donde salimos casi rodando...ay, señor! Esta manía de los americanos de ponerte comida como si fuera el último día de tu existencia.
Al día siguiente, con todo el dolor de mi corazón toca coger maletas de nuevo. Está cayendo la del pulpo, y Dave se empeña en llevarme a coger el bus (by the way, 1 dólar de nada gracias a Megabus). Así que acabo medio calada cuando el bus llega por fin. Menos mal que son solo 2 horas de trayecto...

viernes, 3 de agosto de 2012

The American Conquest Part I


“Que no, que yo no tengo interés en Estados Unidos” esto solía decir yo antes del año pasado. Y entonces, ¿cómo narices acabo haciendo una ruta de un mes por medio país?
Inicialmente iba a ser una vuelta al mundo en toda regla, tenía un mes por delante, y una compañera, A, que por razones varias, no se apuntó finalmente, y entonces vino George de visita a Murcia, tuve una conversación en plan “oye y si haces escala en los "Estates" porque no pasas por Cleveland y nos vamos a Toronto”…ay!!!!!!!!!!!!!!!!! A Canadá ni me lo menciones que me cabreo…..con las ganas que tengo de ir!!!!!. En el momento que me compré la guía del Lonely Planet de USA, la decisión ya estaba tomada. Y es que con 2 bodas entre junio y octubre, visitar Canadá más allá de esa fecha no me parecía muy buen plan. Mejor en otra ocasión...

Así pues, tras varios quebraderos de cabeza, muchos, me decidí por una ruta que fuera factible, y que incluyese, al menos varias de las ciudades que si quería visitar.

La ruta: Seattle – Portland – San Francisco – Los Ángeles – San Diego – Phoenix y El Gran Cañon – Washington – Petersburg/ Richmond – Nueva York.
Fechas: del 8 de octubre al 5 de noviembre.

Seattle: la llegada fue casi de película, casi 2 horas de retraso en el enlace a NY en Lisboa, cortesía de TAP, hicieron que casi perdiese el vuelo NY-Seattle y a la vuelta me provocó un problemón.
La ciudad era como me la esperaba, salvo por el clima. Me esperaba lluvia y más lluvia, y sin embargo, el tiempo fue estupendo. El albergue que cogí un acierto, pegado al mercado de la ciudad y con habitaciones muy apañadas. Memorable el brownie con el que desayuné el primer día. Y los Levi’s que conseguí a 16 dólares!!!!
Por supuesto, para los amantes de Starbucks, esta es una visita obligatoria, aquí nació la cadena y os garantizó que el primer establecimiento, siempre tenía peña pululando por allí.

Portland: El trayecto en tren desde Seattle preciosísimo, muy muy recomendable. Allí me esperaba mi primer “sofá”, Susan y Jon. Como Jon estaba currando, Susan y yo pasamos todo el día juntas y comimos con uno de los amigos de George, que hizo todo el camino desde Eugene solo para conocerme. Por la noche me llevaron a cenar a un restaurante sureño, ya que Susan es una enamorada de Nueva Orleans y al día siguiente fuimos a comer a un típico restaurante americano con un pedazo de sándwich….tremendo y antes de correr al aeropuerto, porque casi pierdo el vuelo a San Francisco, me llevó a la cascada del Multnomah y el parque natural….precioso.
Un plus, es uno de los estados libre de impuestos, así que si tenéis que hacer compras más o menos caras, este es el sitio…
Y una curiosidad, es uno de los estados en los que está prohibido, por ley, echarse la gasolina uno mismo, y no es coña.




San Francisco: Al llegar a San Francisco, tuve desde el avión una visión panorámica y espectacular de la ciudad, de la bahía y del famoso puente. Aquí el tiempo fue, una maravilla, hasta el punto de que el primer día me quemé y todo, para no variar, según me dijeron no era lo habitual para las fechas en las que yo estuve (mediados de octubre ya). Lo peor el albergue, aunque de los mismos dueños que el de Seattle, un poco más cutre y la localización…un desastre, en la calle donde estaba todos los night clubs de la ciudad y con el albergue lleno de juerguistas…la última noche opté por cambiarme e irme al oficial a solo una manzana de Union Square, mucho más recomendable.
Lo mejor, por supuesto el puente, que hice a patita y la cena con V y F que se habían casado el 1 de octubre (doy fé de ello, que estuve en la boda) y coincidíamos en su última noche del viaje de novios. Los llevé a cenar a The Cheesecake Factory, y con las sobras yo comí y cené 2 días. Fue muy divertido salir de Macy’s y que me pitasen desde su coche al cruzar la calle. Surrealista cuanto menos.
El barrio (hiper-mega gay) de Castro, super colorista. Se nota el empuje de esta comunidad en la ciudad. Y el barrio chino…pues eso, muy chino, jajajaja! Lo más bonito, por supuesto, la estampa del tranvía subiendo y bajando por las empinadas calles de la ciudad…no aptas para cardiacos y si para poner las posaderas en su sitio.




Los Ángeles: tengo que decir que esta no era santo de mi devoción, la verdad, y estuve tentada de no incluirla ya que había escuchado muchas cosas, y la mayoría malas, pero entonces hablé con Sheryl, mi amiga de Petersburg que a su vez habló con una de sus mejores amigas, Alesia, que me ofreció su tutela y una cama en su estupendísima casa de North Hollywood. Su hijo, Shayne, un veinteañero de color, super encantador, fue el encargado de pasearme por Venice y Santa Monica Beach, Hollywood, Rodeo Drive, Universal Studios…pero señores, yo no le vi el glamour a la ciudad, por mucho que lo intenté, la verdad, me llevé un chasco considerable.
El momentazo para mi, fui al pasar por la autovía justo al lado del aeropuerto de LAX, un avión apareció de la nada para aterrizar…y como no podía ser de otro modo, era de la Air New Zealand….de todas las compañías del mundo, tuvo que ser precisamente esa…¿será una señal?


San Diego: A solo media hora de la frontera con México, la proximidad se nota y mucho. Mucho rollo latino, un tiempo fantástico y una ciudad pequeña pero cómoda. Mi visita obligada, y por la que incluí la ciudad, en esencia, el mundialmente conocido Zoo de San Diego. Si os gustan los bichos, este es vuestro sitio, el zoo es inmenso y tiene de prácticamente todo, inclusive una colección de más de 10 koalas por la que estuve babeando durante un buen rato. Hasta un kiwi tenían, pero el muy…no se dejó ver, y eso que pasé varias veces, pero ná.
Allí me quedé en casa de mi segundo “sofá”, Cheryl, una señora encantadora que vivía con su perra, Sophie, adoptada en España casualmente y que estuvo, muy a mi pesar, haciéndome de chofer por toda la ciudad y alrededores. Y digo esto, porque no estoy acostumbrada a eso, si no, más bien a buscarme la vida con el transporte local.

De ahí vuelo a Phoenix, capital de Arizona, el estado del Gran Cañon, como rezaban las matrículas el estado….

jueves, 28 de junio de 2012

Que si, que estoy perdida

Lo se, tengo muy parado el blog....muchas cosas, mucho lío y pocas ganas.....será la crisis, serán las ganas de cambiar de aires....

En breve pongo el resumen americano, porque no va a dar la cosa para más...y ya preparo los siguientes viajes, en dos semanitas escapada mediterránea, preparada y comprada en plan loco...si lo pienso mucho no la compro, ahora es cuando me alegro de haber comprado los billetes. Y en unos meses viaje-destino-largo.....este promete...ya me ha dado varios quebraderos de cabeza, jejeje!!! pero aún estoy en proceso de planificación...

viernes, 11 de noviembre de 2011

The American Conquest


Cinco días hace que aterricé y aún arrastro los efectos del jet lag.....pero bien ha merecido la pena. Yo, que durante mucho tiempo dije que los States no eran para mi y que he ido por una conversación inesperada que sembró la semilla, ahora estoy encantada de haber elegido este destino y de haberme currado una ruta que me ha costado muchas horas de ordenador y dolores de cabeza pero que ha sido tremendamente fantástica, no solo por lo que he visto sino por toda la gente con la que me he cruzado por el camino....detalle importante, el viaje empezó accidentado tanto a la ida como a la vuelta, pero los 28 días de ruta han ido suaves como la seda....en breve, pequeño resumen y algunas fotos.....
(Foto: en el primer Starbucks de la cadena en Pike Place (Seattle)

domingo, 13 de marzo de 2011

La ruta asiática 2010








Dado que cuatro semanas de ruta dan para mucho, he decidido haceros un pequeño resumen en el que os cuento los datos más interesantes y las anécdotas…

Presupuesto gastado: 2.300 €

Duración del viaje: del 29 de septiembre al 24 de octubre. Total: 26 días.

Recorrido (vuelos): Madrid-Doha-Hong Kong-Bangkok-Rangún-Bagan-Mandalay-Lago Inle-Rangún-Kuala Lumpur-Tianjin-Shanghai-Hangzhou-Pekin-Doha-Madrid.

Países visitados: Hong Kong (aunque esto no sea un país propiamente dicho), Myanmar (antigua Birmania), unas horas en Malasia, otras pocas en Bangkok (aunque no cuenta porque no salí del aeropuerto y eso que tengo el sello de entrada en el pasaporte), China y Qatar.

Lo más impresionante: el skyline de Hong Hong y de Shanghai de noche y la Expo de Shanghai y por supuesto, la Muralla China.

Lo más deseado: la Muralla China y las Torres Petronas de Kuala Lumpur. La Muralla la “contemplé” con una niebla tan densa que era difícil ver más allá de 50 metros y tener mejor perspectiva....a las Petronas llegué a las 12 de la noche y el taxista me dejó literalmente en la puerta, con lo cual imposible hacer una foto con una buena perspectiva sin alejarse demasiado del taxi....y con todas mis cosas dentro como que mejor no me iba muy lejos.

Las historias y anécdotas: muchas y muy variadas...

-El desayuno improvisado con P en el aeropuerto de Barajas porque todas las cafeterías de la terminal 1, 2 y 3 de Barajas estaban de huelga (general), sentadas en unos mostradores de facturación con un café de máquina y unas galletas que llevaba en el bolso por casualidad.
-El loco que de repente cuando el avión cogió pista en Barajas se puso a gritar y lo que entendí era “no quiero morir” y “Pakistan”. Pensé que se había colado un suicida pakistaní y que llevaba una bomba lapa, y como yo, todos los que estaban a mi alrededor. En 3 segundos pensé que hasta ahí habíamos llegado.
-Una “declaración” de amor muy improvisada e imprevista en el aeropuerto de Rangún.
-Una visita privilegiada a uno de los pabellones africanos en el Expo.
-La inmensa alegría que le daba a más de uno/a cuando me veían aparecer por los pabellones de la Expo, y es que después de 6 meses en China, sospecho que estaban hasta el moño de chinitos!
-Los dos tremendos masajes deluxe de pies en Pekin.....gracias J.!!!!
-El chino que, con sus 4 palabras de inglés, me ayudó a asegurarse de que cogía el bus correcto al albergue en Hangzhou y, además, me lo quería pagar pensando que no llevaba dinero encima (impagable).
-Una copa de vino en un hutong pekinés con una antigua actriz italiana que nos contó como Miguel Bosé le había salvado la vida en el rodaje de un película.
-Una merienda improvisada en el porche de la cabaña del hotel del Lago Inle.
-Una cena a base de pizzas italianas en el Lago Inle, mi última noche en Birmania, con visita a la cocina incluida. Creo que a los 5 nos sentaron de maravilla.
-La cena de españoles-reunidos-en-Mandalay. Declaración de amor a E incluida.
-Un batido de chocolate muy frío a las 6 de la mañana que me supo a gloria en el aeropuerto de Kuala Lumpur (si, reíros, pero después de 8 días sin leche en Myanmar, mi mono de leche con chocolate creció hasta límites insospechados).
-Ver la puesta de sol desde los templos de Bagan...(preciosa).
-Llenarse de barro hasta (casi) las cejas por ver el mercado más auténtico que he visto nunca en el lago Inle. (Una pena no poder ver los jumping cats!)
-El susto que nos dio al taxista y a mi un turista en medio de una calle en Kuala Lumpur pidiendo ayuda.
-Hacer un Pekin Express en toda regla por las calles de Pekin, arrastrando mi maleta de 20 kgs sin saber donde narices me había dejado el muy c.... del taxista, donde vivía mi amiga y sin que mi móvil funcionase.....eso no lo olvidaré nunca.
-Esa peazo fiesta en el Hyatt de Pekin.

Resumiendo, ha sido uno de los viajes más chulos que he hecho y me reafirmo, cada vez me gusta más Asia. Conseguir combinar todos los vuelos ha sido peor que hacer encaje de bolillos y he dedicado muchísimas horas pero el esfuerzo bien ha merecido la pena. Y repetiría todo el recorrido mañana mismo.

sábado, 11 de septiembre de 2010

La ruta asiatica

Tras varios meses esperando el momento para comprar el billete de avión, por fin, en julio, pude comprar el billete a un precio más que cojonudo, a la que se está convirtiendo en "casi" mi tercera casa, Asia. De nuevo volvemos a ese continente al que le estoy empezando a coger más que gustillo....

Esta vez, lo que iba a ser un viaje entre dos ciudades y dos amigas, ha acabado convirtiéndose en una ruta en toda regla, ruta de 4 semanas que me llevará por 4 países y en la que cogeré la friolera de 14 aviones.

Mi ruta empieza en Hong Kong, el día 30 de septiembre que aterrizaré a eso de las dos y media del mediodía, a tiempo para una estupenda comida con Patri en el vietnamita de al lado de su apartamento, en que estaré los 3 siguiente días intentado ver todo lo que pueda de la ciudad. De ahí, nos vamos a Myanmar (antigua Birmania), 8 días, 5 españoles y un visado por conseguir....(esa parte va a ser "divertida"), lo siguiente será una noche en Kuala Lumpur con el tiempo para ver las Petronas y dormir un poco antes de volar en un asiento que se hace cama a Tianjin (China), y sin salir del aeropuerto volaré a Shanghai, para visitar, entre otras cosas, la Exposición Universal que cierra el próximo 31 de octubre, de ahí a Hangzhou, muy recomendado por varias personas y vuelo a Beijing o Pekin para los amigos, donde estaré los siguientes 7 días viendo la ciudad, la gran muralla china, saboreando el famoso pato pekinés y poniéndome al día con Jessica, a la que no veo desde hace muuuuucho tiempo. La vuelta, vía Qatar, me permitirá hacer una escala loca de 17 horas para ver su capital, Doha, y poder sentir, de nuevo, el sol abrasador del desierto.

Mi nueva maleta, la de la foto, regalo de Juana, espera impaciente el momento de ser estrenada, aún lleva las etiquetas, y lo seguirá haciendo hasta el próximo 28 de septiembre........

viernes, 23 de julio de 2010

Dubai 2009

Aterrizo en la pedazo-novísima- terminal 1 del aeropuerto de Dubai con una hora de adelanto, a eso de las 5 de la mañana del 29 de septiembre. Gracias a mi compañero de trabajo, Tomas, tengo donde quedarme para pasar el día, porque encontrar un hotel barato en Dubai se convirtió en tarea faraónica, y encontrar un couchsurfer también fue complicado.

Salgo de la terminal a eso de las 6 de mañana y el sofocón de calor que me da en los 50 metros que separan la puerta de salida de la terminal y la parada de taxis me deja K.O. Menudo día de calor me espera.

Tomas se ha ido a una reunión a Abu Dhabi pero ha dejado copia de las llaves con el portero de su edificio, lo cual es de agradecer, dado que, como siempre he dormido poco y mal en el avión y el jet lag empieza a hacer estragos.

Decido acostarme un rato para descansar, y eso de las 9 de la mañana arranco. Lo primero una ducha, momentazo ducha. Resulta que el lujo es tener agua fría, si si, reíros pero la gracia que me hizo a mi asarme con el agua….la guía del Lonely Planet dice que en no se que centro comercial (y lo siento pero es imposible acordarse de todos los nombres, yo creo que vi lo menos 15 centros comerciales desde el bus) se coge el bus turístico en plan hop on-hop off, pues a eso de las 11 de la mañana allá que salgo yo a la calle y casi me da otro soponcio. Sorpresa, las paradas de autobuses son cerradas y con aire acondicionado, lo cual no me extraña porque hay que echarle narices para esperar al bus. Enfrente del edificio de Tomas veo una de las paradas de metro, o más levanta-metro podría decir, porque está en alto, que acaban de inaugurar hace 2 semanas parcialmente.

Cinco minutos después consigo taxi y me voy al primer centro comercial del día, agradezco haber tenido la descabellada idea de ponerme de manga larga para evitar quemarme con el sol y no enseñar mucho cacho, porque el calor que hace fuera se traduce en aire acondicionado a tope, y con a tope quiero decir estilo congelador, como te quedes más de dos minutos te tienen que derretir bajo el sol!. Lo primero desayunar, un pedazo de chocolate frappé con una napolitana de chocolate, ¿qué esperabais, unos dátiles? Y con acceso a Internet gratis desde un portátil en mi mesa, así de buen rollito.

La excursión para pasarme por las dos líneas de bus turístico (la roja para el centro de Dubai, la azul para la zona de la costa incluyendo el famoso hotel Burj Al Arab y la “palmera” artificial más famosa del mundo) vale algo así como unos 70 €, total ná.

Los buses son de dos pisos y con aire acondicionado, y tras 20 minutos en bus decido que no es factible bajarse y subirse en todas las paradas, so pena de morir abrasada. Así que me hago la ruta roja, que tarda unas dos horas y en el bus conozco a un australiano-italiano que me acompañará el resto del día. Nos ponemos a hablar como si nos conociéramos de toda la vida. A eso de las 4 cambiamos a la ruta azul, y como aún no hemos comido, corriendo entramos en uno de los centros comerciales a pillar un McDonald’s, si ya se, nada original, pero lo más rápido. Mejor no os cuento la sorpresa que me llevé cuando abrí la caja de mi hamburguesa…

La ruta azul lleva una hora y media en hacerse completa, y cuando llegamos al famoso hotelazo, a todos se nos cae la baba, impresiona verlo en la tele, pero verlo en vivo y en directo, es impactante. Solo me he sentido así con el Opera House de Sidney. El chofer para 5 minutos para que todos podamos bajar y conseguir la foto esperada, solo faltan los camellos y sería perfecta. Mención aparte merece el “Palm Jumeirah”, tremendo el complejo que se están montando, con las islas artificiales. Y el hotel Atlantis, donde se han rodado escenas de Sexo en NY II impresionante también.

La ciudad parece sacada de un libro, lujo a todo trapo en medio del desierto. Eso sigue creciendo, porque se ven grúas por todos lados, alguien me decía “cuando vuelvas dentro de 5 años no conocerás la ciudad”. Y algo de razón tienen.

Terminamos la ruta haciendo el crucero por el Creek, que está incluido en el precio. Cogemos la última salida, la de las 4 de la tarde, y resulta ser un acierto total porque empieza a ponerse el sol y las luces del Dubai antiguo se transforman…es surrealista.

Terminamos a las 6.30 y nos recogen los del tour y nos dejan en el enésimo centro comercial, donde Paul y yo nos dedicamos a ver tiendas, y acabamos entrando al Carrefour (si si, lo mismico que en España) a comprar dátiles, azafrán y cremitas de Olay que allí valen cuatro duros.

Me llama Tomas diciendo que ya está en casa y me despido de Paul y me cojo el taxi de vuelta. Se nos une su novia, una mexicana super alegre y habladora y nos vamos a cenar.

De camino pasamos por una gasolinera a llenar el depósito, tengo curiosidad por saber lo que vale la gasolina en uno de los países famosos por el petróleo, casi me caigo de espaldas: un galón (cerca de 4 litros) está a unos 50 céntimos de euro, hay que joderse.

Me llevan a cenar a un hotel precioso, del que no recuerdo el nombre, y desde el que se ve el Burj Al Arab iluminado de noche. Cenamos en un restaurante italiano rodeados de agua, imitando los canales de Venecia, curioso el detalle de que los huéspedes del hotel son llevados en góndola. Parece sacado de las mil y una noches.

Cenamos estupendamente y de vuelta a casa a eso de las 11 de la noche, me doy una ducha rapidita, que lo del agua caliente ya me lo se y a dormir, ya que mi vuelo a Londres es a las 7 de la mañana y me tengo que levantar a eso de las 3 de la mañana.

De nuevo vuelvo en el A-380, y de nuevo se repite la imagen de los pasajeros con la boca abierta mirando el pedazo de avión. Lo mejor del vuelo es nada más despegar, desde mi ventanilla tengo una panorámica del hotel y la famosa palmera...la foto lo dice todo. No hay mejor despedida de Dubai.

El miércoles 30 llego a Londres con más jet lag, y me quedo hasta el domingo de refugiada en Luton, intentando recuperarme del jet lag, paseando por la ciudad y con una noche de marcha londinense que nunca olvidaré. ^_^

domingo, 23 de mayo de 2010

I am...a lostie


Recuerdo el primer capítulo de Lost. Fue en junio de 2005 cuando yo vivía en Los Alcázares y estaba estudiando para los exámenes de la universidad. Era domingo a media tarde y yo intentaba estudiar mientras tenía la tele enchufada pero sin sonido. Si, vi el primer capítulo sin sonido. Lo que me llamó la atención fue el avión en la playa, pensé que veía una película, pero con la segunda parte del capítulo piloto me di cuenta de que era una serie. Y una que tenía muy buena pinta.

Los primeros 5-6 capítulos no pude verlos, porque era domingo y yo tenía que estudiar, pero en cuanto acabé los exámenes me enganché a la serie, que entonces pasó a emitirse en horario prime time los martes. Y cuando acabó la primera temporada, la volvieron a emitir para aquellos que no pudieron verla desde el principio, ahí pude ver los episodios que me había perdido.

La segunda temporada la vi también en TVE, cuando se emitió con bastante retraso con respecto a Estados Unidos, como siempre. A la tercera ya no pude esperar a que la emitiesen en TVE, directamente me la empecé a bajar de internet en versión original. Ya estaba enganchada.

Después las temporadas 4, 5 y 6 han sido emocionantes. Todas bajándolas por internet y está ultima temporada incluso bajándola horas después de su emisión.

Como todos, tengo episodios favoritos, seguramente el que más "The constant" (la constante) y más recientemente "Ab eterneo".

Soy una "lostie" y como yo, millones más, fans de una serie que ha hecho historia por internet, porque muchas veces los datos de audiencia no han acompañado. Pero las cifras de descargas han sido apabullantes.

Esta noche se emite por fin el esperado final. Final que por un lado deseo ver y por el otro no. Es como si una parte pasada de mi vida acabase. Los fans me entenderán. Yo esta noche pienso madrugar para engancharme a la primera hora de emisión, después tendré que ir a trabajar y el resto lo veré en casa por la tarde.

El ciclo se cierra.

sábado, 8 de mayo de 2010

El taxista coreano y la despedida de Corea

Dice la guía de Gyeongju que fue la capital del antiguo reino de la dinastía de Shilla y que se la conoce como el “museo sin paredes”. En el camino en busca de mi hotel paso por los túmulos que hay en medio de la ciudad y por un par de templos pequeños y con mucho encanto.






El hotel en el que me alojo es un hotel tradicional coreano reconvertido en albergue-backpacker super mega barato, me pillo la habitación individual con baño propio por solo 13 € la noche. La casa se asienta sobre un patio central al que dan todas las habitaciones. Habitaciones muy del estilo japonés y, al igual que en estas, la cama consiste en una especie de manta gruesa y poco más. El hotel ofrece además, pan de molde, mermelada y huevos gratis a los huéspedes para desayunar, y los dueños hablan inglés y son encantadores y para terminar de rematar, por las noches hacen actividades tradicionales coreanas, total, la elección un acierto.

Dejo las maletas y lo primero es pedir que me pongan una lavadora, a estas alturas la ropa limpia empieza a escasear y todavía me quedan 10 días de viaje entre Corea, Dubai y Londres. Una ducha rápida para quitarme el sudor y me voy a hacer una ruta de inspección, paso por los túmulos y llego hasta la estación de autobuses y en el camino de vuelta encuentro un supermercado enorme donde pasaré como una hora dando vueltas investigando que hay en sus estanterías. Esa noche toca hacer cajas con papel coreano en el hotel. Lo bueno es que lo que haces te lo regalan así que en la maleta me traigo una caja preciosísima (la de la foto) y a la cama que mañana espera faena.




Viernes 25 de septiembre. Temprano a la estación de autobuses a coger el bus turístico que hace ruta por buena parte de los monumentos varios a visitar, entre ellos el enigmático e imponente templo de Bulguksa, para mi, de lo más bonito del viaje y el Museo Nacional donde conservan la campana más grande de Corea.

El viaje incluye una parada en un restaurante para comer, me pido, por fin, el bulgogi, a base de ternera y me endiñan una cantidad de platillos que casi salgo redonda del sitio, lo peor s que por accidente acabo con un trozo del famoso chili coreano en la boca y casi me muero del subidón de calor por la garganta…jajaja!! A la vuelta me doy una vuelta por la zona del mercado de la ciudad y me vuelvo al albergue a cenar y mirar el correo por si Chris, mi próximo anfitrión me ha escrito. Efectivamente me ha escrito y me dice que no va a estar el sábado cuando llegue a su casa porque viene justo a la ciudad en la que estoy para una despedida de soltero pero que no hay problema, que me deja la casa para mi el sábado y que nos veremos el domingo. Yo me pregunto en que clase de sitio vivirá que la puerta la deja sin cerrar con llave. Además ha quedado con un taxista para que me venga a buscar a la estación y me lleve a su casa, me da el número del taxista por si se le olvida. Todo muy guay pero yo no puedo dejar de pensar que no me convence la cosa al 100%.



Esa noche toca aprender nudos coreanos, si, tal y como suena, el tema es que nos enseñan como hacer uno de los adornos del traje tradicional coreano, y como la cosa va rápida el dueño luego nos pone a hacer estampados coreanos en papel coreano. Más cosas a la maleta que ya va a reventar.



Sábado 26 de septiembre. Tren tempranito a Andong, última escala de mi viaje y a donde iba con la intención de ver el Festival de Máscaras Tradicionales que se celebra todos los años hacia finales de septiembre y que han cancelado hace unos días por el temor a contagio de la fiebre A dichosa, aunque al final decido seguir adelante con los planes. Aquí me quedo en casa de Chris un inglés de 26 años que trabaja de profesor.

Llego a la estación y el taxi no está esperándome, mala cosa. Después de 15 minutos me decido a llamar al taxista y me encuentro con que apenas habla inglés y que repite como un loro “train station”, por si las moscas me planto en la oficina de turismo y le pido a la coreana que le llame y le pregunte si sabe donde vive mi amigo y la coreana le llama y me dael número de matrícula. Media hora después aparece el taxista, me subo al taxi confiada y….lo que sigue después son 10 minutos de carrera en un taxi y con un señor que no hace más que repetir como un loro 4 palabras en inglés y que no tiene ni idea de donde vive mi amigo….ay ay ay! Ya sabía yo que esto no me convencía. Se empeña en llevarme a comer y cuando me entra el agobio (imaginaos la situación: yo en un taxi que no sabe a dónde va y sin que nadie sepa que yo estoy allí) me pongo a gritarle “gicha” que significa tren, para que me lleve de vuelta a la estación. Allí de nuevo y más tranquila, me conecto a Internet desde la oficina de turismo (todas suelen ofrecer este servicio gratis) a ver si encuentro pistas que me digan donde vive el Chris y dudando entre si buscarme algún hotel por la zona o coger el primer tren de vuelta a Seúl que está a 4 horas.

La coreana de la oficina me viene al rato, yo creo que viendo mi cara de agobio y me dice que ella sabe donde viven los profesores de inglés de la ciudad, me dice que si se que número de habitación es, le digo que si y en un pis pas me imprime un mapa en coreano del sitio y escrito en caracteres coreanos quiero ir a tal sitio, me acaba de salvar la vida!!! Subo a otro taxi enseñándole lo que me acaban de dar y bingo! En 5 minutos el taxista me deja en la puerta de un edificio del que veo salir a un occidental. Llego a la habitación de marras y al abrir, efectivamente esta está sin cerrar con llave, por si las moscas, dejo la maleta y entro sin hacer ruido para asegurarme de que es el sitio que busco y encima de la mesa encuentro un papel en el que pone “Welcome Mary”, por fin, he llegado a casa después de 2 horas perdidas.

El resto de la tarde me dedico a explorar por mi cuenta, en el taxi me he quedado con el camino de la estación a casa y me lo hago andando para ver lo que se tarda y situarme, me quedo con los números de bus que hay escritos en la parada cerca de casa y me doy una vuelta por el centro, descubro con horror que no puedo sacar dinero con mis tarjetas en ningún cajero...mierda, me hace falta cash para aguantar los 2 días que me quedan. A la vuelta cojo el bus y entro a un supermercado a comprar varias cosas como regalo para Chris por tenerme en casa.



Domingo 27 de septiembre. Se me hace tarde y me cojo el bus a la estación para enlazar con el que va a la Hahoe Folk Village a 24 kms de Andong y donde se tendrían que haber hecho las representaciones de máscaras. Es un pueblo tradicional pero de todos los que hay en Corea este tiene dos particularidades, uno representa a los pueblos coreanos hace cientos de años, por lo que es aún más auténtico y, además, vive gente a la que el gobierno subvenciona por ello, por lo que no es el clásico rollo turístico. La putada es que llueve y yo voy sin paraguas. Así que me toca verla corriendo y volverme a Andong porque Chris me avisó que llegaba sobre las 4 de la tarde y quiero estar en casa para cuando llegue.



Chris llega con un resacón considerable tras la pedazo de juerga que se me metió la noche anterior. Nos tiramos hasta las 7 de la tarde hablando de nosotros y nuestras historias. El tío lleva 4 años en Corea y habla un coreano más que aceptable, me enseña también sus cicatrices de guerra de su accidente con moto en Tailandia, total ná. A eso de las 7 nos llama Sulaiman, un singapureño que se queda esa noche también. Nos vamos a la estación de autobuses, cayendo la de Dios, y de ahí a cenar a un buen sitio y barato, mi última cena coreana.

Cenamos en un sitio cerca de casa, y nos ponemos las botas a base de ternera, platillos y para rematar arroz, la “fiesta” nos cuesta a 6€ por cabeza, pagamos entre Sulaiman y yo y a la salida, nos llevamos un afé para el camino, está increíblemente bueno y es gratis, que pena que lo haya descubierto la última noche.



Tras un rato de charlar los 3 a la cama, mi tren al día siguiente es a eso de las 8.30, ya que no quiero arriesgarme de ir justa y que pase algo raro.

Lunes 28 de septiembre. Tempranito en pie y a la estación a coger el tren. Chris se empeña en acompañarme a pesar de que llueve a coger un taxi para asegurarse de que llego sana y salva, sale en camiseta de tirantes, bermuda y chanclas, así a pelo y Sulaiman nos acompaña también. Me da mucha penita despedirme porque, a su manera, se ha portado genial. En la estación compro algo para desayunar y para el viaje y al tren, cuatro horas en las que a ratos me da por echar la lagrimita y no puedo dejar de recapitular lo que ha pasado en 15 días de viaje.

Llego a Seúl y es como volver a casa, la ventaja de conocerlo es que moverse por el metro y la ciudad es súper fácil y, directamente, me voy al albergue a dejar la maleta y salir corriendo a la única cosa que aún no he podido ver, el palacio de Gyeongbokgung (경복궁) uno de los principales del país y asignatura pendiente de los últimos 15 días.




Llego al albergue, me cambió de ropa porque en Seúl la diferencia de temperatura es considerable y hace un calor bochornoso, y corriendo al palacio, pillo la ceremonia del cambio de guardia, veo un trozito, foto y para adentro porque en unas 2 horas cierran y no quiero ir apurada. El palacio lo podéis ver en “Españoles por el Mundo en Seúl”, una preciosidad que a mi me dejó alucinada. El jardín con lago una maravilla y de paso me cuelo en el Museo de Arte Folclórico de Corea donde se cuenta la historia del país, y hay una exposición temporal de “muñecas del mundo” y ¿qué muñecas representan a España?.....jajajaja! la flamenca que nuestras abuelas ponían encima de la tele, jajajaja!! manda huevos!.



De ahí, un breve paseo por Insadong como despedida de Seúl y descubro a un señor con un conejito de angora precioso con el que me hago la foto de turno y corriendo al albergue a cambiarme de ropa y rehacer la maleta completamente para poder irme al aeropuerto. Me lleva 45 minutos organizar el tetris que es mi maleta ahora entre tanta cosa y a las 8 o así tranquilamente me cojo el bus al aeropuerto. Una lagrimita se me escapa mientras veo desaparecer las luces de Seúl……



En el aeropuerto descubro con fastidio que a las 10 de la noche cierran todo, tiendas y restaurantes y mi vuelo es el último del día, a las 12 de la medianoche. Inaudito para un aeropuerto de primer orden. Ya en el avión, más lagrimitas, como me pasa cada vez que me voy de un lugar que me ha encantado. Y próximo destino: Dubai, donde me espera la aventura de 24 horas más loca de mi vida…..

viernes, 7 de mayo de 2010

Gracias Mr Sushi!!!!!

¡¡¡Estoy emocionada!!! acabo de descubrir que mi amigo Mariano, alias Sushi de Anguila, me ha dedicado el personaje del mes en su blog!!!!!!! Un sorpresón que me ha alegrado el día y por ende, una de las semanas más locas, laboralmente hablando, de mi existencia. Nunca antes habían hablado de mi así.....¡¡¡¡Gracias, amigo!!!!
(la foto que ilustra la columna está tomada por el ojo experto de Sushi en su castle, con una bolsa de "gusanitos" coreanos)

lunes, 19 de abril de 2010

20 de abril de 2010

Mañana cumplo 35 años, señoras y señores, y no se si alegrarme o no, de verdad. Lo de los 35 me gusta poco, pero.....un día de estos os doy un sorpresón...je je...quien sabe, a lo mejor aparezco por las Vanuatu lo mismo. A los que se acuerden de mi mañana, gracias por anticipado, a los que no, pues el año que viene más...



Feliz cumpleaños.

생일을축하하다

domingo, 18 de abril de 2010

La paella coreana

Es curioso la idea preconcebida que puede tener una persona sobre la casa de otra, antes de conocerla. Yo me esperaba un rollo no se, tradicional, y me encuentro que el apartamento de Seongah y su marido es como muy normal, casi como sería mi casa, eso si, aunque hay un sofá, la vida se hace sentada en la mesita baja que hay enfrente de dicho sofá.



Las primeras horas en su casa transcurren en medio de una conversación interminable sobre nosotras, nuestras vidas y nuestra formade vivirla. Me llama la atención los puntos de conexión que tenemos, a pesar de estar viviendo en países tan lejanos.

Seongah me instala en la habitación de su hija, en la que hay un piano enorme, y es que la niña da clases de piano una vez a la semana, justo el día que llego yo, con lo que un rato después aparece la profesora y detrás el marido de Seongah, otro doctor, que habla un inglés más que razonable, al igual que la niña, y con los que mantengo una animada charla durante la cena, coreana, por supuesto, y es que los próximos 3 días, Seongah se dedicará a hacerme un repertorio de comida coreana salvo la última noche que yo cocinaré. Me falta por conocer al hijo de la pareja, un adolescente, alojado unos días en casa de un amigo.

Yo pensaba que con la cena y poco más una se iba a dormir y hasta el día siguiente, pues bien, descubro que los coreanos son gente muy sociable y que visitan a sus amigos hasta bien entrada la noche y a los que les gusta trasnochar. Mientras Seongah y yo estamos viendo los horarios del bus turístico de la ciudad llama su marido, y me pregunta si me gusta el helado, le digo que si y cuelga, cuando le pregunto quien era me dice que su marido que ha salido a dar una vuelta con su hija y que vuelven ahora, aparece con una pedazo de tarta de helado con Zeta-Peta del Baskin & Robbins, una cadena de helados que triunfa en Corea. Nos sentamos los 4 a devorar la tarta, y nos dan la 1 de la madrugada de charleta.

Martes 19 de septiembre: Empezamos el día con un auténtico desayuno coreano, Seongah me anuncia que ha conseguido entradas para el concierto de música tradicional coreana que me comentó la noche anterior, así que quedamos a eso de las 7 de la tarde en una de las paradas de metro de la ciudad. Tengo todo el día para mi. La ruta turística no es demasiado sorprendente, y el guía, para variar, no habla ni jota de inglés, así que tras bajar 4 veces del bus decido que paso del tema y me voy a una zona donde hay un mercadillo, pululo un rato y veo con pena un puesto de gatos y perros, además de otros animales, que tienen pinta de no ser vendidos como animales de compañía y me voy a la parada en metro en cuestión, resulta que la estación tiene un centro comercial en el subsuelo que es alucinante así que decido que volveré al día siguiente a explorarlo con más detenimiento. Seongah me quiere llevar a un restaurante que hay al lado del teatro, pero, como está cerrado, acabamos en un chino comiendo unos "fideos negros" (por la salsa que lleva el tazón) y me explica que no son chinos sino la variación coreana de un plato chino, je je, eso me suena a chino-español reinventado.

El concierto lo dan unas señoritas que tienen pinta de ser super mega famosas en Corea a juzgar por la cara de la peña en el teatro, tocan un instrumento musical tradiconal, no recuerdo el nombre y me da una rabia...y luego un par de bailarines interpretan unas danzas tradicionales, la verdad es que es una pasada. Yo salgo alucinada, y a la salida hay otra occidental. El resto todo coreanos, y es que en los últimos dos días, apenas he visto a occidentales, de hecho en 3 días cuento a 9 en total.


Volvemos a casa y aparece el hijo de Seongah, cuando le veo entiendo porque me ha dicho que es un poco rebelde, no pega con el resto de la familia, todos como más clásicos y él con los pelos pincho y una ropa más bien punky. Curioso el adolescente. A eso de las 12 y media de la noche aparecen unos amigos de la pareja y yo, tras las presentaciones de rigor me retiro a la cama. Yo caigo en redondo pero, según me cuenta Seongah al día siguiente, los amigos se fueron a eso de las 3 de la mañana, yo ni me enteré.

Miércoles 20 de septiembre: hoy toca visita al templo de Haeinsa y la famosa Tripitaka coreana, la guía dice que el templo es de una belleza impresionante y que es el más famoso del país. La verdad es que el sitio donde está es una pasada y la tranquilidad inmensa, solo me tropiezo con un occidental en la visita. Me vuelvo a Daegu, es mi última noche y cocino yo, Seongah me ha pedido hacer una paella, así que anoche le pasé los ingredientes que necesitaba y yo decido ir por mi cuenta al supermercado a ver que encuentro para acompañar. Encuentro aceitunas negras y verdes de la marca Borges, y compro una patatas fritas para hacerlas a la murciana y además me paso a comprar una tarta de helado para el postre. Con lo barato que es todo en general , encuentro que la tarta es muy cara, unos 14 € al cambio.

La hija de Seongah se pone a mi lado como ayudante y Seongah va tomando nota de lo que voy haciendo, vamos a hacerla de pollo y al ser el arroz asiático, se hace mucho más rápido que aquí, además, no conseguimos azafrán por lo que queda de color blanco, pero eso sí muy buena. El menú se compone de: patatas fritas con un poco de limón y pimienta, que les explico que es típico en Murcia, unas aceitunas negras y verdes, un poco de carne de ternera que hace Seongah buenísima, una ensalada lechuga y atún y la paella, total una cena española siguiendo los preceptos coreanos del ying y el yang. Trás la cena Seongah me dice que ahora entiende porque le decía que solo los guiris cenan paella, se encuentra muy pesada, así que salimos con su marido a dar una vuelta y acabamos en una cafetería monísima, estilo occidental, cerca de casa, tomando un café. De vuelta a casa yo me dedico a preparar la maleta de nuevo y Seongah mientras charla por el skype con una amiga. Su marido se va a ver a un amigo y aparece a eso de las 12 y pico con un amigo que es el presidente de la asociación que vela por los refugiados de Corea del Norte en Corea del Sur. Muy interesante. Discretamente me retiro a dormir, mañana me espera otro día movidito.

Jueves 21 de septiembre: Seongah se empeña en llevarme a la estación para coger mi tren a Gyeongju, capital del antiguo Reino de Silla, uno de las más importantes de la historia coreana. De camino me muestra dónde estará su futura casa para cuando vuelva a Corea, en la planta 30 del edificio más alto de la ciudad que se está construyendo en ese momento.

La despedida se me hace muy dura, porque se han portado genial, ella y su familia, conmigo. En el tren unas lagrimicas se me escapan, ya me quedan solo 4 días y me está encantado el país. Me zampo una bolsa de unos gusanitos de arroz con miel que he descubierto en el supermercado y que, recientemente, he encontrado en un supermercado en el centro de Londres.

Llego a Gyeongju con un calor horroroso y yo arrastrando maleta, me lleva más de media hora encontrar el albergue tipo casa tradicional coreana y gracias a una coreana que no habla ni jota de inglés pero que en cuanto le digo el nombre del hotel, me coge de la mano y me lleva directamente...
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