“Que no, que yo no tengo interés en Estados Unidos” esto
solía decir yo antes del año pasado. Y entonces, ¿cómo narices acabo haciendo
una ruta de un mes por medio país?
Inicialmente iba a ser una vuelta al mundo en toda regla,
tenía un mes por delante, y una compañera, A, que por razones varias, no se apuntó finalmente, y entonces vino George de visita a Murcia, tuve una conversación en plan
“oye y si haces escala en los "Estates" porque no pasas por Cleveland y nos vamos
a Toronto”…ay!!!!!!!!!!!!!!!!! A Canadá ni me lo menciones que me cabreo…..con las ganas que
tengo de ir!!!!!. En el momento que me compré la guía del Lonely Planet de USA,
la decisión ya estaba tomada. Y es que con 2 bodas entre junio y octubre,
visitar Canadá más allá de esa fecha no me parecía muy buen plan. Mejor en otra ocasión...
Así pues, tras varios quebraderos de cabeza, muchos, me
decidí por una ruta que fuera factible, y que incluyese, al menos varias de las
ciudades que si quería visitar.
La ruta: Seattle – Portland – San Francisco – Los Ángeles –
San Diego – Phoenix y El Gran Cañon – Washington – Petersburg/ Richmond – Nueva
York.
Fechas: del 8 de octubre al 5 de noviembre.
Seattle: la llegada fue casi de película, casi 2 horas de
retraso en el enlace a NY en Lisboa, cortesía de TAP, hicieron que casi perdiese
el vuelo NY-Seattle y a la vuelta me provocó un problemón.
La ciudad era como me la esperaba, salvo por el clima. Me
esperaba lluvia y más lluvia, y sin embargo, el tiempo fue estupendo. El
albergue que cogí un acierto, pegado al mercado de la ciudad y con habitaciones
muy apañadas. Memorable el brownie con el que desayuné el primer día. Y los
Levi’s que conseguí a 16 dólares!!!!
Por supuesto, para los amantes de Starbucks, esta es una
visita obligatoria, aquí nació la cadena y os garantizó que el primer
establecimiento, siempre tenía peña pululando por allí.
Portland: El trayecto en tren desde Seattle preciosísimo, muy
muy recomendable. Allí me esperaba mi primer “sofá”, Susan y Jon. Como Jon
estaba currando, Susan y yo pasamos todo el día juntas y comimos con uno de los
amigos de George, que hizo todo el camino desde Eugene solo para conocerme. Por
la noche me llevaron a cenar a un restaurante sureño, ya que Susan es una
enamorada de Nueva Orleans y al día siguiente fuimos a comer a un típico
restaurante americano con un pedazo de sándwich….tremendo y antes de correr al
aeropuerto, porque casi pierdo el vuelo a San Francisco, me llevó a la cascada
del Multnomah y el parque natural….precioso.
Un plus, es uno de los estados libre de impuestos, así que
si tenéis que hacer compras más o menos caras, este es el sitio…
Y una curiosidad, es uno de los estados en los que está
prohibido, por ley, echarse la gasolina uno mismo, y no es coña.

San Francisco: Al llegar a San Francisco, tuve desde el avión
una visión panorámica y espectacular de la ciudad, de la bahía y del famoso
puente. Aquí el tiempo fue, una maravilla, hasta el punto de que el primer día
me quemé y todo, para no variar, según me dijeron no era lo habitual para las
fechas en las que yo estuve (mediados de octubre ya). Lo peor el albergue,
aunque de los mismos dueños que el de Seattle, un poco más cutre y la
localización…un desastre, en la calle donde estaba todos los night clubs de la
ciudad y con el albergue lleno de juerguistas…la última noche opté por
cambiarme e irme al oficial a solo una manzana de Union Square, mucho más
recomendable.
Lo mejor, por supuesto el puente, que hice a patita y la
cena con V y F que se habían casado el 1 de octubre (doy fé de ello, que estuve en la boda) y coincidíamos en
su última noche del viaje de novios. Los llevé a cenar a The Cheesecake
Factory, y con las sobras yo comí y cené 2 días. Fue muy divertido salir de
Macy’s y que me pitasen desde su coche al cruzar la calle. Surrealista cuanto
menos.
El barrio (hiper-mega gay) de Castro, super colorista. Se
nota el empuje de esta comunidad en la ciudad. Y el barrio chino…pues eso, muy
chino, jajajaja! Lo más bonito, por supuesto, la estampa del tranvía subiendo y
bajando por las empinadas calles de la ciudad…no aptas para cardiacos y si para
poner las posaderas en su sitio.
Los Ángeles: tengo que decir que esta no era santo de mi
devoción, la verdad, y estuve tentada de no incluirla ya que había escuchado
muchas cosas, y la mayoría malas, pero entonces hablé con Sheryl, mi amiga de
Petersburg que a su vez habló con una de sus mejores amigas, Alesia, que me
ofreció su tutela y una cama en su estupendísima casa de North Hollywood. Su
hijo, Shayne, un veinteañero de color, super encantador, fue el encargado de
pasearme por Venice y Santa Monica Beach, Hollywood, Rodeo Drive, Universal
Studios…pero señores, yo no le vi el glamour a la ciudad, por mucho que lo
intenté, la verdad, me llevé un chasco considerable.
El momentazo para mi, fui al pasar por la autovía justo al
lado del aeropuerto de LAX, un avión apareció de la nada para aterrizar…y como
no podía ser de otro modo, era de la Air New Zealand….de todas las compañías
del mundo, tuvo que ser precisamente esa…¿será una señal?
San Diego: A solo media hora de la frontera con México, la
proximidad se nota y mucho. Mucho rollo latino, un tiempo fantástico y una
ciudad pequeña pero cómoda. Mi visita obligada, y por la que incluí la ciudad,
en esencia, el mundialmente conocido Zoo de San Diego. Si os gustan los bichos,
este es vuestro sitio, el zoo es inmenso y tiene de prácticamente todo,
inclusive una colección de más de 10 koalas por la que estuve babeando durante
un buen rato. Hasta un kiwi tenían, pero el muy…no se dejó ver, y eso que pasé
varias veces, pero ná.
Allí me quedé en casa de mi segundo “sofá”, Cheryl, una
señora encantadora que vivía con su perra, Sophie, adoptada en España
casualmente y que estuvo, muy a mi pesar, haciéndome de chofer por toda la
ciudad y alrededores. Y digo esto, porque no estoy acostumbrada a eso, si no, más
bien a buscarme la vida con el transporte local.
De ahí vuelo a Phoenix, capital de Arizona, el estado del Gran
Cañon, como rezaban las matrículas el estado….
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