Jasper y el parque nacional con el que comparte el nombre
pertenece a The Rockies, las Montañas Rocosas de Canadá, y una zona de belleza
surrealista, ya me habían “prevenido” pero poder verlo con mis propios
ojos...ay! Alguien buscando destino para su luna de miel, este es el sitio,
pero, eso si, no es barato en absoluto, o bien alquilas un coche o bien
contratas excursiones....en cualquier caso ninguna de las opciones es barata.
Ante la imposibilidad de quedarme con algún sofá, ni siquiera
pagando y teniendo en cuenta que el albergue estaba preparado con habitaciones
para 20 personas y que está a unos 7 km a las afueras (más tarde pasaría por la
carretera por lo que muchos caminan para ahorrarse el taxi...y que quieres que te
diga, pasearme por una carretera por lo que te puede salir un oso o un alce
macho cabreado no es lo mío) opte por la siguiente opción más económica, un
B&B, porque los hoteles, prohibitivos. Me alojé en el Seldom In, una casa
con varias habitaciones regentadas por una pareja de americano californiano
surfero y canadiense seudo-hippy que me ayudaron en todo lo que buenamente
pudieron, invitándome incluso a comer uno de los dos días. La verdad es que la
elección no pudo ser más acertada, en una buena zona del pueblo, con buenas
vistas e habitaciones inmaculadas. Totalmente recomendable. El precio 75$ la
noche compartiendo baño.
Conforme llegué al pueblo a eso de las 5 y media de la tarde
me fui corriendo a cerrar las excursiones del día siguiente que tenía
reservadas para el día siguiente, una para ir a la zona del lago Maligne y la
otra para buscar vida salvaje. Al día siguiente tempranito me vienen a buscar y
la guía, Alicia, nos lleva a una pareja y a mi solamente al tour en cuestión.
Al ir a recoger a la pareja nos tropezamos con varias hembras de alce y un
macho rondándolas, la guía nos explica que estamos en la única época del año en
la que se aparejan y que los machos son tremendamente agresivos, por lo que es
preferible mantener toda la distancia posible.
He de decir que la carretera hacia el lago es una pasada, y antes de
llegar a este pasamos por el Lago Medicine, llamado así porque sus aguas
desaparecen casi en su totalidad a partir de estas fechas, de hecho, ya se veía
medio vació. La pareja ha optado por la opción del crucero a la Spirit Island,
yo opto por la opción trekking por el lago con la guía, más económica y más
ventajosa para mi cuerpo, jejeje!. Como vamos las dos solas, nos da tiempo a
hablar de todo, tarifas de móviles incluidas, jajajaja! Y tenemos unas vistas
de impresión, totalmente fuera de este mundo, salvo en NZ, no he visto nada
parecido en ningún otro lugar. Como terminamos antes de que vuelvan del crucero
los otros, nos tomamos algo dulce y les esperamos y de ahí a ver el Maligne
Canyon, un cañón pequeñito (nada de Grand Canyon) pero con la diferencia que
está hecho a nivel del suelo. Bastante curioso.
Me dejan en casa a eso de las 2.30 y mi anfitriona, Sherryll,
me invita a comer “French toast” una tostadas de pan muy espesas y aderezadas
con mantequilla, sirope de arce y arándanos, para terminar de rematar. Muy
canadiense.
A las 4.30 me vienen a buscar para el siguiente tour, para ir
en busca de vida salvaje, la verdad es que no tenemos mucha suerte, ya que los
bichos con los que nos tropezamos ya los he visto por la mañana, nada osos, nos
quedamos con las ganas. Eso si, queda claro que tan solo con conducir por la
carretera-autovía que pasa por al lado del pueblo, es relativamente fácil
tropezarse con algún animal comiendo al lado.
Al día siguiente, lunes 1 de octubre, tengo que coger el
autobús a Edmonton, ya que es la ciudad más cercana con aeropuerto que he
elegido para poder salvar la enorme distancia y volar al otro lado del país.
Antes de irme, mi anfitrión, Dough, me ha comentado de una ruta de trekking que
me lleva unas dos horas entre ida y vuelta y que me lleva a una zona llamada
Fort Point, con unas vistas espectaculares de la zona. Decide que me lleva él
hasta la colina desde la que tengo que coger las escaleras y así me ahorro la
ida y no me arriesgo a que se me haga tarde. Me lleva de paso a ver el lago a
las afueras de la ciudad, y de nuevo, nos tropezamos con otro alce macho
rondando solo y un grupo de hembras al lado del río. Cuando nos bajamos del
coche las hembras están alrededor nuestro y una nos mira con ojos de mala
leche, así que por precaución, Dough se pone delante mío y agarra una rama para
espantar al grupo, madre mía, jajajaja! Subo las escaleras y la colina, que me
lleva un buen rato, y me deja sin respiración, aunque desde luego solo por las
vistas merece la pena, y luego me toca volver a casa solita y a pata, se supone
que hay mucho turista por ahí de paseo pero vaya por Dios, cuando yo decido
volver no hay ni uno, así que decido volver por la carretera en vez de por los
senderos que van por el bosque, Dough me ha jurado que en esa zona del bosque
no hay osos aunque si alces cabreados....pero yo no me fío. Acojonada iba yo en
el trozo por el que no pasaban coches y mirando a todos lados por si acaso....al
final llegamos (mi acojone y yo) sin problemas y sin ver rastro de bichos,
salvo ardillas. Dough me lleva incluso a la estación a coger el autobús. Más
majos.
Llego a Edmonton cuatro horas después y está lloviendo y hace
un frío del carajo. Aquí es el único sitio de todo el viaje en el que me voy a
quedar en un sofá propiamente dicho, mi anfitriona es Deb, una señora de 53
años que me dijo que si al día siguiente de pedírselo.
Me ha dado instrucciones precisas de como llegar a su casa
pero resulta que me tiro unos 45 minutos esperando el bus y no llega, cuando la
llamo para decirle que estoy en la ciudad pero que el bus no viene me dice que
a esa hora ya no pasa por ahí y que mejor viene a buscarme. Mientras ella viene
ya hace rato que me he dado cuenta de que el centro de la ciudad es bastante
chungo cuando cierran las tiendas, no paran de pasar tíos raros y alguno se me
queda mirando con cara de demasiado interés.
Deb tiene una energía alucinante, casi me deja K.O. a mi, y
enseguida me hace sentir como en casa. Un amigo inglés que viene a verla me
pide que si no me importaría cocinar paella, así que acordamos que la haré para
cenar al día siguiente. Me toca dormir en el sofá enorme que tiene en el
basement que es donde su único hijo tiene su cuartel general, pero la verdad,
es que se duerme muy bien.
Al día siguiente, la recomendación de Deb es que pase de la
ciudad y me vaya a ver el West Edmonton Mall, el centro comercial más grande Norteamérica.
Y vaya que lo es. Pista de hielo permanente, parque de atracciones para peques
y mayores, un lago artificial con shows y, para terminar de rematar un parque
acuático, todo dentro del centro. Alucinante. Paso, literalmente todo el día
ahí, y vuelvo con la compra hecha y lista para hacer la paella “canadiense”,
eso si, sin colorante porque en este viaje no fui previsora. La paella muy
buena, por cierto.
Al día siguiente toca hacer el único vuelo interno que tengo
previsto en todo el viaje. Salimos con retraso de más de una hora y pierdo el
enlace en Montreal con el vuelo de Quebec, así que me toca esperar en el aeropuerto
y llego finalmente super tarde a Quebec.
En Quebec vuelvo a coger una habitación con Airbnb. El piso
monísimo en una situación inmejorable, justo en el casco histórico de la ciudad,
pero….las dueñas un desastre, el piso parecía un campo de batalla y en la
cocina había una pila de platos sin fregar desde hacía días, así que imposible
cocinar.
En Quebec paso el siguiente día. La ciudad es
encantadora, es como una pequeña parte de Francia en Canadá, y es verdad que se
escucha mucho mucho francés, bueno, “quebecois” más bien. Y se lee, todo está
principalmente en francés, es cuanto menos curioso. Aquí el tiempo ya empieza a
torcerse y empieza a notarse el frío.
El tercer día me cojo el tren para ir a Montreal, siguiente
parada….

