domingo, 20 de enero de 2013

The Great Canadian Adventure Part II: Jasper & The Rockies, Edmonton y Quebec




Jasper y el parque nacional con el que comparte el nombre pertenece a The Rockies, las Montañas Rocosas de Canadá, y una zona de belleza surrealista, ya me habían “prevenido” pero poder verlo con mis propios ojos...ay! Alguien buscando destino para su luna de miel, este es el sitio, pero, eso si, no es barato en absoluto, o bien alquilas un coche o bien contratas excursiones....en cualquier caso ninguna de las opciones es barata.

Ante la imposibilidad de quedarme con algún sofá, ni siquiera pagando y teniendo en cuenta que el albergue estaba preparado con habitaciones para 20 personas y que está a unos 7 km a las afueras (más tarde pasaría por la carretera por lo que muchos caminan para ahorrarse el taxi...y que quieres que te diga, pasearme por una carretera por lo que te puede salir un oso o un alce macho cabreado no es lo mío) opte por la siguiente opción más económica, un B&B, porque los hoteles, prohibitivos. Me alojé en el Seldom In, una casa con varias habitaciones regentadas por una pareja de americano californiano surfero y canadiense seudo-hippy que me ayudaron en todo lo que buenamente pudieron, invitándome incluso a comer uno de los dos días. La verdad es que la elección no pudo ser más acertada, en una buena zona del pueblo, con buenas vistas e habitaciones inmaculadas. Totalmente recomendable. El precio 75$ la noche compartiendo baño.

Conforme llegué al pueblo a eso de las 5 y media de la tarde me fui corriendo a cerrar las excursiones del día siguiente que tenía reservadas para el día siguiente, una para ir a la zona del lago Maligne y la otra para buscar vida salvaje. Al día siguiente tempranito me vienen a buscar y la guía, Alicia, nos lleva a una pareja y a mi solamente al tour en cuestión. Al ir a recoger a la pareja nos tropezamos con varias hembras de alce y un macho rondándolas, la guía nos explica que estamos en la única época del año en la que se aparejan y que los machos son tremendamente agresivos, por lo que es preferible mantener toda la distancia posible.  He de decir que la carretera hacia el lago es una pasada, y antes de llegar a este pasamos por el Lago Medicine, llamado así porque sus aguas desaparecen casi en su totalidad a partir de estas fechas, de hecho, ya se veía medio vació. La pareja ha optado por la opción del crucero a la Spirit Island, yo opto por la opción trekking por el lago con la guía, más económica y más ventajosa para mi cuerpo, jejeje!. Como vamos las dos solas, nos da tiempo a hablar de todo, tarifas de móviles incluidas, jajajaja! Y tenemos unas vistas de impresión, totalmente fuera de este mundo, salvo en NZ, no he visto nada parecido en ningún otro lugar. Como terminamos antes de que vuelvan del crucero los otros, nos tomamos algo dulce y les esperamos y de ahí a ver el Maligne Canyon, un cañón pequeñito (nada de Grand Canyon) pero con la diferencia que está hecho a nivel del suelo. Bastante curioso.

Me dejan en casa a eso de las 2.30 y mi anfitriona, Sherryll, me invita a comer “French toast” una tostadas de pan muy espesas y aderezadas con mantequilla, sirope de arce y arándanos, para terminar de rematar. Muy canadiense.

A las 4.30 me vienen a buscar para el siguiente tour, para ir en busca de vida salvaje, la verdad es que no tenemos mucha suerte, ya que los bichos con los que nos tropezamos ya los he visto por la mañana, nada osos, nos quedamos con las ganas. Eso si, queda claro que tan solo con conducir por la carretera-autovía que pasa por al lado del pueblo, es relativamente fácil tropezarse con algún animal comiendo al lado.

Al día siguiente, lunes 1 de octubre, tengo que coger el autobús a Edmonton, ya que es la ciudad más cercana con aeropuerto que he elegido para poder salvar la enorme distancia y volar al otro lado del país. Antes de irme, mi anfitrión, Dough, me ha comentado de una ruta de trekking que me lleva unas dos horas entre ida y vuelta y que me lleva a una zona llamada Fort Point, con unas vistas espectaculares de la zona. Decide que me lleva él hasta la colina desde la que tengo que coger las escaleras y así me ahorro la ida y no me arriesgo a que se me haga tarde. Me lleva de paso a ver el lago a las afueras de la ciudad, y de nuevo, nos tropezamos con otro alce macho rondando solo y un grupo de hembras al lado del río. Cuando nos bajamos del coche las hembras están alrededor nuestro y una nos mira con ojos de mala leche, así que por precaución, Dough se pone delante mío y agarra una rama para espantar al grupo, madre mía, jajajaja! Subo las escaleras y la colina, que me lleva un buen rato, y me deja sin respiración, aunque desde luego solo por las vistas merece la pena, y luego me toca volver a casa solita y a pata, se supone que hay mucho turista por ahí de paseo pero vaya por Dios, cuando yo decido volver no hay ni uno, así que decido volver por la carretera en vez de por los senderos que van por el bosque, Dough me ha jurado que en esa zona del bosque no hay osos aunque si alces cabreados....pero yo no me fío. Acojonada iba yo en el trozo por el que no pasaban coches y mirando a todos lados por si acaso....al final llegamos (mi acojone y yo) sin problemas y sin ver rastro de bichos, salvo ardillas. Dough me lleva incluso a la estación a coger el autobús. Más majos.
 
Llego a Edmonton cuatro horas después y está lloviendo y hace un frío del carajo. Aquí es el único sitio de todo el viaje en el que me voy a quedar en un sofá propiamente dicho, mi anfitriona es Deb, una señora de 53 años que me dijo que si al día siguiente de pedírselo.

Me ha dado instrucciones precisas de como llegar a su casa pero resulta que me tiro unos 45 minutos esperando el bus y no llega, cuando la llamo para decirle que estoy en la ciudad pero que el bus no viene me dice que a esa hora ya no pasa por ahí y que mejor viene a buscarme. Mientras ella viene ya hace rato que me he dado cuenta de que el centro de la ciudad es bastante chungo cuando cierran las tiendas, no paran de pasar tíos raros y alguno se me queda mirando con cara de demasiado interés.

Deb tiene una energía alucinante, casi me deja K.O. a mi, y enseguida me hace sentir como en casa. Un amigo inglés que viene a verla me pide que si no me importaría cocinar paella, así que acordamos que la haré para cenar al día siguiente. Me toca dormir en el sofá enorme que tiene en el basement que es donde su único hijo tiene su cuartel general, pero la verdad, es que se duerme muy bien.

Al día siguiente, la recomendación de Deb es que pase de la ciudad y me vaya a ver el West Edmonton Mall, el centro comercial más grande Norteamérica. Y vaya que lo es. Pista de hielo permanente, parque de atracciones para peques y mayores, un lago artificial con shows y, para terminar de rematar un parque acuático, todo dentro del centro. Alucinante. Paso, literalmente todo el día ahí, y vuelvo con la compra hecha y lista para hacer la paella “canadiense”, eso si, sin colorante porque en este viaje no fui previsora. La paella muy buena, por cierto.

Al día siguiente toca hacer el único vuelo interno que tengo previsto en todo el viaje. Salimos con retraso de más de una hora y pierdo el enlace en Montreal con el vuelo de Quebec, así que me toca esperar en el aeropuerto y llego finalmente super tarde a Quebec.

En Quebec vuelvo a coger una habitación con Airbnb. El piso monísimo en una situación inmejorable, justo en el casco histórico de la ciudad, pero….las dueñas un desastre, el piso parecía un campo de batalla y en la cocina había una pila de platos sin fregar desde hacía días, así que imposible cocinar.
 
En Quebec paso el siguiente día. La ciudad es encantadora, es como una pequeña parte de Francia en Canadá, y es verdad que se escucha mucho mucho francés, bueno, “quebecois” más bien. Y se lee, todo está principalmente en francés, es cuanto menos curioso. Aquí el tiempo ya empieza a torcerse y empieza a notarse el frío.

El tercer día me cojo el tren para ir a Montreal, siguiente parada….

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