En Montreal me alojo
en casa de una pareja canadiense-brasileña, que me dejan sola la segunda noche,
ya que el 7 de octubre es el día de Acción de Gracias en Canadá. Ya hace un
frío considerable y eso se nota. La ciudad, aunque grande, es muy apañada y
como estoy en el centro, las distancias no son muy grandes.
No se cómo pero me hago daño en el pie y voy cojeando por la
ciudad, sobre todo el segundo y tercer día, así que como puedo subo al Mount
Royal hasta la cima, paso a ver los tambores del Mount Royal y subo a la Tour
de Montreal, en la zona me tropiezo con un montón de gente pintada de colores
que ha estado haciendo algún tipo de carrera solidaria en la que acaban a
batallazo limpio de tizas de colores….menudas pintas.
De nuevo y aunque en
menor medida, se habla mucho francés en Montreal aunque ya es menos fácil encontrar gente que
solo hable francés.
Y el tercer día me cojo el bus a Toronto, última parada del
periplo canadiense y donde me esperan un par de platos fuertes del viaje.
En Toronto me alojo en casa de una señora un poco friki y
maniática aunque la casa (y mi habitación) están impecables y el barrio es muy
chulo y tranquilo a unos 25 minutos en metro del centro.
El primer día quedo con un chico a través del CS para que me
enseñe Toronto y me ponga en perspectiva. El centro, o el Downtown, está super
concentrado por lo que es fácil moverse y ver los edificios principales. Subo a
la torre de Toronto que está considerada una de las 10 más altas del mundo y
paseo por la famosa ciudad subterránea que tiene de todo. Como aquí estoy los últimos
cuatro días me da tiempo a relajarme aunque no a verlo todo.
El jueves George, un amigo desde mi época de Polaris, me
viene a buscar en su coche desde Cleveland, Ohio para llevarme a pasar el día a
las Cataratas del Niagara. La verdad es que aunque las he visto en fotos y en
la tele cientos de veces impresiona verlas en vivo y directo. Me hago el famoso
crucero para mojarme hasta las cejas y nos metemos en los pasillos que han
construido para poder verlas desde atrás y para rematar cenamos en la torre que
tiene unas vistas privilegiadas y las vemos de noche también. Y me cojo uno de
los últimos buses a Toronto para que George no tenga que conducir tanto y llego
justo a tiempo para enlazar con uno de los últimos metros y el último bus a casa.
Y con esto se acaba el viaje, aún me quedarían 24 horas en
Londres comprando y peleándome con la maleta pero eso es otra historia…
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