viernes, 14 de septiembre de 2012

Malta: Everything under the sun


Gaby fue mi “sofá” en Oslo en mayo del 2010, es así como la conocí, gracias a CS, que tantas alegrías me ha dado hasta la fecha. Gaby me alojó 3 noches en su piso bohemio en el barrio de Torshov. Nos llevamos tan bien, que incluso me dejó en casa sola y me encargó ser la anfitriona de una chica rusa, Alya, que iba a quedarse en su casa 2 semanas mientras cubría el festival de Eurovisión que se celebraba ese año en Oslo. Después de eso nos convertimos en buenas amigas y estamos en contacto muy frecuentemente.


Al año siguiente, esto es, el año pasado, en septiembre hicimos un viaje juntas, me llevó a Estonia, a conocer “su” Tallin y volví a Noruega un par de días, y la última noche dormí en la casa de ensueño de su novio en las afueras de Oslo. Yo dormí en una cama con dosel preciosa. La casa parecía sacada de un cuento nórdico. Allí hablamos de que tenía que visitar su tierra natal, Malta, y la oportunidad salió este verano.

Fue decirlo y hacerlo, hablamos un jueves del mes de mayo de la posibilidad de visitar su isla con ella y el viernes estaba comprando el billete porque daba la casualidad de que la Ryanair lo tenía muy buen precio, unos 70€ desde Valencia. Ir a ver una isla tan turística como Malta con gente del lugar tiene muchos incentivos.

Así que tempranito, a eso de las 7 de la mañana del sábado 14 de julio salí para Valencia. Mi vuelo salía a eso de la 10 y llegaba sobre las 12. Como Gaby no llegaba hasta las 6 de la tarde, me lo organizó para que un amigo me recogiese en el aeropuerto y me llevase a ver la isla para aprovechar el día.
Lo primero, un calor asfixiante, casi me muero al llegar y sin apenas sombra donde cobijarse. George, me llevó primero a un pueblo de pescadores y fue ahí donde me quemé, porque cuando me puse protector el mal ya estaba hecho….
De ahí me llevó a varios sitios más, Mdina, Mosta…y por la noche, tras recoger a Gaby de casa de su padre, a Vittoriosa a cenar a un restaurante precioso…para entonces me dolía el cuerpo de las quemaduras. Tuve que salir corriendo a comprar aloe vera para intentar minimizar los efectos. La primera noche, apenas dormí, entre el calor, la humedad y el calor que generaba mi cuerpo….pufffff!!!!!!. El padre de Gaby vive en Sliema, que es donde nos alojamos.

El segundo día nos fuimos a dar una vuelta en el barco de una amiga de Gaby, eso porque había sombra…y nos mareamos las dos, jajajaja!!! pero antes de decidir bajarnos, me di un chapuzón que me supo a gloria, el agua estaba buenísima! Por la noche cenita en un restaurante típico maltés para ponernos al día tranquilamente.

El tercer día, fuimos a la capital, La Valetta, para poder ver la ciudad, aunque eso si, yo cociéndome en una chaqueta de manga tres cuartos para evitar el sol en la medida de lo posible. Y por la tarde, Tony, nos recogió y nos llevó a una playita preciosa en el norte de la isla, Riviera Martinique, que me encantó, muy poco llena, pequeñita, y con un chiringuito en la parte de arriba donde vimos una puesta de sol espectacular…allí acabamos cenando y volviendo a casa ya tarde. Al día siguiente, temprano, tenía el vuelo de vuelta a Valencia.
 
La isla es cuanto menos curiosa, todo muy seco, muy “marrón” (salvo el norte que era más verde), con “piedras históricas” por doquier, un calor asfixiante en verano, un tiempo estupendo el resto del año y los malteses majos aunque un poco reservados y con un acento al hablar inglés muy curioso, es casi un deje italiano. Eso si, conducen como locos y eso que las carreteras no son muy anchas que digamos…ni se os ocurra alquilar un coche si alguna vez vais. El servicio de autobuses es buenísimo y baratísimo, totalmente recomendable. Pero me encantó, la verdad, sobre todo la zona de Sliema, que tiene muuuuucha vida. ¿Os animáis a ir?.


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