Gaby fue mi “sofá” en Oslo en mayo del 2010, es así como la
conocí, gracias a CS, que tantas alegrías me ha dado hasta la fecha. Gaby me
alojó 3 noches en su piso bohemio en el barrio de Torshov. Nos llevamos tan
bien, que incluso me dejó en casa sola y me encargó ser la anfitriona de una
chica rusa, Alya, que iba a quedarse en su casa 2 semanas mientras cubría el
festival de Eurovisión que se celebraba ese año en Oslo. Después de eso nos
convertimos en buenas amigas y estamos en contacto muy frecuentemente.
Fue decirlo y hacerlo, hablamos un jueves del mes de mayo de
la posibilidad de visitar su isla con ella y el viernes estaba comprando el
billete porque daba la casualidad de que la Ryanair lo tenía muy buen precio,
unos 70€ desde Valencia. Ir a ver una isla tan turística como Malta con gente
del lugar tiene muchos incentivos.
Así que tempranito, a eso de las 7 de la mañana del sábado 14
de julio salí para Valencia. Mi vuelo salía a eso de la 10 y llegaba sobre las
12. Como Gaby no llegaba hasta las 6 de la tarde, me lo organizó para que un
amigo me recogiese en el aeropuerto y me llevase a ver la isla para aprovechar
el día.
Lo primero, un calor asfixiante, casi me muero al llegar y
sin apenas sombra donde cobijarse. George, me llevó primero a un pueblo de
pescadores y fue ahí donde me quemé, porque cuando me puse protector el mal ya
estaba hecho….
De ahí me llevó a varios sitios más, Mdina, Mosta…y por la
noche, tras recoger a Gaby de casa de su padre, a Vittoriosa a cenar a un
restaurante precioso…para entonces me dolía el cuerpo de las quemaduras. Tuve
que salir corriendo a comprar aloe vera para intentar minimizar los efectos. La
primera noche, apenas dormí, entre el calor, la humedad y el calor que generaba
mi cuerpo….pufffff!!!!!!. El padre de Gaby vive en Sliema, que es donde nos
alojamos.
El segundo día nos fuimos a dar una vuelta en el barco de
una amiga de Gaby, eso porque había sombra…y nos mareamos las dos, jajajaja!!!
pero antes de decidir bajarnos, me di un chapuzón que me supo a gloria, el agua
estaba buenísima! Por la noche cenita en un restaurante típico maltés para ponernos
al día tranquilamente.
El tercer día, fuimos a la capital, La Valetta, para poder
ver la ciudad, aunque eso si, yo cociéndome en una chaqueta de manga tres
cuartos para evitar el sol en la medida de lo posible. Y por la tarde, Tony,
nos recogió y nos llevó a una playita preciosa en el norte de la isla, Riviera
Martinique, que me encantó, muy poco llena, pequeñita, y con un chiringuito en
la parte de arriba donde vimos una puesta de sol espectacular…allí acabamos
cenando y volviendo a casa ya tarde. Al día siguiente, temprano, tenía el vuelo
de vuelta a Valencia.
La isla es cuanto menos curiosa, todo muy seco, muy “marrón”
(salvo el norte que era más verde), con “piedras históricas” por doquier, un
calor asfixiante en verano, un tiempo estupendo el resto del año y los malteses
majos aunque un poco reservados y con un acento al hablar inglés muy curioso,
es casi un deje italiano. Eso si, conducen como locos y eso que las carreteras
no son muy anchas que digamos…ni se os ocurra alquilar un coche si alguna vez
vais. El servicio de autobuses es buenísimo y baratísimo, totalmente
recomendable. Pero me encantó, la verdad, sobre todo la zona de Sliema, que
tiene muuuuucha vida. ¿Os animáis a ir?.
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