El viaje comienza parando en varios sitios para recoger a varios viajeros más y en Geysir y Gullfoss. Estos dos sitios son, junto con la Laguna Azul, los sitios más visitados por los turistas. Geysir, es donde está el geiser más alto de Islandia aunque antiguamente alcanzaba mayor altura, pero, según cuentan, los turistas le lanzaban piedras para tapar la salida de agua hasta que lo consiguieron. Afortunadamente se recuperó y actualmente lanza agua hasta unos 25 metros de altura. El único geiser que yo había visto es el Pohutu en Rotorua (Nueva Zelanda por supuesto) y recordaba vagamente que para pillar la foto del chorro saliendo hay que estar atentos a cuando escuchas un ruido. Y aquí tuve mucha suerte, este geiser expulsa agua cada 5-6 minutos, por lo que es fácil estar preparado. La secuencia de fotos se ve mejor si copiáis las fotos en vuestro ordenador y vais pasándolas a velocidad rápida, veréis como sube el agua (lo siento pero son unas 15 ftos en total y no podía copiarlas todas por el espacio). Es impresionante. Como curiosidad contaros que la palabra “Geysir” es la única palabra del islandés que se ha exportado internacionalmente, en cada sitio con una pronunciación ligeramente variable pero con la misma raíz. Da nombre al fenómeno de expulsar el agua.
De ahí pasamos a Gullfoss, la cascada más famosa de Islandia aunque no la más caudalosa. Es impresionante (ya se que he utilizado varias veces esta palabra pero no se me ocurre otra mejor para definir lo que se ve en el país) como podéis ver en la foto.
Y unos pocos kilómetros más allá se acaba el asfalto y empieza la parte realmente “dura” del viaje. A partir de ahí se suceden los paisajes que una espera después de todo lo que le han contado. La guía del Lonely Planet dice que uno no sabe lo que significa la palabra desolación hasta que llega aquí y mucho de razón tiene. De todo lo que, hasta la fecha, he podido ver en mis viajes sólo “El Valle de la Muerte” de Sudáfrica se parece a esto remotamente. No por estar deshabitado es feo, todo lo contrario, aquí el paisaje te deja sin respiración, porque pasas de la desolación más “aterradora” al paisaje espectacular con los glaciares de fondo y a las paisajes con campos inmensos de heno para acabar en las espectaculares “tierras altas” de Islandia y sus fiordos.
El autobús para en una pequeña población en medio de la ruta, bueno más bien, amago de población porque son tres cabañas (literalmente), un mini camping, una piscina termal en medio de la nada gratis (¡!!??) y una zona de actividad volcánica. Ahí me encuentro con las típicas cabañas islandesas semienterradas y con el techo recubierto de turba para aguantar el frío invierno. Monísima. Una de esas me compraba yo y me aislaba del mundo. Bueno aislarse es difícil porque, aunque yo creía que no, descubro que hay
una excelente cobertura de móvil en toda la ruta. Un alivio saber que si te pasa algo puedes llamar, el problema viene porque tardarían como dos horas en llegar a donde tu estás en el mejor de los casos. La ruta con sus paradas y demás dura 9 horas. Cuando yo llego a Akureyri son ya las 5 de la tarde y sólo me quedan fuerzas para tirar de la maleta (menos mal que dejé cosas en Reykjavik) al albergue, que como no podía ser de otro modo, está a unos 15 minutos del centro.
Jueves 14: Akureyri (donde los semáforos son corazones) y las ballenas de Husavik. Tempranito me voy corriendo a la estación de autobuses a contratar la excursión a la población pesquera de Husavik y principal lugar de salida de barcos para avistamiento de ballenas de todo el país. En cuanto a eso, como sabéis Islandia es uno de los países que se han saltado a la torera lo de la moratoria de matar ballenas. Ahora es cuando se están dando cuenta de que resulta muchísimo más rentable que hordas de turistas paguen por verlas en el mar que matarlas pero ellos siguen en sus trece, personalmente, después de estar allí, creo que es una cuestión de orgullo nacional, como una forma de decirle al mundo que existen.
No hace falta decir que al salir del pueblo y pasar al otro lado del fiordo (Akureyri esta situado en el borde de uno de los fiordos más profundos del norte) me doy cuenta de lo bestialmente bonito que es el paisaje que lo rodea todo. El día anterior y este he conseguido el mejor asiento de todo el autobús: al lado del chofer, por lo las vistas son más espectaculares si cabe.
Como he llegado de las últimas consigo “colarme” en el barco de las 12 por lo que tengo como tres horas de espera paseando por el pueblo. Al llegar al pueblo el conductor del autobús, con el que vengo hablando casi todo el camino, me explica que la iglesia del pueblo es muy especial porque está basada en una arquitectura nada corriente en la isla y que son muchos los islandeses los que vienen a verla. A mi no me parece nada especial la verdad, pero si que he de reconocer que no se parece en nada a las de Reykiavik. Al lado del precioso y cuidadísimo puerto encuentro una pequeña sorpresa que ya conocía gracias a Sardá y su “Dutifri”: el único museo fálico del mundo!!!. Unas semanas antes Sardá había estado grabando en Islandia uno de sus últimos Dutifri y se llevó a Mercedes Milá como acompañante, y una de sus paradas era precisamente este museo. Sardá entrevista al dueño, que habla un decente español mientras este le enseña los huesos de varios penes de animales. La entrevista no tiene desperdicio. Con lo que no me quedé es que el museo estaba precisamente allí. Así que imaginad mi cara de sorpresa cuando me veo el museo. El folleto está incluso en español. Siento decir que al final no me dio tiempo a entrar y que tampoco tenía mucho interés…jajaja!!!
Por fin subimos al barco en busca de ballenas. La verdad es que el trabajo es tedioso, hay que estar pendiente de cualquier cosa que veamos moverse por el mar, pero no es nada fácil. Divisamos una a no se cuantos kilómetros, varios frailecillos y un grupo de delfines que hizo nuestras delicias nadando a nuestro lado y saltando por encima del agua, pero pillar una foto decente….en fin. Por fin vemos a una ballena relativamente cerca y corriendo nos vamos. La pillamos flotando placidamente, lo que da una buena oportunidad de verla bien. Minutos después se mete al agua y es cuando todo el mundo quiere hacer la foto buena: la que se ve la aleta-cola que siempre es lo que más impresiona, porque verla en la superficie de no te una idea real de su tamaño hasta que la ves como se zambulle. La foto es bastante buena, teniendo en cuenta que el barco estaba con el motor apagado y a merced de las olas y había como otras 50 personas más intentando hacer la misma foto que yo. Vimos otra más, pero con esa si que no pude pillar la foto buena.
Regresamos a Akureyri y aprovecho para ir a ver el pueblo (sólo 18.000 habitantes) porque al día siguiente no me va a dar tiempo ya que de la excursión que contraté hace meses me voy directa al aeropuerto sin pasar por el centro. El pueblo tiene mucho encanto la verdad, y la iglesia principal recuerda un poco a la de Reykiavik con una especie de columnas como decoración, muy similares. Hay un detalle que es el que más me llama la atención y en el había reparado el día anterior al llegar: las luces de los semáforos en rojo son corazones, no es coña, aquí tenéis la prueba. Y es en todo el pueblo. Incluso en algunos, las luces verdes son un trébol de 4 hojas o un ramito de flores. No me preguntéis porqué, porque eso no lo pude averiguar. Y de vuelta al albergue a coger fuerzas.Viernes 15: El lago Myvatn y el regreso a la capi. De nuevo muy temprano me voy a coger la excursión que tengo ya pagada hace meses. Es el lago Myvatn, el principal reclamo turístico de la zona junto con las ballenas. Esta foto es Akureyri desde el otro lado del fiordo, es una de mis favoritas porque parece casi mística. Lo siguiente fue la cascada de Detifoss o cascada de los dioses ya que, según la leyenda, desde esta cascada se lanzaron a los dioses paganos.
La zona de Myvatn comprende un lago inmenso y varias zonas de actividad geotérmica. Nos paseamos por casi todas, hay incluso un recorrido a pie por un campo de lava., donde nos enseñan una brecha que supone la separación de las placas tectónicas europea y americana A mi personalmente lo que más me impresionó fue el cráter del volcán Viti lleno de agua y las instalaciones donde sacan el vapor de la lava que corre por el subsuelo para utilizarlo como energía. Es una pasada. Por supuesto la zona cuenta con su réplica a la laguna azul, y tiene sus propia laguna azul, no tan fashion y grande pero igualmente bonita y bastante más económica que la del sur. Por cierto un detalle, las guías dicen que no hay árboles en la isla y no eres consciente hasta que te lo dicen los guías y miras alrededor y ves que es cierto, que en el paisaje no están “incluidos” los árboles, a menos que sean plantados por el hombre.
A mi personalmente me ha gustado más lo que he visto del norte del país que lo del sur. Y cuando vuelva (porque pienso volver en un par de años-se abre la lista de espera, avisados quedáis) me concentraré en conocer más del norte.
A la vuelta me dejan en el pequeño aeropuerto de Akureyri (ríete tu del de San Javier) y como reservé en el último vuelo del día y si cambio la hora me cuesta bastante pues me toca esperar como 3 horas. Lo que más barato de transporte me ha costado ha sido esto, el vuelo interno, sólo 34 € el trayecto, casi la mitad que el trayecto en bus. Veo llegar los aviones modelo Fokker-50 y llegar a gente con la peña subiendo al avión y pedir la tarjeta de embarque. Aquí lo de se cierra vuelo media hora antes no funciona por lo que veo. Pero lo más sorprendente es que no hay control de policía, la gente sube directamente al avión mostrando la tarjeta de embarque. Aquí tienen una confianza ciega en la seguridad. En el vuelo me acompaña un grupito de adolescentes islandesas, y tengo de todo: morenazas, rubias platino, rubias nórdicas y pelirrojas. El vuelo dura 45 minutos y ¡oh sorpresa! Incluye un servicio de bebida gratis. Alucino. Lo mismico que la Ryanair y demás. Una lleva un mp3 y todas se ponen a cantar una canción que me resulta familiar….kele kele…la canción de Armenia de Eurovisión, que a mi me encanta. Ahora que lo pienso en una de las tiendas del centro comercial la tenían puesta en la megafonía. Parece ser que después de Eurovisión está en el Top Ten del país. Doce puntos para Islandia. Todo el grupito pide hielo para mordisquear en vez de bebida, se ve que es una costumbre nacional, porque en el vuelo de vuelta los que iban delante mío también piden lo mismo. Aterrizo cerca de las 11 de la noche en la capi y corriendo cojo el último autobús al albergue a pasar mi última noche islandesa…
Sábado 16: Empiezo el día a eso de las 7.30 de la mañana replanteando la maleta de nuevo con todo lo que me he traído de vuelta y lo que dejé en la taquilla. Madre de Dios, lo que ha engordado mi maleta. Menos mal que los 20 kilos no los supero seguro. Cuando ya lo tengo todo organizado me voy a la piscina termal más grande de todo el país que resulta que está a 200 metros del albergue y me meto d enuevo en remojo durante una horita y media antes de irme al aeropuerto. El día amenaza lluvia y hace un frío considerable, así que salir del agua es casi un suicidio pero dentro se está de miedo. Con todo el dolor de mi corazón salgo del agua y me voy a recoger las maletas para irme al aeropuerto de vuelta. En el camino de vuelta, intento retener las últimas imagenes del paisaje de lava que nos rodea y pienso que ha sido un viaje maravilloso y que he descubierto un país alucinante al que pienso volver en un par de añitos y recorrer todo lo que aún no he podido ver.
1 comentario:
Contagiada!
A ver si me puedo apuntar en un par de añitos o cuando sea.
Que tengas buen viaje a UK, chatica y llama cuando vuelvas. Y acuérdate de mi imán, porfi, que además ya tengo nevera y es gigante.
Mucha suerte, ya sabes.
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