domingo, 24 de agosto de 2008

Islandia (I)

Por fin me puedo sentar a hacer la crónica de mis vacaciones en Islandia, la tierra del fuego y el hielo. He decidido dividirla en varias entregas. Vamos a ello.

Sabado 9: llegada a Keflavik a eso de la 1.30 de la madrugada, la gozada es que dormí casi todo el vuelo, por lo que llegué más o menos despejada. El aeropuerto está a una hora en autobus de Reikjavik, así que entre pitos y flautas cuando llegué al albergue eran como las 3.30 de la mañana así que derechita a la cama. La putada es que el albergue no conocía eso de poner cortinas gruesas por lo que a las 4.30 de la mañana ya estaba el sol en todo lo suyo y dormir lo que se dice dormir, más bien poco.

Domingo 10: la adaptación a la ciudad. Me levanto tempranito y me pongo en marcha y en busca del único mercadillo del país, según indica la guía. En el albergue me dan un planito y me indican como llegar dando un alegre paseo por el paseo de la playa, el paseo me lleva casi 20 minutos, y es que el albergue pilla pelín retirado del centro. Por el camino paso por el monumento a los barcos que he visto en fotos en las guías. Y llego al mercadillo, que no resulta ser muy grande pero si cuanto menos extravagante, con mucha ropa de segunda mano (al parecer los islandeses adoran comprar ropa de segunda mano y cuanto más rara mejor) pero poco más de interesante. Y de ahí me voy al centro propiamente dicho y contrato la excursión al "Blue Lagoon", el sitio turístico por excelencia de la isla. Me doy una vuelta breve por la ciudad para hacer la primera toma de contacto y me encuentro con este mural que me chocó bastante, al día siguiente me enteré que las fotos son de niños islandeses que viven en las zonas rurales del país.
Y por la tarde la visita a la laguna azul. La verdad es que el sitio impresiona, en medio de un terreno salpicado de rocas volcánicas te encuentras unas piscinas de agua azul lechoso y de fondo la central térmica que las genera, y parece sacado de otro mundo. La costumbre islandesa dice que antes de entrar a cualquier piscina hay que ducharse en pelota picada, insistiendo en ciertas zonas (ver foto que adjunto y que encuentras pegada en muchas de las taquillas) y luego te pones la ropa de baño y a la piscina!. Es una gozada meterse en el agua a una temperatura ideal de unos 37 grados y con la rasca que suele hacer fuera del agua, da más gustillo.
Total que yo me tire como 3 horas en remojo, sin exagerar, solo salí para hacer unas fotos por aquello de guardar algún recuerdo visual, estaba en la gloria. La parte más divertida es en la que la peña se dedica a echarse la mascarilla de silice en la cara e ibamos todos con la cara blanca. Ahora eso si, la mascarilla en cuestión te deja la piel como la de un bebe. Pero el pelo no quiero ni contaros, el pobre se quedó en plan estropajo. Tuve que echar a correr al día siguiente a comprar suavizante.

Y de ahí, de vuelta a la capi y al albergue, porque eran cerca de las 10 de la noche y yo estaba reventadísima después de lo poco que había dormido la noche/día anterior.
Lunes 11: vamos a hacer un poco de turismo. Por un pequeño error de cálculo tuve que hacer cambio de alojamiento y mudarme a un hotel que no me costó precisamente barato. La ventaja es que estaba más cerca del centro, así conforme dejé las maletas me fui a ver la iglesia más importante de la ciudad, con tan mala suerte que resulta que la torre principal está en rehabilitación con lo que las fotos no eran muy buenas...

1 comentario:

Conch dijo...

Qué chulífero, nena!
Aguardo ansiosa próximas entregas!

Muax!!