jueves, 13 de febrero de 2014

Sri Lanka: A land like no other (Part III)




Según los cálculos que he hecho, con 2 días en Dambulla podemos ver todo lo que hay que ver, el recepcionista del hotel pronto nos saca de nuestro error, esa misma tarde ya podemos tenerlo todo visto, y al día siguiente podemos hacer la excursión a Sigiriya y Polonnaruwa y listo. Tras pensarlo mucho, decidimos seguir con el plan inicial y hacer las dos noches que tenemos previstas y luego irnos al hotel de Sigiriya que tiene piscina y pasar las otras dos noches allí. Entre otras cosas, lo decidimos así porque el tío se nos pega como una lapa e insiste en que nos puede dar un masaje típico srilankés gratis…sin comentarios.

Por la tarde, ya cuando empieza a bajar el sol, subimos a la roca de Dambulla. Con unas vistas alucinantes y unas cuevas repletas de estatuas de Buda, el sitio es surrealista. El día siguiente decidimos invertirlo en visitar Polonnaruwa, antigua capital de la isla y que se había quedado fuera del planning de viaje. Así pues, tras esperar más de una hora con un sol de justicia conseguimos un bus petado que nos lleva al pueblo y que nos deja cerca de las ruinas. Al principio decidimos hacer la visita por nuestra cuenta pero finalmente tenemos que negociar con un tuk tuk porque es imposible abarcarlo todo a pie y menos con el calor que hace. La verdad es que las ruinas son fascinantes y la visita merece la pena, además como no tenemos que hacer noche allí pues casi mejor porque en un día hemos cubierto todo lo que teníamos que hacer. A la vuelta, el tuk tuk nos deja en la estación principal del pueblo y nos indica que bus coger, menos mal, porque ese bus se peta hasta decir basta pero esta vez al menos vamos cómodamente sentadas.

A la mañana siguiente cogemos un tuk tuk con todas las maletas y nos vamos a Sigiriya que está a tan solo 45 minutos de allí. El hotel en el que nos quedamos está decente pero la habitación huele mucho a humedad y el aíre acondicionado va de aquella manera. Tiene piscina si, pero la parte en la que no hemos caído es que por ella pulula el staff del hotel que no quita ojo a cualquiera de las féminas a la que se le ocurra quedarse en bañador o biquini…así que da un poco de no-se-que. Decidimos ir esa tarde a la roca de Sigiriya y aprovechar para subir después de comer, ya que no sabemos cuanto tardaremos y no queremos que se nos haga de noche a la bajada.

Cogemos un tuk tuk a uno de los hoteles de lujo que hay muy cerca de la roca y allí decidimos comer, aunque los precios son más europeos que srilankeses. Eso si, es el único sitio donde nos podemos dar el lujazo de tomar Coca-cola con hielo.

Tenemos la tarea de subir unos 1200 escalones hasta la cima (chata) de la roca. Creo que me voy a morir de una insolación o de un corte de digestión o de una combinación de ambos. La parte de la escalera del león estoy casi a punto de no subirla porque mi cuerpo ya no puede más, pero al final despacito la subo detrás de Jessica. Ahora sonrío de recordarlo, pero entonces lo pasé muy muy mal. Las vistas desde arriba, por supuesto, no defraudan, ahora, a mi me lleva medio hora recuperarme y recuperar mi palidez habitual y cuando se me acercan un par de escolares para hacerse una foto conmigo casi los asesino.

Esa noche decidimos quedarnos a cenar en el hotel que tiene un buffet, y la verdad es que ni punto de comparación con el de Kandy. Si lo llegamos a saber nos vamos a una de las casas de huéspedes de la zona que organiza una barbacoa bajo las estrellas cada 2 o 3 días y que era justo esa noche.
Nuestro segundo día nos lo tomamos con mucha calma, total no tenemos nada que hacer, así que nos damos un vuelta por la calle que es el pueblo y comemos en el hotel y después de una pequeña siesta nos vamos a la piscina, aunque ninguna de las dos nos atrevemos a quedarnos en bañador, tal y como nos temíamos, hay varios miembros del personal que al vernos allí no quitan ojo de la zona.

Al día siguiente nos tenemos que volver de nuevo a Dambulla para poder coger allí el bus a Anuradhapura, que es el mismo pequeño y con aíre acondicionado que cogimos para llegar allí. Sabemos que pasa por allí pero no la frecuencia así que nos toca esperar cerca de una hora hasta que llega, porque no queremos ni oír hablar de coger uno normal tal y como van. Menos mal que este es el último trayecto que hacemos en bus. Dos horas después llegamos allí. El hotel está altamente recomendado por la guía, la pega es que no incluyen desayuno (es el único donde hemos estado que no lo lleva incluido) lo que nos obliga a organizarnos de otra forma. Vamos a estar 3 noches y ya una vez nos damos una vuelta por allí se nos antoja demasiado tiempo. Nos vamos a comer a un sitio super cutre pero con una comida abundante, tirada de precio y extremadamente picante, pero a cambio descubrimos el “pan vienés”, el equivalente a nuestras monas murcianas. Hacemos unas compras en el pueblo y cenamos en el hotel. Cuando preguntamos las opciones para visitar las ruinas diseminadas por las afueras del pueblo, de nuevo e irremediablemente, nos quieren vender una excursión carísima. Les decimos que no y preguntamos precio para alquilar bicis y nos quieren cobrar otro pastón, así que pasamos de ellos y decidimos buscar algún sitio más barato para alquilar unas bicis.

A la mañana siguiente salimos en busca de bicis. En la guía dice que hay un sitio cerca de nuestro hotel que las alquila muy baratas pero por el camino paramos en otro hotel y, como nos las dejan a casi el mismo precio, decidimos alquilarlas allí. Así que lo primero pillar algo de desayuno y, con las pilas recargadas, tiramos hacia la zona donde están todas las ruinas diseminadas. Encontrar el sitio donde comprar la entrada (nada barata) nos lleva un rato y a partir de ahí, con un mapa que no sabe muy bien uno por donde cogerlo, intentamos visitar lo más importante.

A las afueras de uno de uno de los templos nos tropezamos con un montón de monjes budistas, tiene pinta de ser una convención o algo así. A estos nos los tropezaremos los siguientes 3 días en varios templos y haciendo una pequeña peregrinación.

Hace un calor tremendamente malo, ha hecho muy calor pero esos 3/4 días están resultando especialmente calurosos, así que a las 12 de la mañana decidimos cortar porque ya no podemos con el calor. Nos metemos en un restaurante chino con aíre acondicionado y ya decidimos comer y volvernos al hotel a refugiarnos del calor el resto de la tarde. Por la noche, aprovechamos para cenar en el hotel donde hemos alquilado las bicis y al día siguiente volvemos a alquilarlas para salir esta vez a eso de las 7 de la mañana aprovechando que ya es de día y en un intento de evitar el calor un poco. La diferencia es nula, porque la humedad es insoportable, así que a eso de las 10.30 de la mañana tenemos que cortar y volvernos a comer de nuevo al mismo sitio con el aire acondicionado. Cerramos con eso las visitas a templos y demás del viaje. Por la noche una cenita temprano en el hotel tras dejar las bicis y a la mañana siguiente madrugón para coger el tren de las 6 de la mañana de vuelta a Colombo.

En la estación nos encontramos con el grupo de monjes budistas con el que nos hemos ido tropezando los últimos días, así que parece que vamos a ir muy tranquilas y sobre todo muy seguras de vuelta a la capital. En el andén, mientras esperamos, una de las organizadoras del grupo, francesa, se me acerca y empezamos a hablar. Me cuenta que es un grupo de unas 300 personas de muchas nacionalidades (españoles ni uno) y que han estado recorriendo el país en peregrinación durante 3 semanas y que iban a acampar pero que con el calor que ha hecho el gobierno les ha tenido que habilitar colegios para poder dormir y asearse para no morir en el intento.

Tras 4 horas de viaje llegamos de nuevo a la jungla, lo primero llegar al hotel preciosísimo con el que empezamos el viaje, no sin antes pelearnos con unos cuantos tuk tuk que nos pedían una barbaridad. La ventaja es que al haber estado allí, ya sabíamos más o menos cuanto nos podría costar la carrera. Esperamos un ratito y nos dan una habitación, así que una duchita para quitarnos el calorazo del viaje y a dar una vuelta por la capital para aprovechar las últimas horas. Al final acabamos visitando el mercado central más grande de la ciudad donde ocurren dos cosas: la primera es que en cuanto nos alejamos de la entrada principal, apenas se ven mujeres y todos los hombres que hay por ahí fijan su vista en nosotras, lo cual no es en absoluto agradable y segundo de repente siento como me cogen de la mano y cuando miro veo a una niña corriendo hacia su madre que me mira con cara de “perdón, perdón, perdón” y es que se ve que la niña no había visto muchos extranjeros en su vida y sintió un deseo irrefrenable de tocarme y la pobre madre no sabía donde meterse, en seguida la puse una sonrisa y yo misma me acerqué a darle la mano a la niña de nuevo.

Para comer vamos a un sitio recomendado en la guía como el mejor sitio de la ciudad para comer rotti…y no nos decepciona, un wrap con queso el mío y nada picante y el de Jessica un kothu rotti picante picante, están sublimes, los mejores de todo el viaje, desde luego. Jessica incluso liga con uno de los camareros, jajajaja!

Por la noche, Jessica me quiere llevar al sitio donde comió sin mi el primer día mientras yo llegaba, pero no hay forma de encontrarlo a pesar de tener la dirección. El conductor del tuk tuk no tiene ni idea y tras media hora dando vueltas tontamente, llamamos y resulta que están cerrados, así que optamos por cenar en un sitio muy pijo en el que esa misma tarde nos hemos tomado unos frappés brutales. Hamburguesa, pero eso si, muy buena. Y a la cama temprano, que yo tengo reservado un taxi a las 6.30 para irme al aeropuerto, ya que las 3 compañías de taxis a las que llamamos insisten en que el tráfico a las 7 puede ser problemático, así que me quedo con las ganas de desayunar en el hotel con Jessica antes de irme, ya que ella tiene hasta las 12 de la mañana para aprovechar. Y me ponen un desayuno-picnic consistente en un sándwich insípido y una fruta, ni un zumo ni nada. Así que en el aeropuerto me compro algo para tomar un desayuno más consistente.

Facturo de las primeras así que tras desayunar, me meto a la zona de salidas. La terminal no es nada del otro mundo pero al menos tiene aíre acondicionado y un bar tipo Starbucks en el que agoto la divisa que me queda, me pillo un buen frappé y una tarta de queso que me reservo para el vuelo y que acabaré comiéndome en un hotel de Dubai…

En los últimos días he tanteado la posibilidad de que no pueda coger a tiempo mi conexión en Dubai hacia Madrid, de hecho, previsora, meto en mi mochila el pijama y una muda por si la maleta se queda en Dubai, pero contando con que yo puedo correr y llegar a tiempo de mi vuelo y que mi maleta a lo mejor llegue después de mi a Madrid. Cuando el vuelo lleva ya media hora de retraso en la salida desde Colombo empiezo a temerme lo peor, pues mis cuentas empiezan a fallar, con una conexión de apenas media hora en un aeropuerto como Dubai mal asunto…al final salimos con una hora de retraso que no conseguimos recuperar…así cuando estamos llegando veo que mi vuelo aparece en pantalla sin puerta y un mensaje diciendo que contacte con el personal de tierra…ahora ya se que daba igual que hiciese. Total que salgo corriendo del avión y una azafata me espera con el consabido cartelito de Madrid y cuando me acerco me dice que espere ahí. Media hora después esperando y en la que se acumula mucha más gente que van a otros destinos soy consciente de que el vuelo no lo pillo fijo, y efectivamente, me viene una señorita diciendo que aquí tengo mi bono para el hotel esa noche y mi nueva tarjeta de embarque ¡24 horas después!.

No se muy bien que me da en ese momento pero me pongo a llorar como una magdalena, tengo organizada la vuelta a Madrid y Murcia a conciencia, un hotel en Madrid, un vuelo tirado de precio desde Madrid a Murcia, pasar el día con mis sobrinos…la pobre al verme así me dice que si tengo alguna queja que vaya al mostrador de transfers a quejarme. Así que ahí llego yo, roja como un tomate de la panzada de llorar que me he dado y medio llorando y les digo que bajo ningún concepto voy a esperar 24 horas para volar y que quiero plaza en el siguiente vuelo, que ya me han hecho la putada de mi vida y me han hecho perder dinero, el tío que me atiende me dice que el vuelo está lleno y yo le digo que eso no es mi problema y que se busque la vida. Entonces el caballero hace un par de llamadas y lo escucho teclear en la pantalla y se que me van a dar plaza al final, y efectivamente, me cambia el billete y me pone en el vuelo siguiente que es a las 7 de la mañana del día siguiente, no me soluciona el problema porque el vuelo de Madrid a Murcia lo pierdo pero al menos me da tiempo a llegar a casa a dormir el sábado.

El hotel, aunque un 4 estrellas, no es nada del otro mundo. La habitación decente y muy helada, ya que, típico de Dubai, tienen el aire acondicionado a tope. Para que os hagáis una idea, lo apagué y todavía tuve que echarme la colcha para dormir de lo fría que estaba. La comida pasable y tener que pagar por el wifi y tener solo derecho a una llamada gratuita internacional de 3 minutos, surrealista, ¿qué se supone que voy a cancelar yo en 3 minutos?. Además el detalle de tener que pelearme con la recepcionista de Emirates para que me diesen desayuno al día siguiente…bochornoso.

Al final ni salí del hotel, la verdad es que la ciudad ya la conozco, y no estaba por la labor de gastar más pasta, así que, sabiamente, me quedé a relajarme en mi habitación y acostarme muy temprano.

En fin, que a la vuelta, por supuesto reclamé, y aunque dinero no me han dado, me regalaron 15.000 millas que me dan para un par de vuelos gratis a Londres con Easyjet. Menos da una piedra.

El día de marras, a eso de las 4 ya estaba en pie, al final conseguí que me diesen desayuno que lo aproveché en 10 minutos escasos para irme al aeropuerto pitando. Recuerdo salir a la puerta y hacer un bochorno tremendo a las 6 de la mañana que no presagiaba nada bueno. Tras 45 minutos en la cola para pasar el control de pasaportes (en esto siguen siendo lentos de cojones) por fin paso a la zona de salidas, como mi maleta se la quedaron el día anterior pues no me tengo que preocupar de volver a facturar ni nada.

Cuando subo al avión y veo el asiento que me ha tocado (sabía por la letra que era de los 4 asientos de en medio uno de los 2 centrales, pero claro, como para quejarme estaba la cosa) casi doy saltos de alegría, resulta que me ha tocado en los 4 asientos de las filas reservadas para familias, con lo que tengo enfrente una de las paredes del avión y por tanto sitio de sobra para estirar las piernas. A mi lado se sienta una señora de Burgos con su bebé de año y poco que vienen de Australia, y una pareja de Sevilla con su bebé de 2 años que vienen de Indonesia, aunque el marido finalmente se tiene que sentar atrás porque resulta que en su asiento hay una señora que sale de la nada, y el marido encantado porque así puede ver pelis. Menos mal que los niños son bastante buenos y apenas dan guerra, ahora, el de 2 años se dedica a pasearse por su antojo por toda la cabina y varias veces viene una de las azafatas de 1ª clase con él porque se ha colado, jajajaja! No sabe nada el tío.

La verdad es que las 7 horas de vuelo se me pasan casi volando de chachara las 3 con los niños a su bola, y parecemos 3 amigas que venimos de vacaciones juntas, hasta tal punto que una de las azafatas, argentina, nos hace unas fotos con una Polaroid que usan para hacer fotos a los niños (yo esto no lo sabía) y me la hace hasta a mi y se queda loca cuando le decimos que nos hemos conocido en el vuelo, jajaja! Según ella parece como si nos conociéramos hace años. Muy bueno. Al final resulta que el cambio de vuelo, al menos en ese sentido, me ha beneficiado.

Llegamos a Madrid y de ahí me voy con la pareja de Sevilla a Atocha en el bus directo ya que ellos tienen que coger el AVE y yo el tren a Murcia que mi hermana me reservó el día anterior. Intercambio de teléfonos y para el tren.

En el tren me toca una señora que viene de pasar unos días fuera y con la que acabo hablando también todo el viaje y menos mal, porque si me duermo me despiertan cuando llegue a Cartagena porque ya mi cuerpo no da para más.

Llego por fin a Murcia a eso de las 9 de la noche y mi hermana junto con mi sobrina me esperan para entregarme mi coche, ese que iba a recoger esa mañana en el aeropuerto de San Javier...y por fin casita y mi camita, cuando a eso de las 12 me meto en la cama no me lo creo ni yo…y con esto fin del viaje. Así hasta el próximo que ya está organizado, jejeje!

Anexo: Se ve que dentro de la racha que llevo con el tema de los aviones desde el vuelo americano, en el fondo tengo mucha suerte. Lo que supe el martes después de volver, cuando llevaba 2 días en la oficina, es que el aeropuerto de Dubai cerró a eso de las doce de la mañana del sábado que yo volé a eso de las 7 de la mañana porque había una tormenta salvaje, lo que significa que si me hubiera conformado con el billete que me dieron para 24 horas después hubiera tenido que quedarme en Dubai hasta Dios sabe cuando…lo dicho, que encima puedo dar gracias por la suerte que tuve.

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