Según los cálculos
que he hecho, con 2 días en Dambulla podemos ver todo lo que hay que
ver, el recepcionista del hotel pronto nos saca de nuestro error, esa
misma tarde ya podemos tenerlo todo visto, y al día siguiente
podemos hacer la excursión a Sigiriya y Polonnaruwa y listo. Tras
pensarlo mucho, decidimos seguir con el plan inicial y hacer las dos
noches que tenemos previstas y luego irnos al hotel de Sigiriya que
tiene piscina y pasar las otras dos noches allí. Entre otras cosas,
lo decidimos así porque el tío se nos pega como una lapa e insiste
en que nos puede dar un masaje típico srilankés gratis…sin
comentarios.
Por la tarde, ya cuando
empieza a bajar el sol, subimos a la roca de Dambulla. Con unas
vistas alucinantes y unas cuevas repletas de estatuas de Buda, el
sitio es surrealista. El día siguiente decidimos invertirlo en
visitar Polonnaruwa, antigua capital de la isla y que se había
quedado fuera del planning de viaje. Así pues, tras esperar más de
una hora con un sol de justicia conseguimos un bus petado que nos
lleva al pueblo y que nos deja cerca de las ruinas. Al principio
decidimos hacer la visita por nuestra cuenta pero finalmente tenemos
que negociar con un tuk tuk porque es imposible abarcarlo todo a pie
y menos con el calor que hace. La verdad es que las ruinas son
fascinantes y la visita merece la pena, además como no tenemos que
hacer noche allí pues casi mejor porque en un día hemos cubierto
todo lo que teníamos que hacer. A la vuelta, el tuk tuk nos deja en
la estación principal del pueblo y nos indica que bus coger, menos
mal, porque ese bus se peta hasta decir basta pero esta vez al menos
vamos cómodamente sentadas.
A la mañana siguiente
cogemos un tuk tuk con todas las maletas y nos vamos a Sigiriya que
está a tan solo 45 minutos de allí. El hotel en el que nos quedamos
está decente pero la habitación huele mucho a humedad y el aíre
acondicionado va de aquella manera. Tiene piscina si, pero la parte
en la que no hemos caído es que por ella pulula el staff del hotel
que no quita ojo a cualquiera de las féminas a la que se le ocurra
quedarse en bañador o biquini…así que da un poco de no-se-que.
Decidimos ir esa tarde a la roca de Sigiriya y aprovechar para subir
después de comer, ya que no sabemos cuanto tardaremos y no queremos
que se nos haga de noche a la bajada.
Cogemos un tuk tuk a
uno de los hoteles de lujo que hay muy cerca de la roca y allí
decidimos comer, aunque los precios son más europeos que
srilankeses. Eso si, es el único sitio donde nos podemos dar el
lujazo de tomar Coca-cola con hielo.
Tenemos la tarea de
subir unos 1200 escalones hasta la cima (chata) de la roca. Creo que
me voy a morir de una insolación o de un corte de digestión o de
una combinación de ambos. La parte de la escalera del león estoy
casi a punto de no subirla porque mi cuerpo ya no puede más, pero al
final despacito la subo detrás de Jessica. Ahora sonrío de
recordarlo, pero entonces lo pasé muy muy mal. Las vistas desde
arriba, por supuesto, no defraudan, ahora, a mi me lleva medio hora
recuperarme y recuperar mi palidez habitual y cuando se me acercan un
par de escolares para hacerse una foto conmigo casi los asesino.
Esa noche decidimos
quedarnos a cenar en el hotel que tiene un buffet, y la verdad es que
ni punto de comparación con el de Kandy. Si lo llegamos a saber nos
vamos a una de las casas de huéspedes de la zona que organiza una
barbacoa bajo las estrellas cada 2 o 3 días y que era justo esa
noche.
Nuestro segundo día nos
lo tomamos con mucha calma, total no tenemos nada que hacer, así que
nos damos un vuelta por la calle que es el pueblo y comemos en el
hotel y después de una pequeña siesta nos vamos a la piscina,
aunque ninguna de las dos nos atrevemos a quedarnos en bañador, tal
y como nos temíamos, hay varios miembros del personal que al vernos
allí no quitan ojo de la zona.
Al día siguiente nos
tenemos que volver de nuevo a Dambulla para poder coger allí el bus
a Anuradhapura, que es el mismo pequeño y con aíre acondicionado
que cogimos para llegar allí. Sabemos que pasa por allí pero no la
frecuencia así que nos toca esperar cerca de una hora hasta que
llega, porque no queremos ni oír hablar de coger uno normal tal y
como van. Menos mal que este es el último trayecto que hacemos en
bus. Dos horas después llegamos allí. El hotel está altamente
recomendado por la guía, la pega es que no incluyen desayuno (es el
único donde hemos estado que no lo lleva incluido) lo que nos obliga
a organizarnos de otra forma. Vamos a estar 3 noches y ya una vez nos
damos una vuelta por allí se nos antoja demasiado tiempo. Nos vamos
a comer a un sitio super cutre pero con una comida abundante, tirada
de precio y extremadamente picante, pero a cambio descubrimos el “pan
vienés”, el equivalente a nuestras monas murcianas. Hacemos unas
compras en el pueblo y cenamos en el hotel. Cuando preguntamos las
opciones para visitar las ruinas diseminadas por las afueras del
pueblo, de nuevo e irremediablemente, nos quieren vender una
excursión carísima. Les decimos que no y preguntamos precio para
alquilar bicis y nos quieren cobrar otro pastón, así que pasamos de
ellos y decidimos buscar algún sitio más barato para alquilar unas
bicis.
A la mañana siguiente
salimos en busca de bicis. En la guía dice que hay un sitio cerca de
nuestro hotel que las alquila muy baratas pero por el camino paramos
en otro hotel y, como nos las dejan a casi el mismo precio, decidimos
alquilarlas allí. Así que lo primero pillar algo de desayuno y, con
las pilas recargadas, tiramos hacia la zona donde están todas las
ruinas diseminadas. Encontrar el sitio donde comprar la entrada (nada
barata) nos lleva un rato y a partir de ahí, con un mapa que no sabe
muy bien uno por donde cogerlo, intentamos visitar lo más
importante.
A las afueras de uno de
uno de los templos nos tropezamos con un montón de monjes budistas,
tiene pinta de ser una convención o algo así. A estos nos los
tropezaremos los siguientes 3 días en varios templos y haciendo una
pequeña peregrinación.
Hace un calor
tremendamente malo, ha hecho muy calor pero esos 3/4 días están
resultando especialmente calurosos, así que a las 12 de la mañana
decidimos cortar porque ya no podemos con el calor. Nos metemos en un
restaurante chino con aíre acondicionado y ya decidimos comer y
volvernos al hotel a refugiarnos del calor el resto de la tarde. Por
la noche, aprovechamos para cenar en el hotel donde hemos alquilado
las bicis y al día siguiente volvemos a alquilarlas para salir esta
vez a eso de las 7 de la mañana aprovechando que ya es de día y en
un intento de evitar el calor un poco. La diferencia es nula, porque
la humedad es insoportable, así que a eso de las 10.30 de la mañana
tenemos que cortar y volvernos a comer de nuevo al mismo sitio con el
aire acondicionado. Cerramos con eso las visitas a templos y demás
del viaje. Por la noche una cenita temprano en el hotel tras dejar
las bicis y a la mañana siguiente madrugón para coger el tren de
las 6 de la mañana de vuelta a Colombo.
En la estación nos
encontramos con el grupo de monjes budistas con el que nos hemos ido
tropezando los últimos días, así que parece que vamos a ir muy
tranquilas y sobre todo muy seguras de vuelta a la capital. En el
andén, mientras esperamos, una de las organizadoras del grupo,
francesa, se me acerca y empezamos a hablar. Me cuenta que es un
grupo de unas 300 personas de muchas nacionalidades (españoles ni
uno) y que han estado recorriendo el país en peregrinación durante
3 semanas y que iban a acampar pero que con el calor que ha hecho el
gobierno les ha tenido que habilitar colegios para poder dormir y
asearse para no morir en el intento.
Tras 4 horas de viaje
llegamos de nuevo a la jungla, lo primero llegar al hotel
preciosísimo con el que empezamos el viaje, no sin antes pelearnos
con unos cuantos tuk tuk que nos pedían una barbaridad. La ventaja
es que al haber estado allí, ya sabíamos más o menos cuanto nos
podría costar la carrera. Esperamos un ratito y nos dan una
habitación, así que una duchita para quitarnos el calorazo del
viaje y a dar una vuelta por la capital para aprovechar las últimas
horas. Al final acabamos visitando el mercado central más grande de
la ciudad donde ocurren dos cosas: la primera es que en cuanto nos
alejamos de la entrada principal, apenas se ven mujeres y todos los
hombres que hay por ahí fijan su vista en nosotras, lo cual no es en
absoluto agradable y segundo de repente siento como me cogen de la
mano y cuando miro veo a una niña corriendo hacia su madre que me
mira con cara de “perdón, perdón, perdón” y es que se ve que
la niña no había visto muchos extranjeros en su vida y sintió un
deseo irrefrenable de tocarme y la pobre madre no sabía donde
meterse, en seguida la puse una sonrisa y yo misma me acerqué a
darle la mano a la niña de nuevo.
Para comer vamos a un
sitio recomendado en la guía como el mejor sitio de la ciudad para
comer rotti…y no nos decepciona, un wrap con queso el mío y nada
picante y el de Jessica un kothu rotti picante picante, están
sublimes, los mejores de todo el viaje, desde luego. Jessica incluso
liga con uno de los camareros, jajajaja!
Por la noche, Jessica
me quiere llevar al sitio donde comió sin mi el primer día mientras
yo llegaba, pero no hay forma de encontrarlo a pesar de tener la
dirección. El conductor del tuk tuk no tiene ni idea y tras media
hora dando vueltas tontamente, llamamos y resulta que están
cerrados, así que optamos por cenar en un sitio muy pijo en el que
esa misma tarde nos hemos tomado unos frappés brutales. Hamburguesa,
pero eso si, muy buena. Y a la cama temprano, que yo tengo reservado
un taxi a las 6.30 para irme al aeropuerto, ya que las 3 compañías
de taxis a las que llamamos insisten en que el tráfico a las 7 puede
ser problemático, así que me quedo con las ganas de desayunar en el
hotel con Jessica antes de irme, ya que ella tiene hasta las 12 de la
mañana para aprovechar. Y me ponen un desayuno-picnic consistente en
un sándwich insípido y una fruta, ni un zumo ni nada. Así que en
el aeropuerto me compro algo para tomar un desayuno más consistente.
Facturo de las primeras
así que tras desayunar, me meto a la zona de salidas. La terminal no
es nada del otro mundo pero al menos tiene aíre acondicionado y un
bar tipo Starbucks en el que agoto la divisa que me queda, me pillo
un buen frappé y una tarta de queso que me reservo para el vuelo y
que acabaré comiéndome en un hotel de Dubai…
En los últimos días
he tanteado la posibilidad de que no pueda coger a tiempo mi conexión
en Dubai hacia Madrid, de hecho, previsora, meto en mi mochila el
pijama y una muda por si la maleta se queda en Dubai, pero
contando con que yo puedo correr y llegar a tiempo de mi vuelo y que
mi maleta a lo mejor llegue después de mi a Madrid. Cuando el vuelo lleva ya
media hora de retraso en la salida desde Colombo empiezo a temerme lo peor, pues mis cuentas empiezan a
fallar, con una conexión de apenas media hora en un aeropuerto como
Dubai mal asunto…al final salimos con una hora de retraso que no
conseguimos recuperar…así cuando estamos llegando veo que mi vuelo
aparece en pantalla sin puerta y un mensaje diciendo que contacte con
el personal de tierra…ahora ya se que daba igual que hiciese. Total
que salgo corriendo del avión y una azafata me espera con el
consabido cartelito de Madrid y cuando me acerco me dice que espere
ahí. Media hora después esperando y en la que se acumula mucha más
gente que van a otros destinos soy consciente de que el vuelo no lo
pillo fijo, y efectivamente, me viene una señorita diciendo que aquí
tengo mi bono para el hotel esa noche y mi nueva tarjeta de embarque
¡24 horas después!.
No se muy bien que me
da en ese momento pero me pongo a llorar como una magdalena, tengo
organizada la vuelta a Madrid y Murcia a conciencia, un hotel en
Madrid, un vuelo tirado de precio desde Madrid a Murcia, pasar el día
con mis sobrinos…la pobre al verme así me dice que si tengo alguna
queja que vaya al mostrador de transfers a quejarme. Así que ahí
llego yo, roja como un tomate de la panzada de llorar que me he dado
y medio llorando y les digo que bajo ningún concepto voy a esperar
24 horas para volar y que quiero plaza en el siguiente vuelo, que ya me
han hecho la putada de mi vida y me han hecho perder dinero, el tío
que me atiende me dice que el vuelo está lleno y yo le digo que eso
no es mi problema y que se busque la vida. Entonces el caballero hace
un par de llamadas y lo escucho teclear en la pantalla y se que me
van a dar plaza al final, y efectivamente, me cambia el billete y me
pone en el vuelo siguiente que es a las 7 de la mañana del día
siguiente, no me soluciona el problema porque el vuelo de Madrid a
Murcia lo pierdo pero al menos me da tiempo a llegar a casa a dormir
el sábado.
El hotel, aunque un 4
estrellas, no es nada del otro mundo. La habitación decente y muy
helada, ya que, típico de Dubai, tienen el aire acondicionado a
tope. Para que os hagáis una idea, lo apagué y todavía tuve que
echarme la colcha para dormir de lo fría que estaba. La comida
pasable y tener que pagar por el wifi y tener solo derecho a una
llamada gratuita internacional de 3 minutos, surrealista, ¿qué se
supone que voy a cancelar yo en 3 minutos?. Además el detalle de
tener que pelearme con la recepcionista de Emirates para que me
diesen desayuno al día siguiente…bochornoso.
Al final ni salí del
hotel, la verdad es que la ciudad ya la conozco, y no estaba por la
labor de gastar más pasta, así que, sabiamente, me quedé a
relajarme en mi habitación y acostarme muy temprano.
En fin, que a la
vuelta, por supuesto reclamé, y aunque dinero no me han dado, me
regalaron 15.000 millas que me dan para un par de vuelos gratis a
Londres con Easyjet. Menos da una piedra.
El día de marras, a
eso de las 4 ya estaba en pie, al final conseguí que me diesen
desayuno que lo aproveché en 10 minutos escasos para irme al
aeropuerto pitando. Recuerdo salir a la puerta y hacer un bochorno
tremendo a las 6 de la mañana que no presagiaba nada bueno. Tras 45
minutos en la cola para pasar el control de pasaportes (en esto
siguen siendo lentos de cojones) por fin paso a la zona de salidas,
como mi maleta se la quedaron el día anterior pues no me tengo que
preocupar de volver a facturar ni nada.
Cuando subo al avión y
veo el asiento que me ha tocado (sabía por la letra que era de los 4
asientos de en medio uno de los 2 centrales, pero claro, como para
quejarme estaba la cosa) casi doy saltos de alegría, resulta que me
ha tocado en los 4 asientos de las filas reservadas para familias,
con lo que tengo enfrente una de las paredes del avión y por tanto
sitio de sobra para estirar las piernas. A mi lado se sienta una
señora de Burgos con su bebé de año y poco que vienen de
Australia, y una pareja de Sevilla con su bebé de 2 años que vienen
de Indonesia, aunque el marido finalmente se tiene que sentar atrás
porque resulta que en su asiento hay una señora que sale de la nada,
y el marido encantado porque así puede ver pelis. Menos mal que los
niños son bastante buenos y apenas dan guerra, ahora, el de 2 años
se dedica a pasearse por su antojo por toda la cabina y varias veces
viene una de las azafatas de 1ª clase con él porque se ha colado,
jajajaja! No sabe nada el tío.
La verdad es que las 7
horas de vuelo se me pasan casi volando de chachara las 3 con los
niños a su bola, y parecemos 3 amigas que venimos de vacaciones
juntas, hasta tal punto que una de las azafatas, argentina, nos hace
unas fotos con una Polaroid que usan para hacer fotos a los niños
(yo esto no lo sabía) y me la hace hasta a mi y se queda loca cuando
le decimos que nos hemos conocido en el vuelo, jajaja! Según ella
parece como si nos conociéramos hace años. Muy bueno. Al final
resulta que el cambio de vuelo, al menos en ese sentido, me ha
beneficiado.
Llegamos a Madrid y de
ahí me voy con la pareja de Sevilla a Atocha en el bus directo ya
que ellos tienen que coger el AVE y yo el tren a Murcia que mi
hermana me reservó el día anterior. Intercambio de teléfonos y
para el tren.
En el tren me toca una
señora que viene de pasar unos días fuera y con la que acabo
hablando también todo el viaje y menos mal, porque si me duermo me
despiertan cuando llegue a Cartagena porque ya mi cuerpo no da para
más.
Llego por fin a Murcia
a eso de las 9 de la noche y mi hermana junto con mi sobrina me
esperan para entregarme mi coche, ese que iba a recoger esa mañana
en el aeropuerto de San Javier...y por fin casita y mi camita, cuando
a eso de las 12 me meto en la cama no me lo creo ni yo…y con esto
fin del viaje. Así hasta el próximo que ya está organizado,
jejeje!
Anexo: Se ve que dentro
de la racha que llevo con el tema de los aviones desde el vuelo
americano, en el fondo tengo mucha suerte. Lo que supe el martes
después de volver, cuando llevaba 2 días en la oficina, es que el
aeropuerto de Dubai cerró a eso de las doce de la mañana del sábado
que yo volé a eso de las 7 de la mañana porque había una tormenta
salvaje, lo que significa que si me hubiera conformado con el billete
que me dieron para 24 horas después hubiera tenido que quedarme en
Dubai hasta Dios sabe cuando…lo dicho, que encima puedo dar gracias
por la suerte que tuve.
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