La ruta:
Colombo-Galle y Unawatuna-Mirissa y Uda Walawe Nacional
Park-Ella-Nuwara Elya-Kandy-Dambulla y
Polonnaruwa-Sigiriya-Anudharapura-Colombo
Presupuesto gastado entre avión y resto de viaje: unos 2000€
con vuelos desde Madrid a Colombo con Emirates.
Hoteles: en la última entrada haré una recopilación de todos
los links por si alguien e anima a visitar la isla.
El viaje empieza con una paliza de bus a Madrid y varias
horas en el aeropuerto de Barajas. Llegamos a Dubai de madrugada, hora local, y
me da tiempo a ver como amanece antes de volar a Colombo pasando por las Islas
Maldivas, ya que el avión hace una escala en Malé para dejar gente y recoger a
unos pocos pasajeros. He de decir que ver las islas desde el aire mientras
descendíamos fue una de las vistas más impresionantes que haya visto nunca...de
hecho, aunque no soy especialmente playera y por tanto aficionada a destinos
playeros, aquí si me gustaría ir en algún momento de mi vida.
Y por fin llegamos a Colombo, la entrada y control de pasaporte
bastante ágil también, entre otras cosas porque ya llevaba la autorización
electrónica de viaje sacada desde España, aunque se agradece que no haya mucho
lío en el aeropuerto. Tengo contratado un taxi privado a través del hotel que
hemos reservado para la ida y la vuelta en Colombo, ya que la primera y la
última noche del viaje la pasamos allí, Jessica ya lleva ahí desde la noche
anterior.Lo primero, y tal como me temía, el golpe de calor y humedad conforme sales de la terminal, sofocón de calor que prácticamente no nos va a abandonar en todo el viaje salvo en Nuwara Elya. Estamos hablando de una humedad que ronda el 90% algo a lo que es muy difícil acostumbrarse, así que se presentan 3 semanas duras en ese aspecto.
Yo llego sobre las 8.30 al hotel y Jessica me está esperando
para ir a cenar, así que nos vamos a uno de los restaurantes que recomienda su
guía, y para empezar pedimos una barbaridad de comida, por la que pagamos unos
30€ las dos. Acostumbrarse a la moneda local, la rupia, es otra de las cosas
que nos cuesta al principio hasta que descubro que la paridad es casi exacta
con la antigua peseta por lo que durante 3 semanas volveré a pensar en pesetas.
Hemos decidido pasar en Colombo el tiempo estrictamente
necesario, por lo que tras un sueño reparador debajo del consabido aire
acondicionado (imposible apagarlo sin morir en el intento) al día siguiente
hacemos una exploración rápida ya que Jessica aprovechó las horas que yo no
estaba allí para visitar varios sitios por lo que rápidamente me ilustra con lo
básico de la ciudad, damos un paseo por la zona de playa y vamos a la estación
principal de tren para ver los horarios del tren a Galle y comprar el billete
para coger el tren al mediodía de ese mismo día. En la estación ya vemos claro
2 cosas, una que los billetes de tren están tirados y por tirados quiero decir
pagar sobre 0,7€ por un trayecto de 4 horas en un vagón de 2ª clase y otra que
si pueden inflarte precios y sacar comisión por algún lado no dudan, tal y como
vimos en la oficina de turismo donde pretendían vendernos un chofer privado con
hoteles en la zona de las ciudades antiguas por unos 130€ cada una. Menos mal
que dijimos que no.
En cualquier caso tengo que decir que de los países
asiáticos en los que he estado hasta la fecha es el más caro en general, con la
excepción del transporte público, extremadamente barato. Los hoteles en general
bastante caros, pagando una media de 15-20€ por noche cuando en otros países de
la zona puedes pagar unos 5-10$. Con la comida encontramos de todo, pero
nuestra media rondaba los 3-4€ por persona y lo mismo, pagando en otros países alrededor
de 1€ por persona. Y luego están los locales intentando venderte cualquier cosa
con tal de sacarte dinero, al principio eres amable pero llega un momento en
que llegas a ser borde y todo como nos pasó con un tío que se nos colgó en la
estación de autobuses de Kandy y que nos llegó a decir que éramos lesbianas
cuando le dijimos que nos dejará en paz varias veces…La gente suele ser amable
en general y te suele mirar con mucha curiosidad pues no suelen estar
acostumbrados a los extranjeros, sobre todo los niños, además casi todo el
mundo habla un inglés más o menos fluido, y luego, y sin ánimo de desalentar a
nadie que quiera ir, las mujeres atraen mucha atención, ya la guía del Lonely
Planet lo avisa, pero creo que en ninguno de los viajes en los que haya estado
me he sentido tan observada como aquí, y da igual que vayas tapada, sigues
sintiendo como te repasan en general, así que durante el viaje no dejábamos de
repetir que menos mal que habíamos viajado juntas. Problemas de seguridad no
tuvimos ninguno, pero es una sensación poco confortable y por lo que parece ser
el que vayas con un hombre tampoco hace mucha diferencia.
Y añado un inciso más, en casi todos los hoteles y muchos
restaurantes tienen wifi gratis, así que la conexión desde el móvil está más
que garantizada.
Hecho estos incisos seguimos.
Corriendo volvemos al hotel a coger las maletas y para la
estación de tren más grande del país. Coger el tren se convierte en toda una
odisea con un anden repleto de gente, cargadas de maletas y sin fiarte del todo
de la gente que te he dicho que ese es el tren correcto, con el añadido de que
debes de subir al vagón correcto de primeras para evitar andar por los pasillos
del tren sin espacio y chocando con todo quisqui. Al final acabamos acopladas
en un rincón de pie con las maletas durante las 4 horas de trayecto. Jessica me
decía que cuando vio el andén no pensaba que fuésemos a conseguir subir al
tren.
Nuestra primera parada en Galle, antigua ciudad colonizada
por holandeses con un fuerte que se conserva bastante intacto y una parte
antigua que se conserva también muy bien y con ese aspecto señorial-colonial
que una se espera de estos sitios. La parte “nueva” de la ciudad es un punto y
aparte. Hemos reservado en un hotel muy mono en el casco histórico de la
ciudad, el hotel está inmaculado, creo que el más limpio de todos los que
visitamos y como vemos en Colombo, sólo trabajan hombres, algo que salvo muy
raras excepciones, veremos en el resto de los hoteles.
En Galle, pasamos 2 días, explorando la ciudad y alrededores
y visitamos Unawatuna, donde hacemos un curso de comida srilanquesa con la
amabilísima Karuna y que empieza con una visita al mercado central de Galle
para comprar las materias primas que habremos de usar. Unawatuna es uno de los
destinos de playa de los turistas en el país y una de las zonas más castigadas
por el tsunami de 2004, según nos contó Karuna, vio como el agua entraba tierra
adentro y se pudo salvar ya que su casa es sólida y con 2 pisos pero casi toda
la zona quedo destrozada. Galle, a solo 4 kms quedó protegida gracias al fuerte
que la rodea. A día de hoy ya no quedan restos del desastre.
De la comida srilanquesa tengo que decir que es
extremadamente picante para nuestro paladar, prácticamente casi todo lo que
comes es picante de una forma u otra por lo que a veces es difícil saber si
está bueno. En muchos hoteles se sirve un “buffet” que consiste en un plato de
arroz, y muchos mini platillos con distintas verduras cocinadas de forma
distintas, pero todas invariablemente picantes de un modo u otro y un plato de
carne o pescado en función de lo que hayas elegido. También está el “roti” una
especie de pan de pita, que viene de la India y que suele estar muy bueno y no
pica por si solo, con su variante de “kothu roti” en la que sofríen el roti a tiras junto con verduras, carne o pescado y huevo,
y que es fácilmente identificable por el ruido de “chop-chop” mientras lo
parten y cocinan y que fue, sin duda, lo que más me gustó de la cocina
ceilanesa (especial mención merece el roti “wrap” con carne y queso y sin
picante que me comí en Colombo el último día y que estaba extraordinario).
También me tiré todo el viaje detrás de probar los “egg hoppers” y fue
imposible, solo conseguí probar los hoppers (una especie de crepe ceilanés) y
los string hoppers (unos fideos de arroz muy finitos muy típicos del desayuno
tradicional ceilanés que servían previo encargo en muchos hoteles).
De Galle volvimos a coger el tren que va por toda la costa
para llegar a Mirissa, zona de playa muy típica también, a donde también llegó
el tsunami y de obligada visita para ir a ver ballenas que era el único interés
que teníamos, la verdad, por lo que solo hicimos una noche. Al llegar nos cayó
un chaparrón considerable que resulta que luego nos ayudó al día siguiente para
ver ballenas ya que según nos explicaron, al llover sale más plactón y las
ballenas van en “Masa” para comer y más cerca de la costa.
Así que día de marras nos pegamos un madrugón tremendo y
pudimos ver la salida del sol como regalo desde un entorno precioso. Nos
esperaba además un día muy completo ya que teníamos contratado un taxi privado
que nos recogería en el hotel de Mirissa a las 12 de la mañana para llevarnos a
Ella, a unas 2 horas en coche y sin transporte directo desde Mirisa pasando por
el parque nacional de Uda Walawe en el que íbamos a ver elefantes en libertad y
por el que pagamos la parte más cara del viaje pero, la verdad, fue un dinero muy
bien pagado como luego veríamos.
Total que a eso de las 6 y poco de la mañana estábamos
saliendo del pequeño puerto de Mirissa en busca de las ballenas, elegimos una
compañía que se llama “Raja and the Whales” que viene recomendada en mi guía como una de las pocas “eco-friendly” y que
respetan a las ballenas y su espacio vital ya que la gran mayoría de las
compañías, aunque más económicas, se dedican a perseguir a los pobres animales
como bien pudimos comprobar. Esto si me pareció muy barato, ya que pagamos unos 30€ y
nos daban un pequeño desayuno, como referencia en Kaikoura, Nueva Zelanda
cobran unos 80€ por una excursión parecida y en Islandia sale por unos 60€.
Para mi desgracia yo la aproveché más bien poco, ya que
conforme me hicieron ponerme el chaleco salvavidas me empecé a marear y acabé
gran parte del viaje tumbada intentando dormirme para que se me pasara el
mareo, así que atiné a ver la primera ballena, me levanté, me agarré a la borda
y uno de los miembros de la tripulación agarró mi cámara para hacer fotos
porque yo era incapaz de fijar la vista con ella y llegué a ver la segunda
ballena que avistamos pero desde mi posición recostada, porque a esa ya ni le
hice fotos, vimos una tercera ballena a la que no le hice ni puñetero caso…que
mal lo pasé, ni biodramina ni nada, y eso que el mar estaba bastante en
calma…está visto que en los últimos años lo de los barcos lo llevo de pena.
Desde allí, nos volvimos dando un agradable paseo al hotel,
que me vino genial, y desayunamos de nuevo en el hotel con unas vistas
fantásticas de la playa e hicimos tiempo hasta que a las 12 de la mañana nos
vinieron a buscar. Nos tocó un chofer majísimo que vino con una furgoneta para
las dos solas y, si señor, con aire acondicionado que agradecimos eternamente.
A eso de las 3 llegamos a la entrada del parque nacional y allí cambiamos a un
camión preparado para hacer un safari de 3 horas con un guía local que nos iba
explicando la flora y fauna de la zona. Se ve que la suerte estaba de nuestro
lado ese día porque nada más entrar al parque ya vimos al primer grupo de
elefantes y no paramos de ver gran parte del viaje, llegamos a estar realmente
cerca de ellos, y uno nos dio un susto cuando echó a correr gritando, jajaja!
Madre mía, el corazón a mil por hora en un segundo se nos puso. Fuimos las
últimas en salir del parque ya que nuestro guía se encargó de cerrar la verja
de entrada para evitar que los elefantes molesten a los vecinos de la zona por
la noche.
Desde allí, unas 2 horas más de viaje a Ella, “ciudad” entre
montañas y posiblemente la parte más bonita de todo el viaje. Menos mal que
llevábamos nuestro transporte privado, si no hacer lo que hicimos en un solo
día hubiera sido imposible, así que fue un dinero muy bien empleado.
En el hotel hemos reservado la habitación más cara y por
ende la que tiene mejor vistas, estamos en la parte de atrás de una de las
montañas que rodea el pueblo de Ella, tenemos un balcón para nosotras solas y
una habitación con dos camas tamaño “queen” así que, dormimos como unas reinas.
El primer día nos damos una vuelta por el pueblo y descubrimos un bar con mucho
estilo hippy-bohemio y un restaurante especializado en roti donde vamos a
cenar. Visitamos la estación de tren (realmente sacada de una película
colonial) para comprar el siguiente billete y conseguimos plaza en el popular
“vagón observatorio” por el módico precio de 5 euros. Además vemos nuestras
primeras plantaciones de té. Jessica está especialmente encantada, ya que, como
buena inglesa, adora el té, a mi sin embargo el té apenas me gusta, jajajaja!
En cualquier caso es curioso ver las plantaciones y a los primeros trabajadores
recolectando. La zona del interior-mitad de la isla es la zona donde se
concentran prácticamente todas las plantaciones de té de la isla, gracias a que
la temperatura es bastante distinta del resto de la isla.
Nuestro segundo día en Ella coincide con el cumpleaños de
Jessica y en el hotel, a petición mía, le han preparado una sorpresa y nos
decoran la mesa (en realidad lo hacen el día anterior y se equivocan así que
repiten al día siguiente) y casi cuando nos vamos a ir a por el tren aparecen
con una tarta de la que damos suculenta cuenta.
El vagón observatorio resulta ser un vagón viejo, con ventiladores
en el techo, con un cristal enorme al final del vagón muy práctico para los que
han conseguido plaza justo delante y unas ventanas más o menos grandes y sin
espacio para las maletas así que nos vamos turnando Jessica y yo para poder
sentarnos en el asiento que queda libre junto a las maletas. En una de las
estaciones tenemos que hacer una parada de más de media hora para esperar que
venga el tren que viene en sentido contrario y un chico srilanqués se pone a
hablar conmigo y a hacerme fotos, resulta que ha estado hablando con Jessica
antes y también le ha hecho fotos a ella. También conozco a un indio canadiense
con el tengo una fascinante conversación de Canadá.
Este trayecto de tren entre Ella y Nanu Oya (la estación más
cercana a Nuwara Elya) es parte de la ruta más bonita de todo el país, con unos
paisajes espectaculares entre montañas, valles, pueblos y plantaciones de té,
no puedes dejar de mirar y hacer fotos. Uno de los pasatiempos de la gente es
colgarse de las puertas abiertas para poder disfrutar del aire fresco y,
supongo, ver los paisajes.
En un momento dado empieza a caer un chaparrón tremendo y
con ese chaparrón llegamos a Nanu Oya. Esperamos un buen rato al chofer que se
supone que nos tiene que recoger para llevarnos al backpacker que hemos
reservado y al final resulta que el pobre estaba aparcado pero no salía por la
lluvia. Nos espera Nuwara Elya, también conocida como "la pequeña Inglaterra", título más que merecido...

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