domingo, 1 de septiembre de 2013

Sri Lanka: A land like no other (Part I)


La ruta:

Colombo-Galle y Unawatuna-Mirissa y Uda Walawe Nacional Park-Ella-Nuwara Elya-Kandy-Dambulla y Polonnaruwa-Sigiriya-Anudharapura-Colombo



Presupuesto gastado entre avión y resto de viaje: unos 2000€ con vuelos desde Madrid a Colombo con Emirates.



Hoteles: en la última entrada haré una recopilación de todos los links por si alguien e anima a visitar la isla.




El viaje empieza con una paliza de bus a Madrid y varias horas en el aeropuerto de Barajas. Llegamos a Dubai de madrugada, hora local, y me da tiempo a ver como amanece antes de volar a Colombo pasando por las Islas Maldivas, ya que el avión hace una escala en Malé para dejar gente y recoger a unos pocos pasajeros. He de decir que ver las islas desde el aire mientras descendíamos fue una de las vistas más impresionantes que haya visto nunca...de hecho, aunque no soy especialmente playera y por tanto aficionada a destinos playeros, aquí si me gustaría ir en algún momento de mi vida.



Y por fin llegamos a Colombo, la entrada y control de pasaporte bastante ágil también, entre otras cosas porque ya llevaba la autorización electrónica de viaje sacada desde España, aunque se agradece que no haya mucho lío en el aeropuerto. Tengo contratado un taxi privado a través del hotel que hemos reservado para la ida y la vuelta en Colombo, ya que la primera y la última noche del viaje la pasamos allí, Jessica ya lleva ahí desde la noche anterior.
Lo primero, y tal como me temía, el golpe de calor y humedad conforme sales de la terminal, sofocón de calor que prácticamente no nos va a abandonar en todo el viaje salvo en Nuwara Elya. Estamos hablando de una humedad que ronda el 90% algo a lo que es muy difícil acostumbrarse, así que se presentan 3 semanas duras en ese aspecto.



Yo llego sobre las 8.30 al hotel y Jessica me está esperando para ir a cenar, así que nos vamos a uno de los restaurantes que recomienda su guía, y para empezar pedimos una barbaridad de comida, por la que pagamos unos 30€ las dos. Acostumbrarse a la moneda local, la rupia, es otra de las cosas que nos cuesta al principio hasta que descubro que la paridad es casi exacta con la antigua peseta por lo que durante 3 semanas volveré a pensar en pesetas.



Hemos decidido pasar en Colombo el tiempo estrictamente necesario, por lo que tras un sueño reparador debajo del consabido aire acondicionado (imposible apagarlo sin morir en el intento) al día siguiente hacemos una exploración rápida ya que Jessica aprovechó las horas que yo no estaba allí para visitar varios sitios por lo que rápidamente me ilustra con lo básico de la ciudad, damos un paseo por la zona de playa y vamos a la estación principal de tren para ver los horarios del tren a Galle y comprar el billete para coger el tren al mediodía de ese mismo día. En la estación ya vemos claro 2 cosas, una que los billetes de tren están tirados y por tirados quiero decir pagar sobre 0,7€ por un trayecto de 4 horas en un vagón de 2ª clase y otra que si pueden inflarte precios y sacar comisión por algún lado no dudan, tal y como vimos en la oficina de turismo donde pretendían vendernos un chofer privado con hoteles en la zona de las ciudades antiguas por unos 130€ cada una. Menos mal que dijimos que no.



En cualquier caso tengo que decir que de los países asiáticos en los que he estado hasta la fecha es el más caro en general, con la excepción del transporte público, extremadamente barato. Los hoteles en general bastante caros, pagando una media de 15-20€ por noche cuando en otros países de la zona puedes pagar unos 5-10$. Con la comida encontramos de todo, pero nuestra media rondaba los 3-4€ por persona y lo mismo, pagando en otros países alrededor de 1€ por persona. Y luego están los locales intentando venderte cualquier cosa con tal de sacarte dinero, al principio eres amable pero llega un momento en que llegas a ser borde y todo como nos pasó con un tío que se nos colgó en la estación de autobuses de Kandy y que nos llegó a decir que éramos lesbianas cuando le dijimos que nos dejará en paz varias veces…La gente suele ser amable en general y te suele mirar con mucha curiosidad pues no suelen estar acostumbrados a los extranjeros, sobre todo los niños, además casi todo el mundo habla un inglés más o menos fluido, y luego, y sin ánimo de desalentar a nadie que quiera ir, las mujeres atraen mucha atención, ya la guía del Lonely Planet lo avisa, pero creo que en ninguno de los viajes en los que haya estado me he sentido tan observada como aquí, y da igual que vayas tapada, sigues sintiendo como te repasan en general, así que durante el viaje no dejábamos de repetir que menos mal que habíamos viajado juntas. Problemas de seguridad no tuvimos ninguno, pero es una sensación poco confortable y por lo que parece ser el que vayas con un hombre tampoco hace mucha diferencia.



Y añado un inciso más, en casi todos los hoteles y muchos restaurantes tienen wifi gratis, así que la conexión desde el móvil está más que garantizada.



Hecho estos incisos seguimos.



Corriendo volvemos al hotel a coger las maletas y para la estación de tren más grande del país. Coger el tren se convierte en toda una odisea con un anden repleto de gente, cargadas de maletas y sin fiarte del todo de la gente que te he dicho que ese es el tren correcto, con el añadido de que debes de subir al vagón correcto de primeras para evitar andar por los pasillos del tren sin espacio y chocando con todo quisqui. Al final acabamos acopladas en un rincón de pie con las maletas durante las 4 horas de trayecto. Jessica me decía que cuando vio el andén no pensaba que fuésemos a conseguir subir al tren.



Nuestra primera parada en Galle, antigua ciudad colonizada por holandeses con un fuerte que se conserva bastante intacto y una parte antigua que se conserva también muy bien y con ese aspecto señorial-colonial que una se espera de estos sitios. La parte “nueva” de la ciudad es un punto y aparte. Hemos reservado en un hotel muy mono en el casco histórico de la ciudad, el hotel está inmaculado, creo que el más limpio de todos los que visitamos y como vemos en Colombo, sólo trabajan hombres, algo que salvo muy raras excepciones, veremos en el resto de los hoteles.



En Galle, pasamos 2 días, explorando la ciudad y alrededores y visitamos Unawatuna, donde hacemos un curso de comida srilanquesa con la amabilísima Karuna y que empieza con una visita al mercado central de Galle para comprar las materias primas que habremos de usar. Unawatuna es uno de los destinos de playa de los turistas en el país y una de las zonas más castigadas por el tsunami de 2004, según nos contó Karuna, vio como el agua entraba tierra adentro y se pudo salvar ya que su casa es sólida y con 2 pisos pero casi toda la zona quedo destrozada. Galle, a solo 4 kms quedó protegida gracias al fuerte que la rodea. A día de hoy ya no quedan restos del desastre.



De la comida srilanquesa tengo que decir que es extremadamente picante para nuestro paladar, prácticamente casi todo lo que comes es picante de una forma u otra por lo que a veces es difícil saber si está bueno. En muchos hoteles se sirve un “buffet” que consiste en un plato de arroz, y muchos mini platillos con distintas verduras cocinadas de forma distintas, pero todas invariablemente picantes de un modo u otro y un plato de carne o pescado en función de lo que hayas elegido. También está el “roti” una especie de pan de pita, que viene de la India y que suele estar muy bueno y no pica por si solo, con su variante de “kothu roti” en la que sofríen el roti a tiras junto con verduras, carne o pescado y huevo, y que es fácilmente identificable por el ruido de “chop-chop” mientras lo parten y cocinan y que fue, sin duda, lo que más me gustó de la cocina ceilanesa (especial mención merece el roti “wrap” con carne y queso y sin picante que me comí en Colombo el último día y que estaba extraordinario). También me tiré todo el viaje detrás de probar los “egg hoppers” y fue imposible, solo conseguí probar los hoppers (una especie de crepe ceilanés) y los string hoppers (unos fideos de arroz muy finitos muy típicos del desayuno tradicional ceilanés que servían previo encargo en muchos hoteles).   



De Galle volvimos a coger el tren que va por toda la costa para llegar a Mirissa, zona de playa muy típica también, a donde también llegó el tsunami y de obligada visita para ir a ver ballenas que era el único interés que teníamos, la verdad, por lo que solo hicimos una noche. Al llegar nos cayó un chaparrón considerable que resulta que luego nos ayudó al día siguiente para ver ballenas ya que según nos explicaron, al llover sale más plactón y las ballenas van en “Masa” para comer y más cerca de la costa.



Así que día de marras nos pegamos un madrugón tremendo y pudimos ver la salida del sol como regalo desde un entorno precioso. Nos esperaba además un día muy completo ya que teníamos contratado un taxi privado que nos recogería en el hotel de Mirissa a las 12 de la mañana para llevarnos a Ella, a unas 2 horas en coche y sin transporte directo desde Mirisa pasando por el parque nacional de Uda Walawe en el que íbamos a ver elefantes en libertad y por el que pagamos la parte más cara del viaje pero, la verdad, fue un dinero muy bien pagado como luego veríamos.



Total que a eso de las 6 y poco de la mañana estábamos saliendo del pequeño puerto de Mirissa en busca de las ballenas, elegimos una compañía que se llama “Raja and the Whales” que viene recomendada en mi guía como una de las pocas “eco-friendly” y que respetan a las ballenas y su espacio vital ya que la gran mayoría de las compañías, aunque más económicas, se dedican a perseguir a los pobres animales como bien pudimos comprobar. Esto si me pareció muy barato, ya que pagamos unos 30€ y nos daban un pequeño desayuno, como referencia en Kaikoura, Nueva Zelanda cobran unos 80€ por una excursión parecida y en Islandia sale por unos 60€.



Para mi desgracia yo la aproveché más bien poco, ya que conforme me hicieron ponerme el chaleco salvavidas me empecé a marear y acabé gran parte del viaje tumbada intentando dormirme para que se me pasara el mareo, así que atiné a ver la primera ballena, me levanté, me agarré a la borda y uno de los miembros de la tripulación agarró mi cámara para hacer fotos porque yo era incapaz de fijar la vista con ella y llegué a ver la segunda ballena que avistamos pero desde mi posición recostada, porque a esa ya ni le hice fotos, vimos una tercera ballena a la que no le hice ni puñetero caso…que mal lo pasé, ni biodramina ni nada, y eso que el mar estaba bastante en calma…está visto que en los últimos años lo de los barcos lo llevo de pena.



Desde allí, nos volvimos dando un agradable paseo al hotel, que me vino genial, y desayunamos de nuevo en el hotel con unas vistas fantásticas de la playa e hicimos tiempo hasta que a las 12 de la mañana nos vinieron a buscar. Nos tocó un chofer majísimo que vino con una furgoneta para las dos solas y, si señor, con aire acondicionado que agradecimos eternamente. A eso de las 3 llegamos a la entrada del parque nacional y allí cambiamos a un camión preparado para hacer un safari de 3 horas con un guía local que nos iba explicando la flora y fauna de la zona. Se ve que la suerte estaba de nuestro lado ese día porque nada más entrar al parque ya vimos al primer grupo de elefantes y no paramos de ver gran parte del viaje, llegamos a estar realmente cerca de ellos, y uno nos dio un susto cuando echó a correr gritando, jajaja! Madre mía, el corazón a mil por hora en un segundo se nos puso. Fuimos las últimas en salir del parque ya que nuestro guía se encargó de cerrar la verja de entrada para evitar que los elefantes molesten a los vecinos de la zona por la noche.



Desde allí, unas 2 horas más de viaje a Ella, “ciudad” entre montañas y posiblemente la parte más bonita de todo el viaje. Menos mal que llevábamos nuestro transporte privado, si no hacer lo que hicimos en un solo día hubiera sido imposible, así que fue un dinero muy bien empleado.



En el hotel hemos reservado la habitación más cara y por ende la que tiene mejor vistas, estamos en la parte de atrás de una de las montañas que rodea el pueblo de Ella, tenemos un balcón para nosotras solas y una habitación con dos camas tamaño “queen” así que, dormimos como unas reinas. El primer día nos damos una vuelta por el pueblo y descubrimos un bar con mucho estilo hippy-bohemio y un restaurante especializado en roti donde vamos a cenar. Visitamos la estación de tren (realmente sacada de una película colonial) para comprar el siguiente billete y conseguimos plaza en el popular “vagón observatorio” por el módico precio de 5 euros. Además vemos nuestras primeras plantaciones de té. Jessica está especialmente encantada, ya que, como buena inglesa, adora el té, a mi sin embargo el té apenas me gusta, jajajaja! En cualquier caso es curioso ver las plantaciones y a los primeros trabajadores recolectando. La zona del interior-mitad de la isla es la zona donde se concentran prácticamente todas las plantaciones de té de la isla, gracias a que la temperatura es bastante distinta del resto de la isla.



Nuestro segundo día en Ella coincide con el cumpleaños de Jessica y en el hotel, a petición mía, le han preparado una sorpresa y nos decoran la mesa (en realidad lo hacen el día anterior y se equivocan así que repiten al día siguiente) y casi cuando nos vamos a ir a por el tren aparecen con una tarta de la que damos suculenta cuenta.



El vagón observatorio resulta ser un vagón viejo, con ventiladores en el techo, con un cristal enorme al final del vagón muy práctico para los que han conseguido plaza justo delante y unas ventanas más o menos grandes y sin espacio para las maletas así que nos vamos turnando Jessica y yo para poder sentarnos en el asiento que queda libre junto a las maletas. En una de las estaciones tenemos que hacer una parada de más de media hora para esperar que venga el tren que viene en sentido contrario y un chico srilanqués se pone a hablar conmigo y a hacerme fotos, resulta que ha estado hablando con Jessica antes y también le ha hecho fotos a ella. También conozco a un indio canadiense con el tengo una fascinante conversación de Canadá.



Este trayecto de tren entre Ella y Nanu Oya (la estación más cercana a Nuwara Elya) es parte de la ruta más bonita de todo el país, con unos paisajes espectaculares entre montañas, valles, pueblos y plantaciones de té, no puedes dejar de mirar y hacer fotos. Uno de los pasatiempos de la gente es colgarse de las puertas abiertas para poder disfrutar del aire fresco y, supongo, ver los paisajes.


En un momento dado empieza a caer un chaparrón tremendo y con ese chaparrón llegamos a Nanu Oya. Esperamos un buen rato al chofer que se supone que nos tiene que recoger para llevarnos al backpacker que hemos reservado y al final resulta que el pobre estaba aparcado pero no salía por la lluvia. Nos espera Nuwara Elya, también conocida como "la pequeña Inglaterra", título más que merecido...




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